El Gran Canal

04.08.2017 09:37

Los pasajeros, tras haber seleccionado el apeadero adecuado en Piazzale Roma, abordan con la precaución indispensable la pasarela que lleva al vaporetto. De allí parte la línea 1, la que recorre sin prisas el escaparate de todas las vanidades que crecieron sobre el reflejo de las aguas de la gran avenida acuática que serpentea entre los barrios venecianos.  

Antes de que emergieran los palacios no era más que una de las vías de navegación más seguras de la laguna, por cuanto era una de las mayores con una amplitud que oscila entre los treinta y los setenta metros y una profundidad de cinco. Cuando los habitantes de Torcello y Malamocco decidieron mudarse escogieron las islas que la rodeaban y establecieron un primer asentamiento en la zona que llamaron Rivo Alto. En la república marítima las acomodadas familias enriquecidas por el comercio optaron por ostentar su bienestar en las fachadas que daban a la gran arteria veneciana. De hecho las entradas principales de estas mansiones son las que dan al agua y no los accesos de calles laterales o posteriores.

El vaporetto que ha partido de Piazzale Roma deja atrás la parte menos noble de esta avenida marítima, allí donde está el único vinculo que la une a tierra firme, el Ponte della Libertà, por donde también circulan los trenes que llegaran a la Ferrovia, a la estación de Santa Lucia. Hay tres pasos peatonales que cruzan el Gran Canal aunque en realidad son siete los puentes. Tres de ellos tienen su origen en el Ponte della Libertà, los dos primeros dirigen el tráfico rodado hacia, y desde, el Piazzale Roma, el tercero lleva a los ferrocarriles de mercancías hacia Tronchetto, el puerto. Existe, desde 2008 un cuarto paso peatonal, una cara, pretenciosa y polémica pasarela resbaladiza que une la estación de autobuses con la ferroviaria y que incluso apareció en el programa de televisión de Discovery Max titulado Grandes fracasos de la ingeniería.

A lo largo de sus casi cuatro quilómetros de recorrido asoman a esta líquida avenida diez iglesias y no menos de dos centenares de palacios que se proyectan orgullosamente sobre las aguas que, atravesando cinco de los seis sestiere de la ciudad, muestran, de un modo aleatorio, la sucesión de estilos arquitectónicos desarrollados a lo largo de la historia de una opulenta República. Desde el véneto-bizantino propio de los siglos XII y XIII con sus mármoles polícromos, reflejo de su querencia por Oriente; el gótico-veneciano de aires flamígeros con sus característicos arcos polilobulados cuyo ejemplo más relevante se encuentra en la Ca’ d’Oro; el Renacimiento de finales del siglo XV, más sobrio, como en los palacios Corner Spinelli, Grimani di San Luca o la Ca’ Dario; el exuberante barroco del que no faltan ejemplos de la mano de grandes maestros como Baldassare Longhena, hasta el neoclasicismo presente casi en el mismo inicio del canal, en San Simeon Piccolo, imitación del Panteón de Roma, no muy lejos de San Simeon Grande, ambos supuestamente unidos por una antigua apuesta formulada en Antioquía sobre una clavícula de Salomón. Enfrente está, desde 1846, la estación ferroviaria de Santa Lucia, aunque el actual edificio es de 1954. Para su construcción fue necesario demoler algunos palacios y la iglesia donde reposaban los restos de la santa. La estación se quedó con el nombre y la parroquia de San Geremia las reliquias.

Junto a la Ferrovia se halla el primer puente que merece tal nombre, es el puente de piedra de Istría de los Scalzi, que toma el de la vecina iglesia homónima, obra de Longhena para la Comunidad Romana de los Carmelitas Descalzos. El puente fue reconstruido en 1932 y sustituyó al anterior, de hierro, tendido por los austriacos en 1858. Pasado el puente, siempre navegando en dirección a San Marcos, se suceden algunos palacios notables: Calbo Crotta, Flangini, Gritti, Zen... antes de llegar a la mencionada San Geremia, donde, desde el canal, es visible la inscripción que recuerda que esta es la nueva morada de Santa Lucia: Lvcia, vergine di Siracusa, martire di Cristo, in qvesto tempio riposa. All’Italia al Mondo implori lvce pace. Aquí se unen a las aguas del Canal Grande las del Canal de Cannaregio.

Pronto aparece, a la derecha, la magnifica fachada del Fondaco dei Turchi, en sus orígenes albergue y almacén de los mercaderes otomanos y que actualmente es la sede del Museo de Historia Natural. Enfrente se halla San Marcuola, la iglesia y el primero de los cinco traghetti que enlazan ambas orillas. El traghetto es un popular servicio que realizan los gondoleros para cruzar el canal en aquellos tramos que están alejados de los puentes. En un recorrido tan breve, el pasaje hace el trayecto de pie. Apenas hay tiempo para sentarse y levantarse.

A la derecha el vaporetto se detiene ahora en San Stae, la iglesia que exhibe una gran fachada barroca obra de Domenico Rossi, a pocos pasos del palacio, también barroco, de Ca’ Pesaro, otro trabajo de Longhena, hoy alberga los museos de Arte Oriental y de Arte Moderno.

Manteniendo la mirada en la misma orilla se llega al sobresaliente, en altura, Palazzo Corner della Regina, donde nació Caterina Cornaro, quien acabaría convirtiéndose, accidentalmente, en reina de Chipre y Armenia. Justo al lado destaca la fachada rojiza del pequeño y entrañable palacio del siglo XIV Ca’ Favretto, hoy convertido, como tantos otros palacios, en hotel. Aquí vivió, en el siglo XIX, el pintor Giacomo Favretto.

Casi repentinamente, al girar la vista hacia la izquierda, aparece la impresionante Ca’ d’Oro, que debe su nombre a la decoración dorada que un día embelleció la preciosa fachada gótico-veneciana repleta de estilizados frisos vegetales y algunos animales fantásticos. Su último propietario fue el Barón Franchetti quien donó a la ciudad el palacio y el patrimonio que hoy se puede visitar en la Galería Franchetti, en el mismo edificio. Desde sus balcones se ven, al otro lado del canal, los edificios de las Fabbriche Vecchie y Nuove y de la Pescheria, que acoge por las mañanas al mercado de pescado fresco.

Cambiando la mirada nuevamente de orilla se alza el Fondaco dei Tedeschi, la versión alemana y húngara del Fondaco dei Turchi, posteriormente convertido en oficina central de correos. Casi inmediatamente después está el segundo vado, se trata del famoso Puente de Rialto, que cuando inicialmente fue construido en madera era levadizo para permitir el paso de las embarcaciones que se adentraban en el canal. La estructura de piedra fue creada entre 1588 y 1591 por el arquitecto Antonio da Ponte. Hasta 1854 fue el único que unía ambas orillas. El puente tiene dos hileras de comercios que se prolongan a lo largo de toda su estructura y que actualmente están completamente dedicadas al turismo. A ambos lados de Rialto se abren sendas fondamentas, muelles, que antiguamente dedicaron su actividad al comercio de vinos y al hierro, de ahí sus nombres: Riva del Ferro y Fondamenta del Vin.

La sucesión de grandes mansiones parece interminable: el palacio Loredan, Farsetti, Grimani, Contarini delle Figure, Balbi...y Ca’ Mocenigo, perteneciente a la familia que dio siete dux a la República y donde se alojaron, en distintas épocas, Giordano Bruno, el filósofo que acabó, en el año 1600, en la hoguera de la inquisición en Roma y, entre 1818 y 1821, Lord Byron, de quien se dice que se lanzaba a diario a nadar en el canal. Luego sigue Ca’ Foscari, un palacio gótico del siglo XV que acoge a la universidad del mismo nombre. En el mismo tramo de curva siguen los palacios de Ca’ Giustiniani, Grassi y Ca’ Rezzonico. El Palazzo Grassi, neoclásico, diseñado por Longhena y completado por Giorgio Massari, se ha convertido en una amplia sala de exposiciones y galería de arte. Ca’ Rezzonico, enfrente, un trabajo más de ambos arquitectos, acoge al Museo del Settecento Veneziano. Aquí murió en 1889 el, poeta británico Robert Browning.

Casi cerrando la curva aparece el tercer puente, el puente de madera de la Accademia, por la Galleria dell’Accademia, una de las principales pinacotecas de Italia que ocupa la antigua iglesia de Santa Maria della Carità y los edificios de la Scuola homónima. Desde aquí, sobre el puente, se puede apreciar una de las perspectivas mas conocidas de Venecia, el tramo final del Gran Canal con el Palazzo Cavalli-Franchetti justo al lado, el descomunal, por sus dimensiones, Palazzo Corner, no en vano llamado Ca’ Grande. En la orilla derecha el Palazzo Vernier dei Leoni acoge la colección de pintura de Peggy Guggenheim. El palacio, inacabado, fue iniciado en 1748 por el arquitecto Lorenzo Boschetti, artífice de San Barnabà, iglesia famosa por su protagonismo en uno de los largometrajes de Indiana Jones. En mayo de 1949 la coleccionista norteamericana adquirió la mansión a los herederos de la condesa Castlerosse, última propietaria. Peggy Guggenheim instaló aquí su extraordinaria colección de pintura contemporánea que incluye obras de Kandinsky, Klee, Marc Chagall, Picasso, Dalí, Picabia, Ernst y el siempre estupendo L’empire des lumiéres, de René Magritte.  

Lindante, aunque separado por el Rio delle Torreselle, se alza Ca’ Dario, un palacio renacentista con unos vistosos mármoles del que se dice que está maldito a causa de la muerte violenta se sus últimos propietarios. En la otra orilla está la parada de Santa Maria del Giglio, donde se tiende el 11 de noviembre de cada año, durante la celebración de la festividad de la Salute, un puente votivo sostenido sobre barcazas, para acortar a los fieles, la visita a la basílica de Santa Maria de la Salute, última gran obra de Baldassare Longhena en el canal, construida tras la gran epidemia de peste negra de 1630.

Pero antes de llegar a esta aun hay un par de palacios destacables por sus fachadas decoradas con mosaicos, son Ca’ Salviati y el Palacio Barbarigo, en cuya decoración musiva se representa a Miguel Ángel conversando con Tiziano.

El último edificio notable de esta orilla se encuentra en la Punta della Dogana, la aduana que fiscalizaba las mercancías que se introducían en la ciudad antes de que las naves que las transportaban se adentraran en el canal. Sobre la torre se construyó una gran veleta, la estatua de la fortuna, situada sobre un orbe dorado sostenido  por dos atlantes.

A partir de este punto las aguas del Gran Canal se unen a las del Bacino di San Marco, entre el Palacio Ducal y la isla de San Giorgio Maggiore, la antigua monumental entrada de la Serenísima República.

© J.L.Nicolas

 

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