Los Castillos de Cymru

15.04.2013 18:11

El País de Gales, es decir Cymru, está ubicado bajo una gran nube. Bajo la nube llueve y, a veces, la lluvia se doblega a causa de la fuerza del viento. Entonces llueve horizontalmente. Cuando el viento se lleva la nube, al mismo tiempo arrastra una nueva. Cymru, es decir el País de Gales, no sufre sequía. Sus acuíferos subterráneos están repletos. Los ríos bajan llenos. El agua cae del cielo y permanece en el aire. Además está el mar. En resumen, Gales es un país húmedo.

Aquí llegaron para remojarse algunas tribus nómadas en el neolítico y posteriormente tribus celtas. Todos dejaron su huella en el territorio, en forma de inhumaciones pétreas o de recintos fortificados sobre las colinas. Tras ellos, y sin paraguas, llegaron los romanos.

Quizá fueron los ojos de algún subalterno de Publius Ostorius Scapula, o quizás de Gaius Suetonius Paulinus, gobernadores romanos en Britannia, quienes al mando de sus legiones hostigaron y conquistaron lo que hoy llamamos Gales, los primeros en descubrir las fortificaciones de las tribus britonas. O quizá ya hubieran sido soldados de Aulus Plautius, el general que comandó las legiones IX Hispana, II Augusta, XIV Gemina y XX Valeria Victrix que invadieron Britannia en el año 43. O quizás los de algún decurión entre los que expulsaron a los druidas de Ynis Môn durante las campañas de Gnaeus Julius Agricola contra Ordovicos, Siluros y Caledonios en el año 78.

Alzando la vista contemplarían los muros de piedra que soportaban las empalizadas de madera sobre, por ejemplo, la colina de Dynas Powys, en el valle de Glamorgan, Llanmelin, o Caer y Twr, sobre la montaña de Holyhead en Anglesey. Desde tiempos del Neolítico la población de las islas se refugiaba en recintos fortificados, conocidos hoy como hillforts, o fortificaciones erigidas sobre oteros elevados. Quedan los restos de centenares de ellos. Más amplios, algunos ocupan hasta 80 hectáreas, más reducidos, a veces tan solo una. Más espectaculares por su estado de conservación, o simplemente un túmulo circular que apenas se puede intuir. Muchos de ellos continuaron abrigando población durante los años de dominio de Roma, otros se fueron abandonando, y otros aun serían repoblados en la Edad Media.

Al poco tiempo de consolidar sus conquistas y controlar el país Roma extendió su red de carreteras, abrió minas y fomentó el comercio. La vía principal al sur de Gales iba de Glevum (Gloucester) hasta Moridunum (Carmathen) y más allá. También levantó sus propias fortificaciones, campamentos y fuertes auxiliares: Deva Victrix, Cardiff, Caer Gybi, Caernarfon, Segontium... y asentamientos estables que se convirtieron en ciudades, de la que se conserva una muestra extraordinaria en Civitas Silurum (Caerwent). La ciudad romana conserva prácticamente completo el perímetro amurallado, la vía principal, antiguo cardo está hoy asfaltado. Y se conservan los cimientos de la principia, antiguos habitáculos del mando, de los barracones de la tropa  y un santuario donde se levantaban efigies de Júpiter y el emperador. Fuera de las murallas el asentamiento se extendía con más comercios y viviendas de familiares, servicio y empleados que desarrollaban sus labores en la ciudad. En el porche de la iglesia de Saint Stephen, en el centro del recinto, se guarda una columna que fue dedicada por el consejo local al comandante de la II Legio Augusta, Tiberius Claudius Paulinus, quien llegaría a ser gobernador de Britannia Inferior. Civitas Silurum fue una ciudad importante. Figuraba en el Iter Britanniarum del Antonini Itinerarium y en el cuarto libro de la Ravennatis Anonymi Cosmographia del siglo VII.

La II Legio tenía su base a poca distancia de Venta Silurum, en Isca Augusta, hoy Caerleon, junto al río Usk. Caerleon llegó a tener unos amplios baños y anfiteatro, ambos conservados junto a tramos de lienzo de muralla y un área de barracones de tropa.

La caída del Imperio se llevó consigo sus legiones y en las islas británicas surgieron pequeños reinos controlados por señores locales. Las invasiones de anglos y sajones empujaron a los britanos romanizados hacia el oeste tras la batalla de Chester en el año 616. Los ejércitos de Powys, en el actual Gales, dirigidos por el rey Selyf ap Cynan sucumbieron al empuje de los ejércitos anglosajones del rey Aethelfrith. El territorio de Gales continuó dividido en reinos menos que más poderosos: Gwynedd, Deheubarth, Powys, Gwent, Gwynllwg...que crearon unas marcas fronterizas, Marchia Wallia, entre los reinos galeses y los anglosajones. Estos últimos, en el siglo VIII, durante el reinado del rey Offa, en Mercia, construyeron una larga barricada a lo largo de la frontera, Offa’s Dyke, de la que aun quedan trazas.

 

En el siglo X empezaron las incursiones normandas que concluirían con la conquista de Inglaterra en 1066, tras la batalla de Hastings. En Gales, sobre Gwynedd y Powys reinaba Bleddyn ap Cynfyn. Estos fueron los reinos que permanecerían más estables y que aun serían relativamente independientes del control normando hasta la unificación del principado de Gales en 1216.

Los normandos iniciaron la construcción de los primeros castillos, la mayor parte de ellos en el arco fronterizo para consolidar las posiciones y controlar el territorio de los pequeños reinos galeses como Gwent o Deheubart que sucumbieron a los embates del siglo XI. Al principio eran de factura poco costosa, constituidos por un promontorio natural o artificial sobre el que se edificaba una torre y un patio cercado por una empalizada. Cuando los reinos galeses recuperaron el control del territorio construirían fortificaciones al estilo de los normandos en Castell-y-Bere, Dolwyddelan, Criccieth, Carreg Cennen y tantos otros sitios a lo largo de la frontera. Los castillos normandos se sofisticaron con el paso del tiempo, dando forma a construcciones más sólidas y robustas, como las de Monmouth, Chepstow, Cardigan, Pembroke, Laugharne...este último, en la boca del río Taf, documentado en 1116 en la Crónica Galesa de los Príncipes, Brut y Tywysogyon, sería gobernado por Rhys ap Gruffudd, uno de los señores que dominaría la escena política del Gales occidental en el siglo XII.

En el 1276, a causa de las rebeliones galesas, la corona inglesa declaró la guerra. Tras la derrota de Llywelyn ap Gruffudd, Gales solo conservó el territorio de Gwynedd. Tras perder una segunda guerra en 1284 el Estatuto de Rhuddlan incorporó el Principado a Inglaterra. Eduardo I creó, en pocos años, un anillo de castillos para consolidar su poder en Gales, rodeando con especial ahínco la región montañosa de Snowdonia, en el norte.

Durante 12 años gasto 60.000 libras, más de diez veces los ingresos anuales del reino. Los castillos de Eduardo I fueron diseñados en meses por un solo hombre: el maestro James de Saint George d’Esperanche. Trazó imponentes puertas, barbacanas, matacanes y saeteras. Incorporó nuevas ideas en las construcciones militares, defensas concéntricas, grandes lienzos de muralla, puertas fortificadas. Cada uno de los castillos estaba integrado a una localidad amurallada, generalmente repoblada por colonos ingleses. Las fortalezas se construyeron con acceso al mar, de manera que pudieran ser abastecidas en caso de sitio.

El castillo de Flint, en Clwyd se inició en 1277, y el de Rhudlan poco después, aun antes de la segunda guerra con Gales. Ambos poco más que una ruina en la actualidad. Les seguirían los de Aberystwyth, Ruthin y Hawarden. Concluida la segunda guerra se empezó la construcción de las enormes fortalezas que cerrarían el anillo: Caernarfon, Conway y Harlech. El de Caernarfon se levantó sobre la base de una fortificación normanda anterior.  Eduardo I alentó a su maestro de obras a emular las murallas de Constantinopla imitando las paredes de Yedikule, las siete torres que defendían la puerta de la urbe del Bósforo. Caernarfon no fue solamente una plaza fuerte inglesa en Gales sino que se convirtió en centro administrativo y judicial y en núcleo comercial de las comarcas colindantes. Al poco tiempo de su construcción, un 25 de abril nació el primer príncipe de Gales de origen inglés, Eduardo de Caernarfon o Eduardo II, hijo de Eduardo I. En 1911 se retomó la ceremonia de nombrar aquí al príncipe de Gales. En 1969 recayó sobre Charles, hijo de Isabel II. El perímetro de la ciudad amurallada se ha preservado completo, al igual que en la vecina Conwy, manteniendo la estructura medieval de sus calles.

En el otro extremo del estrecho de Menai y sobre la otra orilla, en la isla de Anglesey, se levantó Beaumaris, el más perfecto y concéntrico. Beau Mareys’, el castillo del hermoso pantano, fue iniciado un 18 de abril de 1295, última conquista de Eduardo I en Gales, con él completó el círculo de fortificaciones que rodearon el norte del país. El trazado concéntrico, de una simetría sin par en anteriores construcciones del maestro James of Saint Georges, sería finalizado por Nicholas de Derneford. El castillo apenas tiene historia que contar. Jamás sitiado finalizó sus funciones de guarnición poco antes de acabar la Guerra Civil inglesa, en 1646. Ya en el siglo XVIII adquirió un abundante manto de hiedra tal como lo retrato el grabador Alfred Sumners.

Con la llegada de la dinastía Tudor alguna de las fortalezas fue notablemente modificada, mejorando sustancialmente las zonas habitables y sin propósitos de reforzar la defensa. El último construido en Gales fue el de Raglan en 1435.

A partir de finales del siglo XVIII, con el Romanticismo, las ruinas en que se habían convertido la gran mayoría de fortalezas, se pusieron de moda. Las pinturas de Turner y otros grabadores y pintores a la acuarela como el mismo John Boydell de Hawarden exaltaron el gusto de un público que empezaba a sensibilizarse y a apreciar su patrimonio cultural.

© J.L.Nicolas

 

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