Napier, la Ciudad Art Deco

02.06.2017 08:54

Notas de fox-trot y de dixie fluyen a lo largo de las calles en un volumen cada vez más perceptible. Siguiéndolas se llega a una plazoleta en la que una banda que parece salida de alguna pequeña ciudad de Alabama o de Missouri se explaya arrancándolas de sus instrumentos. Las parejas danzan a su ritmo, ataviadas como si aún vivieran en los felices años veinte. Las fachadas de las casas que los circundan son acordes. Es Napier, Nueva Zelanda. La ciudad del Art Deco.

Cada año, a mediados de febrero y de julio, la capital de Hawkes Bay celebra su fin de semana Art Deco, donde, además del atuendo, un sinfín de vehículos de época circulan por las calles de la ciudad. En festejos públicos y privados, en bares y restaurantes, en las aceras de la calle, se respira el ambiente retro que lo impregna absolutamente todo. Damas con tocados emplumados y parasoles se sientan en las cafeterías junto a caballeros con tirantes y blancos sombreros de paja saboreando aperitivos añejos. Un tipo que se asemeja a un clásico gánster de Chicago y otro que parece el Gran Gatsby se apean de un lujoso Packard del 39.

El Art Deco tuvo su origen en Europa. Se empezó a forjar a principios del siglo XX y fue ampliamente difundido tras la Exposition des Arts Decoratifs et Industriels de Paris en 1925, donde se formó un grupo de artistas interesados en la nueva corriente de artes decorativas, de ahí Art Deco, que incorporaron elementos futuristas a conceptos provenientes del Art Nouveau. En Estados Unidos, su máxima expresión en la arquitectura está reflejada en el neoyorquino Chrysler Building.

¿Qué hace el Art Deco en las antípodas? La causa se remonta a las diez y cuarenta y siete minutos de la mañana de un martes 3 de Febrero de 1931. Napier, Hastings, Havelock North y otras poblaciones de la Bahía de Hawkes fueron arrasadas por un brutal seísmo que casi alcanzó los ocho grados en la escala de Richter. Duró dos minutos y medio y durante las dos semanas siguientes se registraron 525 réplicas. Provocó 256 víctimas mortales, 161 de ellas en Napier, y miles de heridos.

El Art Deco, del que ya habían existido algunos ejemplos antes del terremoto, arraigó poderosamente en la reconstrucción de la ciudad. Estaba en pleno apogeo y eso convirtió el centro en un extenso escaparate del estilo más popular del momento. El listado de edificios construidos entonces es amplio, hay 123 censados en un estudio que hace referencia exclusivamente a Napier, incluyendo el nombre y uso de cada uno de ellos y referencias a otros ya demolidos. La mayoría, lógicamente, en el centro de la ciudad, entre las calles Browning y Dickens y entre Clive y Marine. Algunos son verdaderos emblemas del estilo, como la fábrica de tabacos, el Rothmans Building, el Parker’s Chambers, con influencias del arquitecto Frank Lloyd Wrigth, el Masonic Hotel, con su coqueta cafetería, que una vez, en 1952, alojó a la reina Isabel II o el Northe’s Building con su veranda de cristales triangulares. En resumen, es como un auténtico museo de la arquitectura de los años 30 al aire libre.

Pero el Art Deco no solamente se manifiesta en la arquitectura de la ciudad. Los carteles y paneles con los nombres de los comercios o cualquier otra indicación emplean tipografías del mismo estilo. Anna, Bernard Fashion, Blakely, Broadway, Busorama, Chic, Coquette, Gallia, Mona Lisa, o Silvermoon son algunos ejemplos de ellas. Usan una gama de diseños sin complicaciones, aunque con una cierta sofisticación ostentosa. Un glamour vintage.

En 1985 se fundó el Art Deco Trust, un organismo con apoyo del ayuntamiento que se dedica a promocionar el estilo de la urbe. Gestiona los dos encuentros anuales, edita publicaciones y algunos libros y organiza paseos guiados para visitar los puntos más relevantes en la ciudad.

En los encuentros el escenario se completa con desfiles de coches de época conservados con un mimo extremo. Packards, Rolls Royce, Morgan, Buicks, más de dos centenares se reúnen en las calles de Napier donde hacen sonar sus bocinas mientras circulan orgullosos de ser capaces de ello todavía. Luego, aparcados frente a los cafés de Marine, los dueños se ufanan sacando brillo a retrovisores y faros ante una audiencia complacida.

El Art Deco también se extiende, aunque en menor medida, por el valle. Hastings conserva un buen número de edificaciones del mismo estilo aunque sin llegar ni de lejos al nivel de su ciudad vecina. En el resto del valle se vislumbra un futuro más bien vinculado a la economía vitivinícola. En Hawkes Bay han proliferado los pequeños dominios que conjugan la elaboración de sus caldos blancos con el creciente flujo de enoturistas ávidos por catar nuevos sabores entre las viñas.

© J.L.Nicolas

 

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