En el País del Foie Gras

13.04.2017 10:19

La Dordogne corresponde, grosso modo, a la antigua provincia del Perigord en la Aquitania francesa. Se merece por los suaves paisajes cortados por sus placidos ríos, por la rica y variada gastronomía y sus vinos a pesar de no ser tan reconocidos como los de Burdeos ni los de Borgoña. También por los innumerables castillos, uno de ellos, el de Milandes, fue adquirido por Josephine Baker para sus doce hijos adoptivos.

Sus ciudades más pobladas son Bergerac y Perigueux, esta última capital del departamento, sin embargo, Sarlat-la-Canéda, en el corazón del Perigord Negro, tiene un encanto especial y conserva un extraordinario patrimonio medieval. Sarlat fue la primera ciudad francesa que se benefició de la ley Malraux de 1962 por la que se protegían antiguos núcleos medievales y otros monumentos del país y se establecían unos estrictos criterios de restauración.

Sarlat está partida por la Rue de la République, una de las pocas calles abiertas al tráfico en el centro de la ciudad. Y no siempre, ya que en los sábados de mercado está ocupada por los tenderetes y la miríada de curiosos que pulula entre ellos. Por la rue de Magnanat o por la paralela des Consuls se llega a la place de la Liberté, autentica plaza mayor donde se halla el ayuntamiento y también se celebra el mercado. En un costado se abre a la place du Marché des Oies, un complemento. En sus comercios se encuentran las especialidades de la región, patés o rillettes de ave en numerosas variedades y por supuesto su majestad el foie-gras. De pato o de oca, macerado o mi-cuit, en lata o bote de vidrio y en cualquiera de las múltiples marcas de los productores locales. Tampoco faltan las preciadas trufas negras en una de las principales áreas productoras de toda Francia, las setas y las castañas, ni los vinos de la región: los potentes Bergerac, los dulcemente afrutados de Monbazillac o los aterciopelados Pécharmant.

Cerca de la place de la Liberté se halla la iglesia de Sainte Marie, convertida en mercado cubierto por el arquitecto Jean Nouvel, hijo de Sarlat. Tampoco anda lejos la catedral de Saint Sacerdos. Tras ella hay una antigua lanterne des morts, de las que se dice que se usaban para orientar a los difuntos en la oscuridad, a la que llaman torre de Saint Bernard y que se utilizó ocasionalmente como capilla funeraria ya que a su lado aun se pueden ver antiguos sarcófagos de piedra en lo que fue el cementerio adyacente a la catedral. La torre se construyó para conmemorar el regreso del santo de las cruzadas en 1147. Otro edificio singular es la Maison de la Boétie, en la place du Peyrou, donde habitó el escritor humanista e hijo de la ciudad, Étienne de La Boétie.

El ambiente que proporciona el casco antiguo ha sido utilizado para rodar largometrajes de época, no es de extrañar encontrar en la lista a Jeanne d’Arc de Luc Besson, La Fille d’Artagnan de Bertrand Tavernier o Los Duelistas de Ridley Scott.

Sarlat, sin poseer ninguna fortificación extraordinaria estuvo bien resguardada por los numerosos castillos que hay en los alrededores. Tan solo siguiendo el curso del Dordogne están los de Beynac y Castelnaud.  

Beynac, otra bonita población que alinea sus casas junto al rio está presidida por el castillo homónimo sobre el promontorio que cae casi a pico sobre ellas. Se asciende a través de sus estrechas y empinadas calles hasta llegar al barrio vecino que luce su nombre en occitano: Barri del Cap de Baïnac. Los muros del castillo, que una vez fue conquistado por Ricardo Corazón de León, reflejan en sus ventanales acristalados la luz de poniente. En sus salones interiores, restaurados, las armaduras quieren dar fe de una región que sufrió de la Guerra de los Cien Años entre franceses e ingleses y también de las guerras de religión contra los cátaros. A través de las rejas de las ventanas se ve, abajo, el paso del rio que se dirige al vecino, y en otros tiempos enemigo, castillo de Castelnaud, que no significa otra cosa que castillo nuevo. Castelnaud fue construido en el siglo XII. Después de ser destruido por Simón de Monfort durante la cruzada albigense reconoció la soberanía del duque de Aquitania, Enrique III de Inglaterra, por lo que se mantuvo en poder británico hasta 1442, año en que fue recuperado por Francia. Abandonado tras la Revolución de 1789 no sería tenido en cuenta hasta que en 1967 se iniciaron los trabajos de restauración. Hoy alberga el Musée de la Guerre au Moyen Âge, el museo de la guerra medieval en el que se han reconstruido catapultas y otros instrumentos bélicos de la época.

Siguiendo los remansos del Dordogne, la siguiente parada obligada está en Marqueyssac, donde sobre una meseta hay unos elaborados jardines que fueron inspirados a su propietario, Julien de Cerval, por los parques románticos italianos del siglo XIX. Desde el mirador del Belvédère la vista alcanza a las cercanas poblaciones que asoman al rio: Fayrac, Beynac, La Roque Gageac. Esta última tiene unas fortificaciones trogloditas y la Manoir de Tarde junto al rio. Domme, como La Roque Gageac, forma parte de Les Plus Beaux Villages de France, la asociación de las poblaciones más bonitas de Francia, y no es gratuitamente. Sus preciosas calles que conservan un aire medieval en todo el conjunto del pueblo son extremadamente agradables. Domme se fundó en 1281 sobre un promontorio fácilmente defendible y cerrado por un acantilado de doscientos cincuenta metros sobre el valle del rio Dordogne. Las vistas desde el mirador de la Barre son excepcionales.

Más al este, pero aun sobre el Dordogne, el Chàteau de Fénelon es un recinto feudal más entre los de la región, pero está extraordinariamente bien conservado y mezcla los aires de una gran mansión con los de una fortaleza. François de Salignac de la Mothe Fénelon nació aquí un 6 de agosto de 1651, fue arzobispo de Cambrai y en 1699 publicó Aventures de Télémaque, una obra critica con Luis XVI que le causaría algunos problemas con el gobierno.

La región es rica en yacimientos arqueológicos de la prehistoria y cuevas naturales. Siguiendo la cuenca del rio Vézère se hallan Lascaux y su réplica Lascaux II en Montignac. Font-de-Gaume en Les Eyzes de Tayac, Rouffignac y en La Bugue la llamada catedral de vidrio de Proumeyssac. Lascaux contiene en la Salle des Taureaux unas excepcionales pinturas rupestres policromadas. Fueron pintadas hace diecisiete mil años.

En el curso del Vézère, tributario del Dordogne, continúan los ejemplos del paleolítico regional. Junto a Peyzac le Moustier está La Roque Saint Cristophe. En los acantilados que asoman al río se intuye a lo lejos una franja que parece cortarlos por la mitad. En realidad, son las viviendas troglodíticas que fueron habitadas desde la Prehistoria hasta acabada la Edad Media.

El río Vézère se encuentra con el Laurence allí donde está Montignac, otra pequeña población que conserva estrechas calles medievales y casas con fachadas de vigas de madera. El castillo que fue destruido en el siglo XIX guardaba uno de los vados del río.

Aunque ya fuera de los territorios del Perigord, Rocamadour está en el Haute Quercy, en el departamento del Lot, esta población fue un importante centro de peregrinación en la Edad Media. En la explanada que se halla a mitad de un acantilado de unos ciento cincuenta metros se concentran siete templos y santuarios: la basílica de Saint Saveur, la cripta de Saint Amadour, las capillas de Sainte Anne, Saint Blaise, Saint Jean Baptiste y Saint Michel y la iglesia de Notre Dame, donde se halla la Virgen Negra. Los peregrinos que acudían a contemplar la imagen ascendían de rodillas los doscientos dieciséis escalones que llevan hasta el santuario y una vez allí hacían sus ofrendas o depositaban sus exvotos. En Rocamadour también se produce un excelente queso de cabra que ha merecido el reconocimiento de su denominación de origen controlada.

© J.L.Nicolas

 

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