E la Nave Va

12.09.2016 19:36

Son sobradamente conocidas las peculiares características de la trama urbana del casco antiguo de Venecia, las calles comunes se alternan con canales y ríos que han obligado a emplear la navegación marítima incluso para el más común de los transportes públicos, que aquí, en lugar de autobuses, son llamados vaporetto.

La nave se aproxima y parece embestir el muelle flotante que hace las veces de estación, el armazón retumba con un sonido grave y contundente, pero la maniobra está perfectamente calculada y el pasaje apenas se agita, después del primer golpe llega una réplica más suave, un eco. La empleada del transporte público se apura con las amarras haciendo varios movimientos rápidos que acaban formando un nudo alrededor del noray, una operación que ha repetido en millares de ocasiones, anudándolo en la llegada y desanudándolo en la partida. Entre ambas ejecuta otra con la misma presteza, debe deslizar la barra que permite el paso de los pasajeros y advertirles de la distancia o del ligero desnivel que hay entre la cubierta de la nave y la superficie de la plataforma mientras anuncia el nombre de la parada. Todo sucede en segundos, en los que se hace el trasvase de viajeros. E la nave va.

El nombre con el que se conoce popularmente a las embarcaciones, vaporetto, proviene, lógicamente, de los primeros autobuses acuáticos que eran impulsados mediante motores de vapor. Caorlinas, sandolos, viperas, peatas, bragozzos, góndolas y otras naves a vela o impulsadas a fuerza de remos facilitaban el desplazamiento de los viajeros por los canales de la ciudad de la laguna hasta que en otoño de 1881, coincidiendo con la celebración del Congreso de Geografía, un vaporetto surco por primera vez el Gran Canal. Se llamaba Regina Margherita. Anteriormente se habían realizado conexiones con otros puntos: con el Lido y con Chioggia. La Gazzetta Ufficiale di Venezia anunciaba el 27 de mayo de 1858 que esos enlaces los proporcionaría la Regia Canoniera llamada Alnoch, la cual tenía capacidad para transportar a doscientos pasajeros. A partir de 1868 algunas empresas privadas establecen enlaces con las estaciones balnearias del Lido. Hasselquirst y Neville con los vapores San Marco y Principe Umberto; otros inician los trayectos con las islas del norte y con Pellestrina, en el sur.

El 12 de enero de 1873 se crea la Società Veneta di Navegazione a Vapore Lagunare, SVNVL y cuatro años más tarde el consistorio aprueba permitir las navegación a lo largo del Gran Canal, para lo cual encargan a la empresa francesa Oriolle, sita en Nantes, la construcción de varias naves semejantes al Regina Margherita y la maquinaria necesaria para propulsar otras que se construyeron en los astilleros de Trieste. Los vaporetti provenientes del puerto de Ruan llegaron a Venecia atravesando el canal del Languedoc y rodeando la península itálica. A partir de ese año, 1881, la flota crece progresivamente, en naves y líneas.

En el año 1903 se creó la Azienda Comunale per la Navegazione Interna, embrión del actual ACTV, Azienda del Consorzio Transporti Veneziano, que gestionaría la flota, por entonces ya veintitrés naves que transportaban a 2860 pasajeros diariamente. En los años veinte se empieza a ensayar con los motores diésel aunque no se introducirán hasta 1935. Durante la Segunda Guerra Mundial buena parte de sus unidades fueron requisadas por la marina. No sería hasta 1950 cuando se volvería a reestructurar el servicio en la ciudad. Actualmente, desde 1978, el ACTV gestiona ciento sesenta embarcaciones y ciento cincuenta estaciones flotantes.

Las líneas principales son las que recorren el Gran Canal. La numero 1 hace parada en todas las estaciones, entre Piazzale Roma, cerca de la estación de autobuses y único acceso viario del casco antiguo, hasta Santa Maria Elisabetta, en la isla del Lido. La dos hace el mismo recorrido pero restringiendo las paradas, es por tanto más rápida. Otras líneas circunvalan toda la ciudad sirviendo además a La Giudecca y, desde la Fondamenta Nuove parten las que alcanzan las islas de Murano, Burano, Torcello y llegan hasta Treporti, al norte de la laguna. En general no se trata de un transporte rápido, algunos desplazamientos, particularmente a lo largo del Gran Canal, pueden ser  recorridos antes simplemente yendo a pie.

La flota del transporte publico veneciano emplea distintos tipos de embarcaciones propulsadas hoy en día por motores diesel. Las naves que circulan por el Gran Canal son motobatelli de un solo puente con una gran cabina con ventanas provista de asientos para acoger al pasaje. Delante una plataforma facilita el embarque y desembarque y, en la parte trasera, hay un pequeño espacio descubierto y con algunos asientos. Los más comunes entre los motobatelli que circulan son los de las series 80 y 90. Los primeros se construyeron entre 1974 y 1988, tienen capacidad para transportar 234 pasajeros, 90 de ellos sentados, algunos en la zona de proa. La serie 90 introdujo mejoras en el aspecto del desplazamiento del agua, ya que una de las causas de la degradación de Venecia es el desgaste que provoca el impacto del oleaje generado por la navegación contra los cimientos de la ciudad. En la serie 90 se eliminan los asientos de proa y se avanza la cabina del piloto.

Las líneas de circunvalación que sirven también la Giudecca y Murano son cubiertas por los foranei, más estilizados y menos voluminosos que los motobatelli tienen la cabina de pilotaje sobreelevada ya que no están sometidos a la limitación obligada por la altura de los puentes. Aun quedan algunas motonaves de dos pisos como la Torcello que sirve el trayecto de las islas hasta Punta Sabbioni, en el extremo septentrional de la laguna.

Actualmente se estudian nuevos modelos de naves con combustibles más eficaces y menos contaminantes y que simultáneamente reduzcan el impacto que causa la navegación a la ciudad. Problemas de tráfico.

© J.L.Nicolas

 

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