Agotando Saint Sulpice

10.12.2015 10:56

George Perec, el inimitable escritor nacido en Paris, en su esfuerzo por describir las cosas que no vale la pena contar, lo que ocurre cuando no ocurre nada, trató de censar y enumerar cuanto existía o pasaba o sucedía en la plaza de Saint Sulpice. Todo ello acabó plasmado en la publicación, en 1975, de Tentativa de agotamiento de un lugar parisino.

Perec ideó el proyecto de plasmar algunos parajes de la capital gala a lo largo del tiempo para mostrar, no solamente su evolución, sino también como se modifica nuestra percepción de los recuerdos en la memoria, era la Tentative de description de quelques lieux parisins, o simplemente Lieux. En su manera de planificar metódicamente un proyecto planeó visitar doce lugares, liés à de souvenirs, à des événements ou à des moments importants de mon existence,  (unidos a recuerdos, sucesos o momentos importantes de mi existencia) de los que haría dos descripciones. La primera con la forma de un trabajo de campo sobre el terreno anotando detalles, escenas, gentes… La segunda descripción la realizaría de memoria con el propósito de constatar la diferencia entre la percepción de la realidad y las impresiones en forma de recuerdos. Este esquema debería repetirse durante una docena de años, entre 1969 y 1981, generando en total 288 textos. En la obra autobiográfica Je suis né reconocería que n’ai pas une idée très claire du résultat, mais je pense qu’on y verra tout à la fois le vieillissement des lieux, le vieillissement de mon écriture, le vieillissement de mon souvenirs: le temps retrouvé se confond avec le temps perdu. (No tengo una idea muy clara del resultado, pero creo que vamos a ver a la vez el  envejecimiento de los lugares, el envejecimiento de mi escritura, el envejecimiento de mis recuerdos: el tiempo reencontrado se confunde con el tiempo perdido.) Sin embargo en 1975 ya había abandonado el proyecto. Este se limitó a los textos publicados, tras su muerte, en el libro L’Infra-ordinaire, donde recoge las visitas que hizo a la rue Vilin, en el barrio de Belleville, entre 1969 y 1975. Es en ese periodo, en 1974, cuando toma las notas de la plaza de Saint Sulpice. Redunda en la concepción de la idea en el prólogo de L’Infra-ordinaire y lo anticipa en un fragmento de Un homme qui dort, de 1967: De la terrasse d’un café, asis en face d’un demi de bière ou d’un café noir, tu regardes la rue. Des voitures particulières, des taxis, des camionnettes, des autobus, des motocyclettes, des vélomoteurs passent, en groupes compacts que de rares et brèves accalmies séparent: les reflets lointains des feux qui règlent la circulation… (Desde la terraza de una cafetería, sentado enfrente de una caña de cerveza o de un café solo, miras la calle. Los coches, los taxis, las camionetas, los autobuses, las motocicletas que pasan en grupos compactos que separan raros y breves instantes de calma: los reflejos lejanos de los semáforos que regulan la circulación…)

Perec se centra particularmente en las cosas y sucesos anodinos, en la vida en sus aspectos más cotidianos y, a causa de su naturalidad, imperceptibles. Insiste en aquello que pasa cuando no pasa nada: Les journaux parlent de tout, sauf du journalier ( ) Ce qui se passe vraiment, ce que nous vivons, le reste, tout le reste, où est il?  (La prensa diaria habla de todo menos del día a día ( ) lo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás ¿dónde está?) (L’Infra-ordinaire), Il faut y aller plus doucement, presque bêtement. Se forcer à écrire ce qui n’a pas d’intérêt, ce qui est le plus évident, le plus commun, le plus terne (Hay que ir más despacio, casi torpemente. Obligarse a escribir sobre lo que no tiene interés, lo que es más evidente, lo más común, lo más apagado) (Espèces d’espaces).

                                                              I

Para intentar examinar con toda minuciosidad un lugar, o, ahora mismo el acto de haber examinado un lugar o de examinar a alguien que ha examinado un lugar y sobre como lo ha examinado, hay que fijar unos parámetros precisos que luego faciliten el ejercicio de recuento y análisis. No es necesario insistir en que dos de los parámetros más útiles para esta labor cartesiana corresponden ni más ni menos a las dimensiones de espacio y tiempo. En primer lugar vamos a concretar el tiempo. El mismo escritor, de nombre George y Perec como apellido, acudió durante tres días seguidos, del 18 al 20 de octubre de 1974, a la plaza para consignar en un dietario sus particulares observaciones que dividió en tres capítulos sabiamente titulados Día 1, Día 2 y Día 3. El viernes 18 de octubre llegó a las 10.30 al Tabac de Saint Sulpice. A las 12.40, supuestamente después del almuerzo, fue al Café de la Mairie. A las 15.20 a la Brasserie-Bar La Fontaine de Saint Sulpice. A las 17.10 volvió al Café de la Mairie. El sábado 19 de octubre el tal Georges Perec se dejó caer a las 10.45 de nuevo en el Tabac de Saint Sulpice. A las 12.30 se sentó en un banco de la plaza. A las 14.00 regresó al Tabac. El 20 de octubre, domingo, Perec, Georges, se volvió a sentar en el Café de la Mairie, esta vez a las 11.30. Acto que repetiría, y por última vez en el transcurso de sus observaciones, a las 14.00. Parece obvio que a pesar de su interés en los asuntos infraordinarios, George, Perec, trazó una curva descendente de viernes a domingo, frecuentando menos veces la plaza. No es reprochable en absoluto.

Quien redacta estas líneas quiso comprobar las tesis del susodicho Perec, Georges. Para ello, con la excepción del primer día en que por razones que no vienen al caso y que tampoco modificarían el resultado de la investigación, no pudo asistir, trató de repetir, hasta allí donde las posibilidades y la paciencia y la voluntad lo permiten, la metodología del análisis perequiano, acudiendo los mismos días del mes, que no del año: 19 de octubre a las 13.55 y 17.05 y 20 de octubre a las 9.50, exactamente 41 años después.

                                                               II

El segundo parámetro imprescindible es el espacio, el espacio físico por donde se desplazan y que ocupan las cosas y la gente. Limitarlo no es una tarea excesivamente difícil. La plaza de Saint Sulpice se halla en el VI arrondissement – distrito - de Paris, más concretamente no muy lejos de la universidad de la Sorbona donde, Perec, Georges, acudió a estudiar sociología, no muy lejos de la rue Soufflot, aquella que lleva hacia el Panteón y donde hay un restaurante donde sirven unas exquisitas y enormes costillas de buey. Saint Sulpice equidista entre los Jardines de Luxemburgo y la célebre cafetería Les Deux Magots, en el bulevar de Saint Germain des Prés, allí donde se reunían Verlaine, Baudelaire y Mallarmé. Contra todo pronóstico, Sèvres-Babylone, Babilonia, queda a occidente.

El escritor empleó como puestos de observación la cafetería del Tabac Saint Sulpice, el Café de la Mairie, la cafetería de La Fontaine Saint Sulpice y un banco. No hay que olvidar el nombre de la plaza: Saint Sulpice. Esta la preside la gran fachada inacabada de la iglesia de Saint Sulpice, un diseño neoclásico proyectado en 1754 por el arquitecto italiano Giovanni Niccolò Servandoni, quien se inspiró en el trabajo de Wrenn en la catedral de Saint Paul en Londres. En el interior del templo, en la capilla de los Ángeles, hay tres importantes frescos de Eugène Delacroix, La Lutte de Jacob avec l’Ange, Saint Michel terrassant le dragon y Héliodore chassé du temple, también una talla de San Pedro con el pie pulido a causa de las caricias que le prodigan los fieles, recuerda el seno derecho de la estatua de Julieta, en Verona. Y un gnomon peculiar, que fue usado para calcular la fecha exacta de la Pascua cristiana.  El gnomon de Saint Sulpice carece de vara que proyecte su sombra, función que ejerce un pequeño orificio perforado en una placa metálica sobre una puerta. La luz solar que penetra proyecta un haz que recorre durante el año la trayectoria que se ha fijado con una línea de metal paralela al meridiano. La placa cuadrada de mármol señala, cuando la luz se proyecta sobre ella, el solsticio de verano. En el momento preciso del solsticio de invierno ese punto luminoso se proyectaría veinte metros más allá del muro de la iglesia, para compensar esa distancia la línea metálica remonta un obelisco de once metros de altura. 

En el centro de la plaza una gran fuente monumental cede sus esquinas a las estatuas de cuatro leones yacientes con el escudo de la ciudad entre sus garras mientras el agua cae desbordada de los dos niveles de los estanques superiores, su feroz expresión parece asustar incluso a los reflejos que se proyectan en la superficie de la lámina de agua. En el nivel más elevado cuatro jarrones decorados cada uno de ellos con un par de rostros que escupen agua por la boca, sustituyen a los leones de las esquinas inferiores. En medio una cúpula contiene en cada una de sus hornacinas laterales estatuas de célebres personajes franceses que vivieron entre los siglos XVII y XVIII, durante la época del rey Luis XIV, los llamados oradores sagrados: el predicador y obispo de Meaux, Jacques Bénigne Bossuet, el escritor y arzobispo de Cambrai, François de Salignac de la Mothe Fénelon, Esprit Fléchier obispo de Lavaur y de Nimes y el también obispo, de Clermond Ferrand, Jean Baptiste Massillon. Cada uno de ellos mira hacia cada uno de los puntos cardinales, ellos, obispos que jamás llegaron a ser cardenales.

Coinciden en la plaza de Saint Sulpice, las calles de Saint Sulpice, Mabillon, Canettes, Bonaparte, Férou, Servandoni, Palatine y Garancière. Siguen en su lugar, es decir el mismo que describió Perec en 1974, el ayuntamiento del distrito VI, frente a la iglesia, la iglesia de Saint Sulpice, frente al ayuntamiento, el Centre de Finances Publiques, la gendarmería, el quiosco de la rue Saint Sulpice el Café de la Mairie y la parada del autobús. Han desaparecido dos cafeterías, el Tabac y La Fontaine, razón ineludible por la cual se ha limitado el ejercicio al Café de la Mairie, en el cual, por cierto, el martes 23 de octubre de 2012, a las 19.30, se instaló una placa, a imitación de aquellas con los nombres de calles o plazas, dedicada al insigne literato, sin las vocales, ni más ni menos que las E. Un guiño a su novela La Disparition.

Continúan circulando las mismas líneas de autobús: la 63, proveniente de la Gare de Lyon y en dirección hacia la Porte de la Muette; la 70, desde Radio France, plaza del Dr. Hayem, hasta el ayuntamiento; la 86, entre Saint Germain des Prés y Saint Mandé Demilune; la 87, de Champs de Mars a Porte de Reuilly y la 96, entre Montparnasse y Porte des Lilas. Para la línea 84, Porte de Champerret a Panthéon, se ha creado una marquesina específica en la rue Bonaparte. 

                                                        III

19 octubre 2015, 17.05

Cuarenta y un años después el volumen del tráfico y la tipología de los vehículos parece haber cambiado, no se aprecia ningún modelo del 2CV, ni estacionado ni en circulación.

La gente continua yendo y viniendo, hay quien espera alguno de los autobuses, quien come un bocadillo sentado en un banco, parejas que se toman fotografías al pie de la fuente, abuelos que besan a los nietos, hay quien arranca una moto, quien alza un brazo para llamar a un taxi, una mujer bebe de una lata de refresco mientras aguanta con la otra mano el coche del que debe ser su hijo mientras mira hacia el quiosco. Hay quien consulta su teléfono móvil, hace 41 años este gesto era inexistente

La demi pression ha subido notablemente de precio, el tal Perec, Georges, se escandalizaría, cualquier otro también.

Hay bicicletas de manillar cromado atadas a señales de tráfico, carteles publicitarios y de información, letras, muchas letras.

Las palomas siguen levantando el vuelo y retornando sin una razón aparente, pero probablemente, muy probablemente, no sean las mismas.

20 octubre 2015, 9.55

De un día a otro ha cambiado el tiempo, más gris pero se mantiene sin lluvia.

Los basureros: es la hora de la recogida y llega el camión para vaciar los contenedores.

En el Teatro Tristán Bertrand representan Les Faux British, eso afirma un cartel que gira en torno a un pirulí metálico, de aquellos donde antes se fijaban con cola.

Es la hora del café con leche o del café y la gente no se toma el tiempo de verlo pasar.

Un solitario guante negro de cuero yace abandonado sobre un pivote de cemento.

Las palomas vuelven a levantar el vuelo y retornan sin una razón aparente, probablemente, muy probablemente, sean las mismas.

Quattre enfants. Un chien. Un petit rayon de soleil. Le 96. Il est deux heures. (Cuatro niños. Un perro. Un fugaz rayo de sol. El 96. Son las dos.)

© J.L.Nicolas

 

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