La Ciudad Cuadrada

12.01.2013 19:59

O casi, ya que Malé es un poco rectangular. En sus apenas dos quilómetros de largo por poco más de uno de ancho conviven unas ciento cincuenta mil personas, más o menos la mitad de la población de la República de Maldivas, de la que es capital. De hecho buena parte de la superficie que ocupa son terrenos ganados al mar. Pero ya no hay más que ganar, el antiguo arrecife ya está completamente repleto: de tierra importada, de edificios y calles y de habitantes.

Malé se ha acabado extendiendo sobre las islas cercanas. Villingili acoge una nueva urbanización y se ha convertido en el apetecible quinto distrito de la ciudad. El aeropuerto internacional está en la vecina Hulhule donde parece que los aeroplanos aterricen sobre el perfil de la espuma de las olas. Los residuos se depositan en Hulhumalé al tiempo que estos alimentan las bases de una nueva isla. Funadhoo soporta los depósitos de petróleo que suplen el combustible que alimenta el trafico de las limitadas calles de la capital.

El nombre de esta proviene del sanscrito y viene a significar algo así cómo la gran casa. La pequeña mansión está atravesada de oeste a este por Majeedi Magu, una de sus calles principales y eje comercial en alguno de sus tramos. Marina Drive rodea la ciudad a modo de paseo marítimo, o al menos, así lo entienden sus habitantes cuando, antes de la puesta de sol, deambulan en las proximidades de los enormes bloques tetrápodos de cemento que, a modo de rompeolas, protegen el paseo. Allí se sientan a charlar sorbiendo algún refresco, mirando a los peces que se acercan a la orilla y observando los botes que inician el regreso a casa.

 Marina Drive también se conoce cómo Boduthakurufaanu Magu, en homenaje al gran héroe local que en 1573 expulsó, una vez facilitado el traspaso a mejor vida, a los portugueses: el gran Mohamed Thakurufan.

Jumhooree Maidan, la plaza de la República, es la principal de la ciudad. En ella un enorme estandarte de Maldivas, morado y verde con el cuarto creciente en blanco, ondea permanentemente en las proximidades de la sede del gobierno y del flamante Centro Islámico, inaugurado en 1984. No muy lejos, en una calle adyacente, al reguardo de la brisa marina, Medhuziyaarai Magu, se alza Hukuru Miskiiy, la Mezquita del Viernes y más antigua del país, construida en 1656 sobre los cimientos de un antiguo templo pagano. Fuera hay un pequeño cementerio musulmán. Las viejas lápidas proporcionan algunas pistas sobre quienes ahí reposan. Las que están rematadas en una pequeña punta ojival corresponden a los hombres, las que lo hacen en forma semicircular, a mujeres. Otras, las menos, tienen inscripciones grabadas en oro. Pertenecen a algunos de los sultanes que, en su día, gobernaron Maldivas.

Aunque alguna vez también gobernó una reina. Rehendi Kilege, o Khadija, quien reinaba cuando el celebre viajero de Tánger, Shams ad-Din Abu Abd Allah Muhammad ibn Muhammad ibn Ibrahim al-Luwati at-Tanyi, conocido simplemente cómo Ibn Battûta, recaló en Malé. Battûta fue empleado en la corte en calidad de cadí, juez, y permaneció en las islas durante un periodo de nueve meses antes de partir hacia Ceilán. Durante ese tiempo Battûta se casó y se divorció de seis esposas, lo que le permitió, con conocimiento de causa, escribir en sus libros de viajes un pequeño apéndice dedicado a Las Mujeres de Dhîbat Almahal (Maldivas), en el que nota que no se cubren ni la cabeza ni los senos. Ni siquiera la reina. Sobre los desposorios y el divorcio Battûta constata que es fácil casarse en estas islas, gracias a las módicas dotes...cuando llega un bajel, la marinería toma esposa, se casa, y cuando deben partir la repudian...las mujeres de Maldivas jamás salen de su país.

Hoy, mientras están en él, en su capital, acuden a bañarse, ironías del paraíso, en la playa artificial construida recientemente al este de la ciudad, en terrenos ganados al mar, con la cabeza y los senos cubiertos.

© J.L.Nicolas

 

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