La Isla de la Calma

25.08.2017 19:16

Se precisa de una cierta voluntad para llegar hasta ella. No hay aeropuerto, por tanto la única vía es la marítima que la enlaza con el Puerto de Ibiza. Sus dimensiones han limitado forzosamente la capacidad de absorber visitantes, hecho que la ha apartado ligeramente del turismo de masas. Formentera está aun relativamente aislada del resto de sus vecinas mayores y del resto del mundo.

La puerta de Formentera está en los Freus, los poco más de seis quilómetros que separan los estrechos que, uno tras otro, se suceden entre ambas islas y que a causa de los vientos y sus aguas turbulentas han sido pródigos en percances marítimos. Mientras el transbordador avanza recuerdan a las Rocas Erráticas de las que Circe advirtió a Ulises: unas rocas altísimas, contra las que se estrella el oleaje de la oscura Anfitrite. Los dioses felices las llaman Rocas Errantes. No se les acerca ningún ave, ni siquiera las temblorosas palomas que llevan ambrosía al padre Zeus; que, incluso de éstas, siempre arrebata alguna la lisa piedra.

El Freu Petit separa las rocas del Escull de Terra, la Seca de Sa Barqueta y En Caragoler de Ses Illes Negres y la isla de Es Penjats, su nombre alude a que antiguamente existió un patíbulo para advertir a los piratas, aunque una leyenda lo atribuye a siete reos condenados a muerte que fueron abandonados en el islote. Al carecer de verdugo el trabajo se encargó secretamente a uno de ellos a cambio de su vida. Dos días más tarde, cuando fueron a recoger los seis cadáveres y al traidor hallaron, con sorpresa, los cuerpos de los siete colgando de sus respectivas horcas. El paso principal, Es Freu Gros, está entre esta última y la Illa des Porcs. A pesar de ser el paso principal apenas alcanza una milla. El siguiente, el Freu del Far, está entre esta y la de Sa Torreta y S’Espalmador, que fue refugio de contrabando y donde hay algunos restos púnicos. Por último, y antes de llegar al puerto de La Savina, está el Pas de s’Espalmador que acaba en la Punta des Borronar, en la estrecha franja de terreno que forma al norte la isla de Formentera y donde están las playas de Ses Illetes y de Llevant.

Antes que los actuales y modernos transbordadores enlazaran Ibiza con La Savina pequeños llaüts facilitaban el transporte de pasajeros y mercancías. Con Es Caló, que se consideraba peligroso y difícil o con el Estany del Peix en invierno. A finales del siglo XIX recalaban en el primero los llaüts San Agustín, el Virgen del Pilar y el Dos Hermanos. En La Savina amarraban los llaüts Verd, Joven Catalina y Joven Pepito. Fue 1907 el año en el que se introdujo el vapor. El Vapor Constante fue pionero. Lo mencionaba la Guía del Turista de Arturo Pérez Cabrero publicada en 1909: Para ir a Formentera conviene hacer el viaje en el vaporcito Constante, un martes o un jueves, pues los domingos hace escala en los faros y se pierde todo el día en el viaje... Se sale a las 8 y se llega entre las 10 y las 11. Josep Plà narraba que, antes de su visita a la isla, la travesía la realizaba una barca a la que, ostentosamente, llamaban el falucho, en palabras del escritor ampurdanés una bona embarcació per anar a palangre. El trayecto no se cubría diariamente, se hacían salidas lunes, martes, jueves y sábados. Le siguieron otros y la constitución de las compañías navieras que garantizaban el enlace entre las islas, pero son particularmente recordados los dos últimos transbordadores antes de la aparición de las modernas motolanchas. El Vapor Manolito fue merecedor incluso de una calle en La Savina, junto al puerto. El Manolito fue construido en los astilleros de Gijón en 1925. Sus dieciséis metros de eslora y poco más de cuatro de manga fueron empleados para la pesca en Andalucía antes de que fuera adquirido para realizar el enlace entre Ibiza y Formentera. Protegido por un toldo que, supuestamente, debía aliviar al pasaje de la exposición a los rayos del sol empezó a cubrir la línea en 1950, hasta el 15 de marzo de 1960, día en que pasada la Torre de Sa Guardiola soportó a duras penas un fuerte golpe de mar. Pudo llegar hasta el Racó de S’Alga donde definitivamente escoró y tocó fondo. Los diecinueve pasajeros, sanos y salvos fueron rescatados por el Ciudad de Formentera. En 1965 entró en servicio la motonave Joven Dolores, del armador Josep Serra i Ferrer construida en Tarragona, de la que decían que era la única capaz de completar el recorrido aun con mala mar, hasta que fue adquirida por la Marítima de Formentera. Prestó servicio regular hasta el año 1995 y fue desguazada en Denia en el 2005.

Prácticamente lo primero que se encuentra al desembarcar son las salinas. Parece que las mismas que ocupan el mediodía de Ibiza se prolongasen en el norte de Formentera. De hecho el Parque Natural abarca a ambas y en Formentera comprende a cuatro estanques de diversas dimensiones, a poniente de La Savina el Estany des Peix, y a levante las Salines Ferrer, las d’en Marroig y Estany Pudent. Este había sido una laguna de agua dulce que apenas llegaba en su punto más profundo a los cuatro metros. En el siglo XVIII se abrió un canal, Sa Sequia, que lo comunicó con el mar abierto dejando de ser un lugar insalubre de aguas estancadas que, sin embargo, no ha modificado el nombre. En la parte externa de Sa Sequia se talló en la misma piedra un vivero para conservar viva la pesca proveniente de la laguna. Se extraían las huevas que, una vez secas, se exportaban a la península. Un tren que transportaba la sal hasta el puerto recorría la barrera septentrional. El Estany Pudent se habría denominado anteriormente Estany des Flamencs, aves hoy prácticamente inexistentes en estas aguas, aunque como ocurre en muchas ocasiones la leyenda le atribuye otros orígenes, en este caso a la disputa entre dos hermanas por la herencia de los terrenos hoy anegados. Ambas pasaron de las palabras a las maldiciones:

-       Mala fi puguis tu fer, i s’hisenda també! 

-       Lo que desitges tenguis!

que acabaron cumpliéndose cuando una gran ola cruzó sobre las dunas inundando sus casas y sus terrenos. El ingeniero Pablo Ordovás, destinado en Ibiza en 1796 recogía sus impresiones sobre el lugar: Los ardores del sol en el estío lo corrompen, causando un fetor intolerable en sus inmediaciones, lo que hase se respire un ayre pestilente y nocivo. (sic) 

Entre el Estany Pudent y Marroig, un sepulcro megalítico deja constancia de que la isla estuvo habitada desde la antigüedad, aunque fuera discontinuamente. Es Ca na Costa, que, descubierto en 1974, era popularmente conocido como es rellotge, por su disposición geométrica en tres círculos concéntricos que recuerda a un reloj. En Barbaria hay tres yacimientos arqueológicos de otros tantos asentamientos megalíticos que datan del 1900 al 1600 AC. Roma también dejó su huella con el Castellum de Can Blai, un puesto de observación y defensa en la zona del istmo, descubierto en 1979 entre las poblaciones de Sant Ferran y Es Caló. Durante el periodo Andalusí, Formentera sufrió la visita de los hombres del norte. Ya hacía años estos habían devastado las costas gallegas y la propia Ishbiliya, Sevilla, casi a las puertas de la capital del Emirato. Ahora, en el año 1109, el rey Sigurðr Magnusson, también conocido como el Cruzado, regresando de Tierra Santa recaló en la isla atacando a la guarnición musulmana en la Cova d’es Fum que debe su nombre a ese episodio. Los hechos están relatados en el poema Útfararkviða de Halldórr Skvaldri, incluido en la historia de los reyes de Noruega en el Heimskringla de Snorri Sturluson de 1220: Varð fyrir stafni/ styrjar gjornum / friðraskaði/ Forminterra / þar varð eggjar/ ok eld þola/ blámanna lið/ áðr bana fengi. (Ante Formentera llegó deseoso de combate. La hueste de los sarracenos, antes de recibir la muerte hubo de soportar la espada y el fuego.)

Entre la conquista catalana en 1235 y el año 1696 la isla estuvo prácticamente desierta. Las incursiones piratas desaconsejaban repoblarla hasta que de un modo más o menos voluntario o más o menos forzado, se establecieron los primeros colonos de los que hay constancia de sus nombres, Marc Ferrer y Blai Tur Damià y lo hicieron cerca de Sa Tanca Vella. Esta primera capilla fue construida en la isla en 1336, un siglo después de la conquista de Guillem de Montgrí. Hasta el siglo XVIII no se construirían nuevos templos en la isla. En 1738 la iglesia de Sant Francesc Xavier y en 1772 la del Pilar de la Mola, sobre una de las dos masas rocosas que dominan la isla y que le proporcionan su peculiar forma. Entre ambos promontorios se alarga el istmo de Es Carnatge, el cual, en su punto más estrecho apenas alcanza un quilómetro y medio y arranca en la pequeña población de Es Caló, apenas un refugio pesquero sino fuera por algunos apartamentos y restaurantes.

El macizo triangular que se alza a poniente forma el cabo de Barbaria. Su superficie es una meseta despoblada que acaba abruptamente sobre el mar formando acantilados que sobrepasan los cien metros de altura. En el vértice está el faro, el más meridional de Baleares y cerca de él una antigua torre de vigilancia, la d’en Garroveret., que junto a otras cuatro, la de Sa Guardiola en el la isla de Espalmador, la de Sa Gavina, la d’es Pí des Català y la de Punta Prima, todas construidas durante el siglo XVIII, organizaba la vigilancia de la isla en tiempos convulsos.

A levante, como si se tratara de un contrapeso, el territorio vuelve a elevarse para, del mismo modo que en Barbaria, precipitarse al mar desde las alturas. Su punto más alto está en la Talaiassa de la Mola, a 195 metros del nivel del mar. Sobre el macizo de la Mola está la Iglesia del Pilar, muy cerca el antiguo molino de viento, de 1778, al norte la Cova Fumada que remite a la leyenda de sarracenos y normandos y al este el faro. Fue construido en 1861 y en su anecdotario particular figura el rescate de un piloto de aviación durante la Segunda Guerra Mundial quien fue llevado hasta la base de hidroaviones que entonces existía en el Estany Pudent. El farero recibió mil pesetas de la época como recompensa. Cerca de este una placa instalada en 1978 recuerda al escritor francés Julio Verne, quien se inspiró en Formentera, sin haberla pisado jamás, para su novela Hector Servadac, voyages et aventures à travers le monde solaire, en la que el choque de un aerolito contra la tierra provoca la separación de un fragmento de esta que viajará por el espacio. El fragmento no es otro que una parte del Mediterráneo occidental:

Formentera! s’écrièrent presque à la fois le comte Timascheff et le capitaine Servadac. Ce nom était celui d’une petite île du groupe des Baléares, situé dans la Méditerranée.

(Formentera! Gritaron casi a la vez el conde Timascheff y el capitán Servadac. Este era el nombre de una pequeña isla del grupo de las Baleares, que se encuentra en el Mediterráneo.)

© J.L.Nicolas

 

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