La Embajada del Cielo

16.06.2017 17:21

Es un Estado dentro de otro Estado que tan solo ocupa una pequeña parte de una ciudad, apenas medio quilómetro cuadrado. El Vaticano es como una embajada en la Tierra del Reino de los Cielos. Ninguna otra religión aspira a tener semejante legación terrenal.

Un Estado de tales dimensiones ha de generar forzosamente datos curiosos. Es el único país que tiene como lengua oficial una lengua muerta: el latín, aunque, por cuestiones prácticas y de proximidad es cooficial el italiano. Unas seiscientas personas disfrutan de la nacionalidad, entre doscientas y trescientas son residentes y unas cuatro mil quinientas son empleados que entran y salen a diario. La Guardia Suiza no cuenta, son suizos. La excepcionalidad de la nacionalidad vaticana es que esta no se adquiere por nacimiento, nadie da a luz en la Santa Sede, sino que se adquiere por concesión y se mantiene mientras dure la residencia entre sus muros. A pesar de esa limitada población tiene sus propios medios de comunicación, que, obviamente tratan de influir más allá de sus fronteras. Son Radio Vaticano, dirigida por la Compañía de Jesús, el Centro Televisivo Vaticano y el diario impreso L’Osservatore Romano.

Sus finanzas provienen de las aportaciones de católicos de todo el mundo y de las gestiones financieras del Instituto para Obras de Religión, su banco. Su moneda, el euro, se acuña en el estado vecino y, como los sellos, está ostensiblemente orientada al mercado del coleccionismo. Una fuente de ingresos alternativa es el turismo, en forma de recuerdos, libros y las visitas a los Museos Vaticanos.

La firma de los acuerdos de Letrán en 1929 marcó la configuración del Vaticano actual, en sus límites y en su relación con Italia y el mundo. Hasta entonces los Estados Pontificios habían combatido, en sus inicios tras la caída del Imperio Romano, contra Longobardos al norte y Normandos al sur. Luego debería medrar entre las intrigas de los cambiantes reinos italianos y las repúblicas marítimas y posteriormente tuvo su némesis en el Imperio Otomano.  En 1870 fueron incorporados al entonces recientemente creado Reino de Italia.

La puerta de entrada de esta embajada divina es la Plaza de San Pedro. Ocupa ni más ni menos que una quinta parte del territorio vaticano y se abre como una gran antesala de la basílica. Es obra del arquitecto napolitano Gian Lorenzo Bernini, que acabó en 1667. Desde la Via della Conciliazione doscientas ochenta y cuatro columnas cierran el espacio que observan quedamente las estatuas de ciento cuarenta santos. En el centro se eleva el obelisco egipcio que un día presidió el Circo de Nerón, donde se supone que fue crucificado San Pedro. Es el mudo testigo.

La Basílica de San Pedro es el mayor templo cristiano del mundo, su interior ocupa una superficie de casi dos hectáreas. La primera basílica paleocristiana fue construida sobre el espacio donde había existido un circo, por decisión del primer emperador cristiano, Constantino el Grande, quien quiso levantar un templo sobre la tumba del Apóstol y primer Papa de la Iglesia. Se supone que este fue el circo donde se martirizó al apóstol y donde murió crucificado cabeza abajo. De hecho, el descubrimiento de esta no se produciría hasta el papado de Pio XII, en 1939, cuando se realizaron unas excavaciones en la cripta de la basílica descubriendo una necrópolis. El 23 de diciembre de 1950 el mismo Papa hizo público el anuncio de la identificación de la tumba, hecho que confirmó en 1968 el Papa Pablo VI. La basílica tal como se halla actualmente se acabó en 1626. En ella participaron Donato D’Angelo Bramante, Miquel Ángel, Carlo Maderno y Bernini. La cúpula es la más alta del mundo, supera los 136 metros de altura y es visible desde toda la ciudad de Roma. Su perímetro es tan solo ligeramente superado por las del Panteón de Agripa y la del Duomo de Florencia. En su interior se realizó en letras de dos metros la inscripción: TV ES PETRVS ET SVPER HANC PETRAM AEDIFICABO ECCLESIAM MEAM ET TIBI DABO CLAVES REGNI CAELORVM (Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia. A ti te daré las llaves del reino de los cielos).  Sus balcones están decorados por relieves que representan las reliquias mayores: la punta de la lanza de Longinus que hirió el torso de Cristo o el paño de la Verónica. Por encima, una inclinada escalera interior lleva hasta el mirador que corona la cúpula. Si está se ve desde toda Roma, toda Roma se ve desde ella. También los tejados de los Museos Vaticanos.

La extensa colección de obras de arte acumuladas por la iglesia se ha ido recogiendo en diversos museos, en una pinacoteca y en una de las mayores bibliotecas del mundo, también permiten el acceso a la famosa capilla Sixtina, donde se realizan los conclaves para la elección de los Papas y recargadamente decorada por Miguel Ángel. La escena de la Creación de Adán es celebérrima, no mucho menos lo son los frescos del Juicio Final. Después de haber tocado el cielo, la salida de los museos se hace descendiendo por una espectacular y amplia escalera en espiral, obra de Giuseppe Momo.

© J.L.Nicolas

 

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