La Isla de las 500 Iglesias

03.11.2017 10:20

Míkonos, la capital egea del turismo de sol y playa, de las fiestas, el desenfreno y el hedonismo sin límite, posee curiosamente un índice insospechadamente desproporcionado de iglesias, oratorios, ermitas y capillas. Quizás sea para compensar los excesos.

Desde cualquier punto de la isla no es necesario buscar con la mirada durante mucho tiempo. Pronto, al lado de una carretera, sobre una colina, de lejos y de cerca, se percibirá el perfil de un campanario, una cúpula pintada de rojo o de azul, contrastando intensamente con la cal que cubre las paredes. En Míkonos los templos se cuentan por centenares y solamente en Hora, la ciudad, no hay menos de ochenta.

La razón se puede buscar en una población piadosa pero quizás mejor en aquellos que con algunos recursos quisieron agradecer en algún momento de su vida salir de un mal trago. Dicen que marineros en agradecimiento de haber sobrevivido a una tormenta particularmente fatal, quizás campesinos por una cosecha que se iba al traste y acabó siendo lo suficientemente abundante como para costear una pequeña capilla. Muchas están dedicadas a santos apenas conocidos, otras identificas con una pequeña placa de mármol, algunas no tienen siquiera nombre, pero en común tienen la patina roma que el tiempo y las sucesivas capas de cal les han ido otorgando. Los interiores suelen ser tan simples y sencillos como las fachadas pero no exentos de bellos iconos iluminados a veces por la tenue llama de los cirios que les han ofrecido. En ocasiones su concentración es inusual y sorprendente, tanto que los mismos locales denominan kouseyares a la agrupación de diversas capillas como si se hallaran reunidas en pleno chismorreo en voz baja. Alrededor de una pequeña plaza entre las calles Eggotounou, Dimitriou y Agios Panteleimonos llegan a aglomerarse hasta siete oratorios, cuatro de ellos alineados uno junto a otro. También las hay que están rodeadas por las mesas de los restaurantes. Los domingos se confunden los comensales con los fieles. O quizá no. 

La más fotografiada de la isla es Paraportiani. Junto a la vieja entrada del Kastro, la fortaleza y antes de llegar al barrio de la pequeña Venecia se perfila inconfundible la silueta de la iglesia Panagia Paraportiani, emblemática de Míkonos. Inmaculadamente blanca, cada sucesiva capa de encalado ha suavizado extraordinariamente sus esquinas. Su nombre significa literalmente Nuestra Señora de la Puerta Lateral y en realidad se trata de un conglomerado de cinco iglesias distintas, la primera de las cuales data de 1425. En la base se unieron las capillas de San Eustaquio de Antioquia, San Sozón, mártir de Cilicia, Agios Anargyroi o los Santos Desinteresados y Santa Anastasia. Sobre ellas una escalera exterior lleva a la quinta, la dedicada a la Virgen María, construida encima formando la cúpula.

Allí donde acaba la pequeña Venecia y de hecho en el mismo barrio de Alefkandra está Panagia Teotokos Pigadiotisa, la catedral de Míkonos. Una doble espadaña sobre la puerta lateral acompaña al pequeño campanario de dos pisos. Casi al lado se alza la única Iglesia Católica, dedicada a la Virgen María. Esta abre exclusivamente entre finales de abril y octubre y la razón es que la población local sigue el rito ortodoxo, por tanto solo los turistas acuden a sus misas. Data de 1668 y el icono de la Virgen con el Niño fue traído de de Venecia en 1715.

Como otras, Agia Kyriaki enarbola una enseña helénica, frente a su puerta se extienden las cuatro mesas de un pequeño café y junto a la entrada cuelga el obituario de la semana. Dentro está enterrado el almirante griego Nikolaos Sourmelis, quien debería ser un personaje apreciado, ya que su casa de Tria Pigadia sirve hoy de sede del Museo Marítimo del Egeo. A dos pasos se camufla tras un árbol la iglesia de Profitis Ilias, la cual, como una placa se encarga de recordar, fue una vez, en 1615, ayuntamiento de Hora. 

Tras la famosa fachada de los balcones multicolores de la Pequeña Venecia discurre la estrecha callejuela de Agios Anargiron. Sin acabar de pasar las tiendas se suceden un par de pequeños campanarios, sus espadañas y sus naves aun tienen unas dimensiones razonables, pero un poco más allá, los números 47, 49 y 51 corresponden a sendas entrañables capillas, la última de 1616 tiene un icono de Agios Nikolaos y su suelo atestigua algunos enterramientos del siglo XIX. 

El puerto no está desprovisto de oratorios, ni mucho menos. Cerca de la Paraportiani, junto al muelle, una capilla más dedicada a Agios Nikolaos cumple con todos los requisitos de un templo ejemplar del Egeo, paredes inmaculadas y  cúpula azul coronada por una cruz. El interior compite subiendo la tonalidad del color azul externo. Entre las cafeterías sobresalen un par de cúpulas más, estas de un rojo ligeramente apagado. La última es la de Agia Anna, más pequeña y precedida de una maciza barandilla de obra y encalada.

En la población de Ano Mera, en el centro de la isla, se construyó el monasterio fortificado de la Panagia Turlianá, patrona de la isla que se celebra el 15 de agosto. Fue fundado en 1542 por dos monjes provenientes del monasterio de Ekatondopylani, en la vecina isla de Paros. Tomó su aspecto actual en 1787 cuando fueron reconstruidos tanto el monasterio como la iglesia. El campanario, único por su estilo poco ortodoxo, fue construido con mármol traído de la isla de Tinos. Una fuente, también de mármol, recuerda aquellas de Nikolaos Mavrogenus en Parikia. En las afueras, junto a las ruinas del kastro veneciano aun se utiliza la capilla de Agias Triados, la Santísima Trinidad, que como la fortaleza es del siglo XIII, pero a diferencia de esta se ha ido manteniendo. En los alrededores hay más, Agios Giorgios, Agios Nikolaos, Matías...la lista es casi interminable. Más allá, la playa.

© J.L.Nicolas

 

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