La Vía Nova

05.08.2014 09:44

Como Bob Dylan en los años sesenta Cayo Calpetano Rantio Quirinal Valerio Festo pensó probablemente  que los tiempos están cambiando, al ver acabada la nueva calzada que tuvo el honor de inaugurar y que ya unía Bracara Augusta con Asturica Augusta, en el extremo del Imperio. Vespasiano, el Emperador, había ordenado su construcción para facilitar el transporte del oro de las minas de la Gallaecia y para reducir, notablemente, las distancias entre las ciudades más importantes de la región. La obra la verían acabada sus hijos Tito y Domiciano.

Ahora para llegar de una urbe a la otra ya no era necesario invertir días enteros recorriendo las doscientas quince millas que las separan. Un ligero cisium de un solo axis bien calibrado, finas llantas pulidas manualmente y tirado por dos jóvenes caballos, no sufrirá el mismo castigo sobre la nueva calzada y no invertirá más de tres jornadas en completarla. El trayecto era el más corto de los existentes hasta el momento y estaba perfectamente señalizado cada mil pasos, es decir cada milla romana en las que los miliarium, pétreos mojones, indican las distancias y dan noticias sobre los artífices y modificaciones de la vía. A intervalos razonables para una jornada de andadura, una mansio y sus tabernae permitían pernoctar, restaurarse y refrescar las caballerías.

Habían quedado atrás los tiempos oscuros, de estúpida y supersticiosa credulidad, en los que los legionarios se negaban a atravesar el rio Limia en la convicción que era en realidad el Lethæus, aquel que, al contrario que el Mnemósine, sustraía los recuerdos y abandonaba la memoria, innecesaria en el país de los difuntos. La imaginería lo situaba en este extremo del Imperio, al oeste de la Hispania Citerior, cerca del brumoso Finisterrae. Supercherías que ya el Praetor Décimo Junio Bruto se encargó de desacreditar cuando llamó a sus soldados por su nombre, uno a uno, desde la otra orilla del rio, una vez el mismo hubo vadeado el cauce.

Valerio Festo mandó grabar su nombre sobre la piedra al concluir la nueva calzada XVIII, la Vía Nova, para que su gloria sobreviviese cualquier inoportuno traspaso accidental del Lethæus. Podría ser letal. El granito, bien labrado, jamás olvida.

La red de Cursus Publicus , la red viaria, establecida por Augusto en el cambio de milenio, es decir, más o menos en el albor de nuestra era, aspiraba a facilitar las comunicaciones y el tránsito de mercancías en el Imperio. Unos trescientos años más tarde Antonino recogería en su Itinerarium Antonini las 372 vías estatales oficiales, que constaban en el registro del praetor. La Vía Nova consta en el capitulo Item alio itinere a Bracara Augusta. La red completa llegó a cubrir unos ciento veinte mil quilómetros y por ella circulaban innumerables carrucas, carpentum, carrus, cisium y plaustrum, tirados por caballos, mulas o bueyes, amén de los viajeros de a pie, el más común de los medios de transporte.

Partiendo de la urbe de Bracara Augusta, la nueva calzada se dirige hacia el noroeste. Carromatos y caballerías pisaban una bien nivelada, compacta y rígida superficie en la que sus siete metros de anchura permitían una circulación relajada. A lo largo de todo el trayecto no supera los seis grados de desnivel, y las lluvias, abundantes en la región jamás anegarían la superficie peraltada con precisión y dotada de canales de desagüe en ambos costados. Penetrando la Serra do Gerês, hoy en Portugal, la vía llega a la milla XXI donde se hallaba la primera parada, la mansio Salaniana, los vestigios de la cual podrían estar bajo Terras de Bouro. En el actual puesto fronterizo de Portela do Homem, a setecientos cincuenta metros de altitud, se conservan nueve miliarios. Uno de ellos indica las reparaciones efectuadas en vias et pontes temporis vetustate conlapsos restituerunt.  Algún tramo de calzada, restaurado, desciende hacia la ladera gallega de la Serra de Xurés, por el margen derecho del rio Caldo,  pero en ningún caso alcanza la anchura original. Junto a la carretera que baja hacia Lobios un grupo de miliarios anagráficos está expuesto al lado de la calzada remozada entre Ponte Nova y A Pala Falsa.

La segunda mansio descrita en el manual de Antonino se halla en las proximidades de Lobios, en Baños de Riocaldo. Cerca de las modernas instalaciones termales están los restos de Aqvis Originis, entre los que se puede ver semirestaurado el hipocaustum, el sistema de calefacción que se encontraba en unos hornos en el exterior de la edificación.

La siguiente parada es Aqvis Qverqvennis, junto al embalse de las Conchas que en ocasiones anega parte de los restos del antiguo campamento militar. En los buenos tiempos de la Vía Nova, Aqvis Qverqvennis llegó a convertirse casi en una polis, tal como la definió Ptolomeo. Junto a esta, la guarnición militar ejercía el control de la zona. Al menos quinientos legionarios ocupaban los veinticinco mil metros cuadrados del acuartelamiento, al resguardo de sus muros de más de tres metros de altura. Se cree que acogieron a la primera Cohorte Gallaica Equitata o quizás a la tercera de la Legion VII Gemina. Tras las excavaciones realizadas durante el siglo pasado se han dejado al descubierto las bases de dos de las cuatro puertas del campamento, la porta principalis sinistra y la porta decumana, el sector administrativo o principia, el hospital o valetudinarium, los horrea o despensas, y varios sectores de barracones con sus contubernia, cubículos para los soldados y compluvium, cisternas de recogida de aguas pluviales.

Pasado Aqvis Qverqvenis la vía se bifurcaba. Un ramal se dirigía hacia Lucus Augusti, Lugo, cruzando el Miño por el puente romano de Orense. El otro prolongaba la Vía Nova hacia las mansio de Geminas, Salientibus y Presidio hasta llegar al rio Navea, salvado por un puente. A partir de este punto la contabilidad de las distancias en los miliarios se hacia en referencia a Asturica Augusta en lugar de Bracara. Cerca de este lugar, Ponte Navea, y junto a un cruce de carreteras en la parroquia de San Xoán de Rio, se conserva una agrupación de miliarios sin referencia alguna.

En las afueras de la Pobla de Trives la calzada descendía hacia el Bibei en zig zag para salvar la fuerte pendiente que hay entre Mendoia y el rio, más de trescientos metros de desnivel que se trabajó con excavaciones y terraplenes en lo que ahora se conoce por el nombre de Los Codos. Sobre el rio, el puente de tres arcos de amplitud desigual, es el que mejor se ha conservado en toda Galicia. Levantado en tiempos de Trajano aun está en uso y una columna erigida cerca del puente así lo atestigua: IMP CESAR DIVI  NERVAE  FILIVS NERVA TRAIANVS AVG OPTIMVS GERMANICVS.  Otro miliario reconoce a Valerio Festo su labor: VIA NOVA FACTA C CAL RANTIO VAL FESTO LEG AVG P P y acaba señalando la distancia que resta aun hasta el campamento de la Legio X Gemina: AB ASTVR M P XCIV, Astorga noventa y cuatro millas.

© J.L.Nicolas

 

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