La Capital del Mundo

09.02.2015 19:14

Según la leyenda Roma fue fundada por los gemelos Rómulo y Remo 754 años antes de nuestra era. Criados por una loba establecerían entre siete colinas la que llegaría a ser Caput Mundi, la capital del mundo.

Roma empezó a convertirse en ciudad sobre el siglo VII AC cuando la dinastía etrusca de los Tarquinos desecó el valle entre las colinas Palatina y Capitolina, construyó un templo dedicado a Júpiter sobre esta última y una primitiva muralla con una fosa para proteger a la población. La dinastía etrusca desapareció dos siglos más tarde sustituida por la República y la expansión de los territorios controlados por Roma en la península itálica.

En tiempos de Julio César ya estaba consolidado el Foro Romano y el Circus Maximus. Hoy el foro, o mejor los foros ya que se fueron ampliando y añadiendo construcciones adjuntas a la gloria de los emperadores, se percibe en toda su extensión desde la ladera del monte Capitolino. A la izquierda el tráfico circula incansablemente en ambos sentidos de la Via di Fori Imperiali, como si se tratara de una nueva y moderna Via Sacra, eje de los foros. Esta sigue discurriendo paralela a su derecha, tal como se aprecia desde la colina. Casi en primer término se alza el Templo de Saturno. Aquí se custodiaba el tesoro de la República: trece toneladas de oro, ciento catorce de plata y treinta millones de monedas. De él quedan ocho columnas que aún sustentan el friso. Prácticamente a su lado el Arco de Septimio Severo conmemora sus victorias contra los Partos en Mesopotamia y Arabia. Fue erigido en el año 203.

La Via Sacra acaba su recorrido ante el Templo de Saturno, pero poco antes pasa ante la columna de Foca, el emperador bizantino. Este fue uno de los últimos monumentos añadidos al foro. Esto ocurría en el año 608. Enfrente está lo que queda de la Basílica Iulia, iniciada en tiempos de César y acabada por Augusto, entonces sede del derecho civil cuya justicia se impartía en sus cuatro tribunales. Pasada la basílica se levantan los templos de Castor y Pólux y el Templo de Vesta. Este era circular, su cubierta sostenida por veinte columnas y estaba dedicado al culto de las Vírgenes Vestales quienes mantenían encendida una llama sagrada. Enfrente esta el Ara de César, donde fue incinerado tras ser asesinado. A pocos metros estaba la casa de las Vírgenes Vestales y el Templo de Antonino y Faustina, que se convirtió en atrio de la iglesia de San Lorenzo in Miranda. A su lado el Templo de Rómulo conserva sus puertas de bronce originales. Este también fue transformado en iglesia, la de los Santos Cosme y Damián. A continuación, de la Basílica de Constantino y Majencio quedan tres grandes bóvedas del que fuera el mayor edificio de los foros.

La Via Sacra acaba, en esta parte del foro, en el Arco de Tito, hecho construir en el año 81 por su hermano el emperador Domiciano para recordar la victoria sobre los judíos. En el arco está esculpido el botín que se obtuvo en Jerusalén. Nuevos foros ampliaron al ya antiguo Foro Romano y al de César. Al norte Trajano mandó a su arquitecto Apolodoro de Damasco la construcción de un gran complejo de mercados que albergó más de ciento cincuenta comercios y a las oficinas encargadas de la distribución del trigo. A poca distancia el mismo emperador hizo erigir una gran columna para celebrar sus victoriosas campañas en Dacia. La columna alcanza cuarenta metros de altura y tiene esculpido un friso espiral ascendente que narra el desarrollo de los acontecimientos. La estatua del emperador que estaba en lo alto fue sustituida en 1587 por otra de San Pedro. Al sur, donde hoy se abre la piazza della Bocca della Verità, se hallaba el Foro Boario, básicamente dedicado al mercado de reses. Aquí han quedado algunas construcciones en un estado de conservación excepcional: el Arco de Jano, el templo de Portuno y el circular Templo de Hércules, que recuerda la estructura de aquel de Vesta.

Al noroeste de los Foros, junto al Largo di Torre Argentina, se descubrió en los años veinte del siglo pasado un amplio espacio en el que habrían existido cuatro templos de la época republicana. Una plataforma ha sido identificada como parte de la Curia de Pompeyo, donde se reunía el Senado y donde fue asesinado Julio César.

El sucesor de César, su hijo adoptivo Augusto,  hizo construir un monumental reloj solar, del que apenas queda rastro, que empleaba un obelisco egipcio como nomon. El obelisco es el que ahora se alza en la plaza de Montecitorio. Augusto también hizo construir el Ara Pacis, un monumental altar que conmemoraba la pacificación del Imperio tras las campañas de Hispania y Galia. Las superficies de los muros que lo envuelven, de mármol de Carrara,  tienen esculpidas las figuras de personajes próximos al emperador durante una procesión. Los restos del emperador fueron enterrados en el gran Mausoleo de Augusto, un recinto circular de ochenta y siete metros de diámetro. Estuvo ornado con dos obeliscos egipcios que han ido a parar a las plazas del Quirinal y del Esquilino. El mausoleo se halla actualmente en un notable estado de abandono. El sobrino de Augusto, Marcello, ocupó el lugar antes que su tío, ya que murió prematuramente a los diecinueve años de edad. Augusto le dedicó el gran teatro que lleva su nombre, el Teatro de Marcello, junto al Tíber. Con el tiempo fue reconvertido en fortaleza y en palacio para acabar prácticamente abandonado. Sus plantas bajas fueron ocupadas por talleres y humildes viviendas.

Uno de los lugartenientes de Augusto, Marcus Agrippa, se encargó de algunos edificios que se levantaron en el Campus Martius, al norte de la ciudad, de los cuales ha perdurado el Panteón, aunque fue considerablemente modificado ya en el año 125, en días del emperador Adriano. De hecho el pórtico fue construido sobre los cimientos del templo antiguo. El interior es espectacular, la enorme cúpula de cuarenta y tres metros, tanto de altura como de anchura, está rematada en un oculus de nueve metros de diámetro que proporciona la iluminación del templo. El círculo de luz recorre a lo largo del día la pared de la cúpula. Aquí están inhumados el pintor y arquitecto renacentista Rafael de Urbino, bajo una estatua de la Madonna de Lorenzetto, y el rey Víctor Manuel II. Muy cerca esta la piazza Colonna donde se ubicó en el siglo II la Columna de Marco Aurelio, hoy coronada por una estatua de San Pablo, que celebraba la victoria del emperador contra germanos y sármatas en el Danubio.

A principios del siglo III Roma ya había alcanzado el millón de habitantes. En el 271 las murallas habían ampliado notablemente el perímetro defendido y el crecimiento urbano iba en aumento. Además de las competiciones celebradas en el Circus Maximus la plebe acudía en masa a presenciar los espectáculos del Anfiteatro Flavio, el Coliseo. Se aseaban y relajaban en los baños públicos de Trajano o en los de Diocleciano. En el Circus Maximus se celebraban las competiciones hípicas y de las famosas cuadrigas, el gran estadio, el mayor del Imperio con más de medio quilómetro de longitud, podía acoger hasta doscientos cincuenta mil espectadores. De él queda el trazado, restos de la curva meridional y parte de la spina, la mediana que separaba el circuito. Otro tipo de espectáculos se celebraban en los anfiteatros. El del Coliseo es su mayor expresión. El nombre lo debe a una monumental estatua de Nerón que se hallaba en el exterior, y que debido a sus dimensiones era conocida como el Coloso. El verdadero nombre era Anfiteatro Flavio, por la dinastía de emperadores que lo construyó. Sus obras fueron acabadas en el año 80 por Tito, hijo de Vespasiano. Sus graderías podían sentar a cincuenta mil personas que acudían a presenciar combates entre gladiadores o fieras traídas de África y de Asia. En sus galerías y túneles subterráneos se gestionaba la aparición de animales, luchadores y esclavos en la arena como si se tratara de una coreografía. En el exterior se levanta el Arco de Constantino, en recuerdo de la batalla del Puente Milvio en octubre del 312 que ganó Constantino I el Grande marcando el fin de la primera tetrarquía.

Los baños públicos fueron numerosos en la capital del mundo. En el siglo III el emperador Diocleciano mandó construir las que serían las mayores termas de Roma. Las Termas de Diocleciano, con capacidad para tres mil usuarios y que estuvieron en funcionamiento hasta el año 537. Parte del gran complejo fue reutilizado por templos cristianos, la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri y San Bernardo alle Terme. El Museo Nacional Romano conserva una pequeña parte de las instalaciones y estatuas y estelas de la época.  

Sobre el Circus Maximus, la colina Palatina era el espacio escogido por los emperadores para establecer sus residencias, en algún caso con vistas y acceso directo a la tribuna. Augusto vivió en la conocida como Casa de Livia, su esposa, una vivienda modesta para el primer emperador de Roma que aun conserva algunas de sus pinturas murales. Sin embargo sus sucesores no compartirían  su sencillez y optaron por alojarse en nuevos y suntuosos palacios. El de Septimio Severo incluía sus propias termas y junto a este estaba el Estadio Palatino o Hipódromo de Domiciano.

De las murallas de la antigua metrópolis aun quedan importantes fragmentos y algunas puertas. Junto a la de San Paolo hay una curiosa pirámide, se trata de la Pirámide de Cayo Cestio, un magistrado acomodado que quiso ser enterrado como un faraón en el 12 AC. Tres siglos más tarde la pirámide se empleó para reforzar las Murallas Aurelianas que defenderían a la Caput Mundi aun durante dos siglos, hasta que llegó la ruina de la Roma Eterna con la destitución del último emperador de Occidente, Rómulo Augusto, por el caudillo germánico Odoacro.

© J.L.Nicolas

 

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