Los Palacios de Seúl

11.06.2015 20:04

Un tigre sentado fuma parsimoniosamente una larga pipa. Me observa como si siempre hubiera estado ahí. Dos garzas alzan el vuelo hacia el sol poniente atravesando las nubes. Quizás sean las nubes de humo que exhala el tigre. No me pregunto quienes son ni que hacen en mi sueño. Despierto en algún hotel de Namsan-Dong. Despierto en Seúl.

Sobradamente renacida de las cenizas de la Guerra de Corea, Seúl es una ciudad superlativa. Contando con su enorme área metropolitana, es la segunda únicamente tras la de Tokio. Veinticuatro millones de habitantes se aglomeran en ella aunque solamente once pertenecen propiamente al municipio. Todos ellos generan un PIB cercano a los 800 millones de dólares, lo que los sitúa en el cuarto lugar tras, de nuevo, Tokio, Nueva York y Los Ángeles. 1.768.064.067 era el número de reproducciones en You Tube que acumulaba en el momento de escribir estas líneas el rapero más popular de la ciudad, Psy, con su Gangnam Style.

Pero todas esas cifras descomunales parecen desvanecerse, no en el elitista barrio de Gangnam, sino en calles como Insadong, con sus anticuarios, casas de té y pequeños restaurantes, que parecen retenidas en días que ya solamente existen en el recuerdo de algunos ancianos. O en la que fue la puerta meridional de la ciudad, Namdaemun, una de las dos que perviven junto a Dongdaemun. Namdaemun, hoy en el centro de una plaza rodeada de un incesante trafico rodado fue la gran puerta del sur, sobrevivió a la demolición de las murallas, a la construcción del tranvía e incluso a la guerra con Corea del Norte, sin embargo no pudo con la rabia desbocada de un vecino que, en 2008, causó un incendio para protestar contra el gobierno.

La proximidad de la frontera, a una cincuentena de quilómetros mantiene viva la tensión que desata más o menos periódicamente el gobierno de Pyongyang con sus órdagos balísticos y que suelen ser respondidos en ocasiones con manifestaciones en la ciudad.

Seúl posee amplias zonas verdes en el mismo centro de la ciudad. Namsan es una colina de 260 metros sobre la que se construyó la torre de comunicaciones conocida como torre de Seúl o de Namsan, el punto más elevado de la ciudad. En su cuarta planta hay un observatorio con extraordinarias vistas sobre la ciudad, también se puede comer en el restaurante giratorio. Un teleférico, construido en 1962, acerca la cima de la colina a los ciudadanos. Competiría por las vistas el Edificio 63, un rascacielos de sesenta y tres plantas situado a orillas del río Han que fue concluido tres años antes de los Juegos Olímpicos de 1988. Sus ascensores externos llevan hasta otro mirador, no menos espectacular que el de Namsan. Revestido de color dorado, exagera ese efecto durante la puesta de sol. Fue el edificio más alto de Corea del Sur hasta 2003 cuando fue superado por la Hyperion Tower del complejo de Mok-dong, en la misma ciudad y de nuevo en 2012 por el Three International Finantial Centre, o IFC Seúl, en Yeouido-dong.

Otras agradables zonas verdes rodean los antiguos palacios de la ciudad. Changdeokgung, el Palacio del Este, es uno de los cinco grandes palacios construidos por la dinastía Joseon y conserva algunos elementos del periodo de los Tres Reinos de Corea. Se construyó a principios del siglo XV y sus jardines abarcan medio millón de metros cuadrados, japoneses y manchues insistieron en destruirlo en diversas ocasiones, lo cual no fue óbice para que fuera reconstruido fielmente de nuevo. Changdeokgung fue sede de la corte real y del gobierno hasta 1868 cuando el vecino palacio de Gyeongbokgung fue también reconstruido. Hoy quedan trece edificios y veintiocho pabellones que se reparten un espacio de cuarenta y cinco hectáreas. El salón principal o salón del trono está en el pabellón de Injeongjeon, que era usado para ceremonias, coronaciones o recepción de embajadores. La última emperatriz de la dinastía Joseon residió en el Daejojeon donde se puede apreciar como eran los últimos años de la casa real. Junto al Nakseonjae las tonalidades rojizas y verdes del otoño se confunden con la de los pabellones que se levantan y apoyan en el estanque de los lotos como ensimismándose. El Palacio del Este compartió la historia de la dinastía Joseon durante medio milenio, desde su establecimiento en 1405 hasta la abdicación del emperador Sunjong en 1926.

Otro de los grandes palacios de Seúl, el Gyeongbokgung, fue la principal residencia de la dinastía Joseon, construido por su primer monarca Lee Seong-Gye en 1395 y es el mayor de los cinco. Como el anterior fue asolado y estuvo abandonado hasta la reconstrucción de 1867. Se accede a él bajo la puerta meridional de Gwnghwamun. En el patio externo se halla el pabellón del salón del trono Geunjeongjeon construido casi por completo de madera, donde el rey concedía audiencias y efectuaba los discursos solemnes. Su acceso está ornado con figuras de animales entre los que no faltan bestias míticas y dragones. Ante la entrada dos hileras de piedras señalaban a los dignatarios los lugares marcados por el protocolo.

Entre los numerosos pabellones que tiene el complejo el Gyeonghoeru se utilizaba para celebrar los banquetes reales. Se trata de una estructura de madera sostenida por sillares de piedra que se encuentra en el centro de un lago artificial. Tres puentes de madera conducen hasta él. El Donggung estaba habilitado para los príncipes cerca del Hyangwonjeong, una pequeña estructura hexagonal de dos pisos erigida sobre otro pequeño lago y unida por un puente. El nombre del pabellón significa algo así como del aroma de gran alcance y el del puente llamado Chwihyanggyo, puente intoxicado por la fragancia, una consecuencia lógica dada la proximidad.   

El río Han se desliza suavemente a través de la ciudad, bajo sus puentes y sobre sus túneles. Hoy en día se han trazado calzadas para peatones y ciclistas a lo largo de sus orillas con algunos cafés y restaurantes que permiten hacer una pausa en el paseo.

© J.L.Nicolas

 

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