Jerash

21.01.2014 16:25

Adriano quiso conocer por si mismo los territorios que gobernaba. En el año 129 visitó una ciudad arrinconada en una esquina de su imperio, en una provincia extrema que se llamó Arabia. En una de sus ciudades, Gerasa, se le dedicó un arco triunfal para conmemorar su visita.

Gerasa, la actual Jerash hoy en Jordania, era en aquellos momentos una próspera ciudad en expansión. Pocos años antes se habían concluido  las nuevas vías que aceleraban las comunicaciones con el resto del Imperio. Carreteras pavimentadas y niveladas que reducían considerablemente las distancias y favorecían el comercio.

Antes de la conquista romana, en el 63 AC, Gerasa era ya una urbe helenizada que había sido conocida con el nombre de Antioquía de Crysorroas, la del río dorado. Había formado parte de la Decápolis, la liga de ciudades griegas y macedonias fundada por el rey seleúcida Antíoco III el Grande, entre las que formaban parte Damasco y Filadelfia, hoy Amman. Aunque también se han encontrado inscripciones que atribuyen su fundación a Alejandro Magno o a Pérdicas de Orestia, quien asentaría aquí a veteranos de su ejército y de ahí derivaría el gentilicio Gerasmenos, en griego significa persona mayor. Se cree que eso sucedió en la primavera de 331 antes de nuestra era, cuando Alejandro dejó Egipto, para, atravesando Siria, dirigirse a Mesopotamia.

Sin embargo Roma decidió construir una nueva ciudad planificada según el canon al uso, es decir una gran arteria, el Cardo, cruzada por otra transversalmente, el Decumanus, en una estructura reticular de cuadricula. Y alrededor la muralla que debía protegerla.

Junto al flamante arco de Adriano había un alargado hipódromo de 245 metros, en la forma de los circos clásicos donde compitieron caballos con o sin carro y atletas. Hasta quince mil personas se acomodaban en sus gradas. Al llegar a la muralla, la puerta meridional daba acceso a un monumental óvalo de noventa por ochenta metros rodeado de columnas jónicas.

A la izquierda, sobre una loma, se levanta el templo de Zeus, construido sobre los restos de otros anteriores. A su lado, el teatro del sur posee una excelente acústica que lo mantiene anualmente en activo cuando se celebra el Festival de la Cultura y de las Artes de Jerash. Cuando fue construido, en tiempos del emperador Domiciano, sobre el año 90, podía acomodar a algo más de tres mil espectadores.

De la plaza oval despega el Cardo Maximus, la arteria que aun conserva el pavimento de entonces. Son visibles las marcas que dejaron con el uso los carros que por aquí transitaron. También se sostienen en pie las innumerables columnas que flanquean la calle. Algunas de estas de estilo jónico fueron sustituidas en el siglo II por otras más sofisticadas de orden corintio.

El Cardo Maximus era la avenida principal de Gerasa, aquí asomaban las estructuras y edificios más relevantes de la ciudad. El Macellum, un ensanchamiento del Cardo donde se celebraba el mercado, justo enfrente de donde los Omeyas erigieron una mezquita de la que solo quedan los cimientos.

Aquí había la intersección con el primer Decumanus, la primera arteria transversal señalada por cuatro pedestales, el Tetrapilón. Entre ambos Decumani, norte y sur, en el punto más elevado estaba el templo de la patrona de la ciudad: Artemisa, hija de Zeus y hermana de Apolo, levantado sobre el año 150 en los días de Antonino Pío, conserva once de los doce columnas corintias frontales.

Frente al templo se construyó pocos años más tarde el Nymphaeum, una gran fuente ornamental dedicada a las ninfas, con acabados de mármol y una cascada central alimentada por las fauces de siete leones.

Junto al siguiente Decumanus, señalado por otros cuatro pilares que, con posterioridad serían dedicados a Julia Domna, la esposa siria del emperador Séptimo Severo, existieron unos baños de dimensiones considerables, obviamente con agua fría y caliente a disposición de los usuarios. Justo al lado el segundo teatro de la ciudad, de dimensiones más reducidas que el principal pero que aun así podía acoger a 1600 personas tras ser reformado en el año 235.

No faltaban innumerables pedestales, altares, estelas y estatuas que se esparcían entre las casas, domicilios y comercios, también existieron templos dedicados a Poseidón, Helios, Isis, Diana o Serapis, en un marco sincrético de creencias posiblemente hibridadas. 

Con el establecimiento del cristianismo como religión de estado los obispos de la ciudad participaban en los consejos. Lo hizo Exeresius en Seleucia en el 359 y el obispo Plancus en el de Calcedonia en el 451. En aproximadamente dos siglos, entre los años 400 y 600 se construyeron más de trece iglesias y una catedral que sustituyó al antiguo templo romano de Dionisio. Rodeando el templo de Artemisa están las iglesias de Isaías, San Genesio, probablemente construida en el 611 y última que se levantó, San Teodoro y San Pablo y San Pedro. La de los mártires gemelos San Cosme y Damián tiene en su suelo los mejores mosaicos de la ciudad con una inscripción escrita que los data en el año 531.

A principios del siglo VII la invasión persa y el colapso de las rutas comerciales con oriente iniciaron el declive progresivo de la ciudad. En el año 636 llegaron las tropas musulmanas y en Gerasa los años se empezaron a contar desde el de la Hégira del Profeta. A pesar de todo Gerasa continuó floreciente durante el periodo de los Omeyas. El terremoto de 749 y el desplazamiento del poder de Damasco a Bagdad relegaron a la ciudad a un segundo plano. El abandono y el hundimiento prosiguieron gradualmente. Algunas de las iglesias aun estaban dedicadas al culto cristiano en el año 720 cuando el califa Yazid II decretó la prohibición de imágenes e iconos.

A principios del siglo XII el atabeg de Damasco Zahir al Din Toghtekin aprovechó el templo de Artemisa como fortaleza hasta que los cruzados con Balduino II de Jerusalén a la cabeza los expulsaron y destruyeron las defensas. En 1806 la ciudad antigua fue redescubierta por el orientalista alemán Ulrich Jasper Seetzen quien inició las campañas de excavaciones. En 1878 los otomanos asentaron en la otra orilla del río a circasianos desplazados del Cáucaso. Acabada la Gran Guerra y desmembrado el Imperio Turco, Jordania, y con ella Jerash, quedaron bajo protectorado británico. Tras la Segunda Guerra Mundial la creación del estado de Israel conllevaría una nueva oleada de inmigrantes, en esta ocasión palestinos desplazados de sus territorios.

La moderna Jerash ha seguido creciendo, en la otra orilla, del otro costado de las murallas que protegieron a la antigua Gerasa, absorbiendo nuevos suburbios y abriendo horizontes junto a la memoria de las piedras.   

© J.L.Nicolas

 

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