Ellan Vannin

27.06.2014 12:29

La Isla de Man, Ellan Vannin en gaélico, un pequeño punto en un mapamundi entre Irlanda y la Gran Bretaña, es básicamente conocida por un par de cuestiones. La primera por ser un paraíso fiscal. No se aplican impuestos sobre ganancias ni transferencias del capital, ni beneficios.  A pesar de que la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico reconoce que el gobierno de la Isla se ha comprometido a mejorar la transparencia y el intercambio de información. La segunda el Tourist Trophy, la célebre competición de motocicletas que se celebra anualmente y de modo ininterrumpido desde 1907, cuando veinticinco idólatras de la velocidad sobre dos ruedas establecieron un circuito de unos sesenta quilómetros que rodea el centro de la isla. La dificultad del recorrido se ha llevado en este poco más de un siglo a dos centenares de vidas. Las carreras fuera de circuito cerrado están prohibidas en Inglaterra.

Esta dos particularidades permiten ejercer en Man actividades que no se desarrollan en el resto de las islas británicas, incluyendo las deportivas. Man es y no es Inglaterra. La Isla de Man, Ellan Vannin, es, desde 1866, una dependencia de la Corona Británica, es decir, pertenece a su Graciosa Majestad, quien se encarga de su defensa y de su representación internacional, pero no forma parte ni del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte ni de la Unión Europea, a pesar de que la Corona si otorga la ciudadanía de sus ciudadanos, quienes de este modo son asimismo ciudadanos del Reino Unido y consecuentemente de la Unión Europea. No está mal. Además pueden emitir monedas y billetes, sus sellos y poseen su propio registro de matriculación de vehículos y dominio de internet.

Pero tienen un pasado, céltico y normando. Se cree que el nombre de la isla proviene del dios del mar Manannán mac Lir, y que sus primeros habitantes, aquellos quienes dejaron las fortalezas de Cronk ny Merriu o Cronk Sumark y los círculos de piedra de Meayll, llegaron del Eire. El idioma estaba emparentado con el gaélico que se habla en Irlanda y en Escocia. Antes del desembarco de los Vikingos, Man estuvo vinculada a Dál Riata y al Reino de Man y de las Islas, que la unió a las del poniente escocés. La Cronica Regum Mannie et Insularum recoge los esfuerzos que hizo el rey Godred Crovan, en el siglo XI, por adueñarse de Man y de como su hijo Olaf, quien reinó brevemente sobre Dublín, perdería las Islas en manos de su vasallo Somerled, señor de Argyll, quien reinó desde Finlaggan, en el centro del lago del  mismo nombre en el interior de la isla escocesa de Islay.

Pero, intentando volver al presente, en Douglas, la capital que acoge a más de la cuarta parte de la población de la isla, aun funciona, aunque básicamente en verano, el tranvía tirado a caballo que recorre la fachada marítima de la ciudad, otrora guardada por la Torre del Refugio en Saint Mary’s Rock, frente a la entrada del puerto y actualmente solo refugio de cormoranes y gaviotas. Otro pequeño anacronismo parte de la victoriana estación del ferrocarril: una locomotora a vapor une la ciudad con Port Erin, una veintena de quilómetros. Los comercios de la ciudad se suceden en la peatonal Strand street. También algunos de los pubs, profusamente decorados con fotografías del Trophy, y unos pocos restaurantes, antes de llegar al Gaiety Theater, una institución local.

El norte de la isla es una gran llanura donde están las parroquias de Maughold, Saint Andreas, Bride, Jurby y Kirk Michael. En sus iglesias se conservan numerosos ejemplares de cruces célticas y normandas esculpidas en lápidas de piedra. El centro está dominado por la cima del monte Snaefell, donde llega un tren cremallera. Dicen que desde sus 610 metros de altura se pueden ver seis reinos: el de la Isla de Man, Inglaterra, Escocia, Irlanda, Gales y el de los cielos.

En las cuatro casas que componen la localidad de Saint John’s se halla el Tynwald, el Parlamento más antiguo del mundo si los islandeses no dicen lo contrario. El nombre proviene del antiguo vocablo normando Þingvellir, por lugar de la asamblea. El túmulo donde se asienta el asta con la enseña manesa fue probablemente un enterramiento de la Edad del Bronce. En los alrededores hay antiguas tumbas del mismo tipo. Aquí celebraban los vikingos las reuniones para acordar sus leyes y su gobierno y se supone que desde aquí se dirigieron los destinos del Reino de Man y de las Islas. El rey, hoy lo hace el gobernador, tomaba asiento en la parte superior del túmulo mirando hacia levante. Junto a él sus barones y el obispo. Frente a él los Deemsters, jueces y oficiales de alto rango. En las plataformas inferiores los veinticuatro Keys o principales, los clérigos y los yeomen o alguaciles. La asamblea se convocaba en el solsticio de verano, el 24 de junio. Tras la alteración del calendario, en 1752, se ha pasado a reunir el 5 de julio. Ahora se celebra una solemne sesión protocolaria de la House of Keys, Parlamento de la isla.

Yendo hacia el oeste se alcanza pronto la costa, no hay grandes distancias. Allí está Peel, la tercera ciudad, vigilada por el castillo que se alza frente al puerto en el islote de Saint Patrick. Según la tradición es donde el santo desembarcó para cristianizar la isla. Así que, sin más dilación, se construyeron aquí una capilla y un monasterio. En el siglo XI el rey noruego Magnus Barefoot, literalmente el grandote descalzo, o Magnus III Olafsson, decidió sustituir las instalaciones religiosas por unas ruinas y sobre estas construir un castillo. Hoy en día quedan otras magnificas ruinas que parecen un campo de golf amurallado. En el recinto se conservan los restos de la capilla de Saint Patrick y de la catedral de Saint German, una torre de guardia circular y construcciones militares medievales y del siglo XVI, desde las que hay una buena panorámica de la ciudad y su pequeño puerto. El otro castillo de la isla esta, como no, en Castletown, antigua capital. Es el castillo de Rushen, de finales del siglo XII, espléndidamente conservado, cerca de el la Old House of Keys, anterior sede del gobierno manés, y al lado, la antigua escuela de gramática, originalmente una antigua capilla del siglo XI que ha sido transformada en un pequeño museo local.

Hay varios lugares cerca de Castletown que merecen un desvío para ir a echar un vistazo. En la pequeña localidad de Ballasalla están los restos de la abadía de Rushen, fundada en 1134 por el rey Olaf I, debió ser considerablemente importante. La Cronica Regum Mannie et Insularum fue escrita entre sus paredes, hoy desprovistas de techumbre. Desde 1998 el Manx National Heritage desarrolla excavaciones arqueológicas y ha acondicionado el lugar para ser visitado. Muy cerca de la abadía, el rio Silverburn es atravesado por el puente de los monjes, Monks Bridge, de 1134, construido con una amplitud suficiente para permitir el paso de caballerías de carga. Un poco más abajo un vado facilita el paso del rio con una señal de peligro advirtiendo de la presencia de palmípedos. En las afueras de la población, no demasiado bien señalados, están los restos de un enterramiento vikingo de fines del siglo IX en forma de drakkar invertido. En las excavaciones hechas en el lugar en 1945 se encontraron junto al cuerpo ricamente adornado del colono vikingo, los restos de su mujer, su caballo y su ganado. En la isla de Saint Michael quedan los restos de una capilla y del fuerte circular de Derby, el cual formó parte del sistema de defensas costeras de Enrique VIII, fue sustituido por el que hoy existe en 1645 durante la guerra civil inglesa. En el XVIII se empleó como faro.

Regresando a la capital, a Douglas, hay que atravesar un pequeño puente sobre un riachuelo, apenas perceptible mientras se conduce. Es el puente de Ballona, más conocido, y de hecho señalizado, como Fairy Bridge, el puente de las Hadas. Si todo el mundo celta esta empapado de mitología sobre la otra gente, el hecho es aun más perceptible en Man. Dicen que hay que saludar a themselves, ellos mismos, cuando ellos mismos se refieren a ellos mismos, al atravesar un puente. Themselves son hadas y duendes, son la gente menuda que habita alejada de las miradas humanas: Ben-varreys y Bugganes, Dooinney-oies y Moddey dhoos, Glashtins y Lhiannan-shees, Tarroo-ushteys.

Hay gente que cree en ellos, o quizás, simplemente por si acaso, les dejan flores y peluches, o notas solicitando deseos pegados a los árboles junto a algunos puentes.

En Man hay pequeños remansos que parecen llevar a otros mundos alejados de este. Se trata de los glen, pequeños valles que serpentean entre las bajas colinas de la isla hasta depositar el agua de sus riachuelos en el mar. Pasear en ellos es delicioso. A veces la luz se filtra entre las copas de las hayas formando trazos que se pueden tocar con  las manos. El agua en los arroyos parece perder el volumen desmaterializada en el tiempo mientras se desliza entre manojos de frescos tréboles. Al cruzar los pequeños puentes que los vadean pensé en las hadas y, por si acaso, murmuré: Buenos Días Señoritas!. Espero no haber ofendido a ningún masculino Fenoderee.   

© J.L.Nicolas

 

Ver más fotos