Armenios en Venecia

08.04.2016 17:34

La relación de los armenios con Venecia viene de lejos, casi de los días de la formación de la ciudad cuando los lazos con Constantinopla eran estrechos. Tuvieron su propio barrio, después su propia iglesia y su isla donde se estableció una activa comunidad de monjes dedicada a los libros. Lord Byron fue un usuario ejemplar.

Los primeros contactos entre ambas comunidades se remontan al siglo VI. El exarca bizantino de Ravena, Narsete, y el obispo de Altinum, Isaaccio, eran de origen armenio. Posteriormente el reino de Cilicia facilitaría el comercio de los mercaderes venecianos en el Levante mediterráneo. A cambio la Serenísima, ya en el siglo XII, facilitó alojamiento a los armenios que acudían a la ciudad para hacer negocios, el mismo dogo Pietro Ziani les cedió un edificio alto con pequeñas ventanas y reforzado con vigas de hierro en el Canal di Ferali, en la parroquia de San Zulian y a dos pasos de San Marco

Con el tiempo las calles cercanas al sotoportego dei Armeni, calli Fiubera y San Zulian se convirtieron en una auténtica barriada armenia en la que se comerciaba con todo tipo de productos llegados del este, pistachos, pasteles y dolmades, los típicos rollos de hoja de parra rellenos. También era fácil encontrar un vaso de vino de malvasía u oghi, una especie de licor anisado que se bebía diluido en agua como se hace con el ouzo griego. Los armenios también han dado nombre a algunos lugares de la ciudad, junto a la plaza de Santa María Formosa desemboca una calle llamada Ruga Giuffa, donde está semioculto el Palacio Grimani, tiene un par de discretos restaurantes y un hotel, un simpático café y es atravesada por callejones sin salida que dan acceso a viviendas particulares. El nombre provendría de la antigua ciudad de Giulfa en la Armenia gobernada por Persia, lugar de origen de los armenios que se asentaron en ella, en la calle de la Coronna y en la Salizada Zorzi. Los de la Ruga Giuffa se dedicaron al comercio de seda, tejidos de algodón, lana y tintes que importaban de oriente. Una acomodada familia procedente de la nueva Giulfa, en Isfahan, los Sceriman o Seriman, se alojaron en la mansión de tres pisos que se halla junto a los jesuitas de Cannaregio, es el Palazzo Sceriman ai Gesuiti y da al Rio dei Sartori.

En 1496, el interior de la casa cedida por Ziani, se modificó para dar cabida a una iglesia en la que oficiar con el rito armenio. Es Santa Croce degli Armeni. El nombre hace referencia a la reliquia que guardan de la Cruz de Jesucristo. La iglesia carece de fachada propia ya que no se alteró la de la casa y el campanario es apenas visible más que desde el Rio Terrà delle Colonne.

Pero el lugar más conocido en relación con los armenios de la laguna es una pequeña isla que esta frente al Lido, San Lazzaro degli Armeni. Esta había sido cedida en el año 810 al abad benedictino de Sant’Ilario di Fusina. En el siglo XII fue utilizada como lazareto de leprosos. Luego se convertiría en albergue para enfermos y menesterosos y aun acogería a los dominicanos expulsados de Creta y a una fábrica de armas durante la guerra de Morea, hasta que fue abandonada. En agosto de 1717 se donó a un grupo de religiosos armenios que huyeron de la ocupación turca de Modona, al sur del Peloponeso. El monje Manouk Petrosian había fundado en 1706 en Morea la Congregación Reformada de los Monjes Armenios de San Antonio, una orden que halló refugio en la pequeña isla veneciana. En 1722 acabaron los trabajos de restauración de la antigua iglesia que había quedado allí abandonada y la orden Mequitarista, como es conocida, se dedicó de lleno a cuanto tuviera que ver con la cultura del pueblo armenio.

Menos de veinte monjes viven actualmente en la isla dedicados principalmente al mantenimiento de la  extraordinaria biblioteca que ha acumulado el convento en la que se conserva no menos de 170.000 volúmenes de los cuales unos cuatro mil quinientos son manuscritos incunables. Entre las primeras publicaciones llevadas a cabo por la orden están las traducciones al armenio que hizo su fundador de la Imitatio Christi y de la Biblia. Por otra parte se han conservado textos que no existían en occidente y que solo estaban manuscritos en armenio, como las  Cartas de Ignacio de Antioquia o la historia de Eusebio de Cesárea.

Un excepcional usuario de semejante biblioteca fue Lord Byron, quien durante su estancia en Venecia, entre 1816 y 1817, acudía a San Lazzaro degli Armeni a diario para estudiar la lengua. Byron llegó a traducir las Epístolas de San Pablo a los Corintios del armenio al inglés y elaboró, con la ayuda del monje Harutium Avgerian, una gramática británico-armenia.

En el monasterio tienen un pequeño museo con reliquias armenias del siglo VIII, monedas, sellos, la espada del rey Levon VI, piezas árabes, indias y egipcias como la momia de Nehmeket Amón, traída por los franceses en 1825 y que se muestra en el espacio que ahora se llama Sala Byron.

© J.L.Nicolas

 

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