Las Puertas del Infierno

16.06.2016 18:24

A principios del año 1900 el controvertido autor irlandés George Bernard Shaw pasó unos días en los alrededores de Tikitere, en las cercanías de Rotorua y del lago homónimo. Como su personaje Pigmalión, transformando a Elisa Doolitle, Shaw transformó el lugar al rebautizarlo. Tras su visita Tikitere se convirtió en Hell’s Gate, las Puertas del Infierno. Aunque ateo, esta fue la impresión que se llevó el escritor de este lugar.

En el centro de la Isla Norte de Nueva Zelanda, la región de Bay of Plenty es una de las zonas del país más sensibles a la actividad volcánica y consecuentemente también a las manifestaciones geotermales: géiseres, humeantes fumarolas, hirvientes piscinas de lodo y sulfurosas aguas termales. Entre la bahía y la región de Taupo, todos esos fenómenos se concentran en los alrededores del lago Rotorua. Diez mil años atrás otro gran lago con una profundidad de treinta metros ocupaba la zona. Al vaciarse hacia el mar dejó los dos lagos que existen hoy y posibilitó la afloración de la actividad termal.

El parque de Hell’s Gate está dirigido por la tribu que ancestralmente ha habitado la región: Ngati Rangiteaorere. El nombre Tikitere proviene de una leyenda maorí en la que una joven princesa llamada Hurutini se precipitó en una piscina hirviente para evitar una disputa familiar. Su madre encontró junto a una de las hirvientes piscinas su korowai, túnica. Creyendo, acertadamente, que había perecido en ella, se puso a llorar exclamando: Ane e tere nie taku tiki, aquí yace mi preciosa hija. Las dos palabras principales Tiki, abreviatura de Hei Tiki, algo precioso que se lleva colgado del cuello, y Tere, desaparecer, formaron la combinación Tikitere, que dio origen al nombre del lugar. La piscina donde se ahogó la joven conserva su nombre: Hurutini. Un alto sacerdote maorí, Te Unauhu, quien vivió en la zona en el siglo XVIII, acostumbraba, con un grupo de acólitos, bañarse diariamente en estas primeras piscinas, Devil’s Bath y Hurutini. Creía que sus poderes adivinatorios mejoraban con su tratamiento en las aguas cálidas de Tikitere. Aunque los 95 grados centígrados a que está el Baño del Demonio solo sugiere prever que acabaría hervido, o cuanto menos, poché.

Antiguamente los maoríes acudían aquí a recoger el agua con azufre, que empleaban en la elaboración de ungüentos medicinales. En Hell’s Gate existe la mayor catarata de agua caliente del hemisferio sur, Karaki, donde esta desciende desde su nivel más alto a 38 grados.

Al sur de las puertas del infierno y del lago Rotorua se extiende otra gran área geotermal: Wai-O-Tapu, que en maorí significa Agua Sagrada y que ocupa una superficie de dieciocho quilómetros cuadrados. Quizás la zona más espectacular sea la extensa y multicolor piscina central que se puede atravesar gracias a una pasarela. No en vano uno de sus lados se llama Artist’s Palette, la Paleta del Artista. Frente a ella The Champagne Pool, la piscina de champagne, con sus sesenta metros de diámetro y otros tantos de profundidad es la mayor del complejo. Sus aguas contienen trazas de oro, plata, antimonio, azufre, arsénico, mercurio y talio que se acumulan en la orilla creando unas llamativas formaciones calcáreas rojizas. Las burbujas del champagne son de dióxido de carbono y llegan a 74 grados centígrados a la superficie elevándose en forma de vapor sobre el líquido. Grafito y petróleo se conjuntan para formar Devil’s Ink Pots, los Tinteros del Diablo. Opal Pool, las piscinas de Ópalo vierten sus aguas sulfurosas en un prolongado talud denominado Bridal Veil Falls, Velo de la Novia, que se tiñe en su fondo del amarillo proporcionado por el azufre. Pasados otros fenómenos de nombres sugerentes: Sulphur Cave, la Cueva del Sulfuro o Oyster Pool, la piscina de las Ostras, se percibe el lago Ngakoro y su catarata formados por una erupción hace casi un milenio.

Cerca de Wai-O-Tapu está el puntual géiser de Lady Knox. Puntualmente lanza cada día a las 10 y quince minutos un monumental chorro de agua que se eleva a una altura de entre diez y veinte metros.

Con tantos nombres referentes a Satán: la casa, la cueva, el tintero, etc...no es de extrañar que Shaw se sintiera en la antesala de la morada del maligno. Solo sorprende que, en su socarronería, no quisiera modelarle una My Fair Lady. La única explicación es que la escribió una docena de años tras su visita a Nueva Zelanda.

© J.L.Nicolas

 

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