Niebla, una Taifa Occidental

11.01.2018 12:22

Niebla, a medio camino entre el Condado y el Andévalo, en la ruta de Sevilla a Huelva, a una treintena de quilómetros de esta última y junto al cauce del Río Tinto que antaño, cuando le llamaban Luxia, fue navegable hasta la misma ciudad, conserva en un admirable buen estado el anillo de murallas que cierran aun por completo su casco antiguo.

Niebla fue, con algunas variantes, la Ilipula de tartesios, Ilipla para Roma y Elepla para los visigodos. Tras el desembarco musulmán se convirtió en Labla al Hamra, centro de una Cora que en los días de los Omeyas abarcaba prácticamente la actual provincia de Huelva y de la que dependían poblaciones entonces menores como la propia Awnaba (Huelva), Aljabal (Almonte, literalmente) o Jabal al Uyum (Gibraleón). En 1023, con el desmoronamiento del Califato, la Cora se dividió en dos reinos de Taifas, el de Huelva y el de la propia Niebla. La dinastía Yahsubí, con Abu al Abbas Ahmad ben Yahya, tomó el poder atrincherándose en el hisn, la Alcazaba unida a la muralla.

La Taifa fue autónoma a lo largo de cincuenta años cuando acabó siendo absorbida por la de Sevilla. Tras los años de dominio almorávide se constituyó una efímera segunda Taifa que apenas existió durante cinco años, entre 1145 y 1150 regida por Yusuf al Bitruyí. Desintegrado el imperio almohade se formó en 1234 una tercera Taifa gobernada por Ibn Mahfut. Este extendió su influencia por todo el actual Algarve portugués aunque a partir de 1253 se convirtió en vasallo del rey castellano Alfonso X quien acabaría ocupando la ciudad nueve años más tarde inaugurando el uso de la pólvora como arma en occidente, es decir la artillería.

Las esplendidas murallas, cuyas bases ya eran de origen tartesio, fueron ampliadas y reforzadas durante el dominio almorávide, hacia el año 1130. Murallas y torreones defendían un perímetro de casi tres quilómetros con una altura que alcanza los dieciséis metros y poseía cuarenta y ocho torres de base cuadrada y dos octogonales. La mayor parte se puede recorrer tranquila y fácilmente a pie. El acceso a la medina se hacía a través de cinco puertas aun muy bien conservadas con trazado de recodo, es decir se habían de atravesar dos umbrales ubicados perpendicularmente para así, quien entrase, expusiera forzosamente un flanco indefenso. La carretera A-472 pasa ante dos de ellas, la del Socorro, llamada así por un fresco de la Virgen del Socorro que hay en una de las paredes del torreón que guarda la entrada. Se dice que es la puerta que franqueó Alfonso X el Sabio cuando tomó la ciudad.

Hacia el este, a poca distancia, se abre la puerta del Agujero que aprovecha un antiguo arco de la ciudadela romana al que se ha añadido recientemente una escalinata de piedra que facilita el acceso a la calle del Arrabal. Junto a la calle Ortega Egurrola está la puerta de Sevilla, que lógicamente indica la dirección que partía desde ella. Entre esta y la del Agua, estaba la del Embarcadero, hoy derrumbada y que daba acceso al río Tinto. Al sur queda la puerta del Agua, de estilo almohade, también cercana al río aunque probablemente su nombre se deba a que por ella se canalizaba la que debía abastecer a la ciudad.

Por último, la del Buey, también orientada al sur recibe su nombre por una supuesta estratagema que ingenió Ibn Mahfut durante el asedio de Alfonso X dejando escapar un buey para hacer creer a los sitiadores que no escaseaban los víveres en la ciudad.

Entre las puertas de Sevilla y del Socorro se sitúa la Alcazaba, núcleo fortificado de la población y palacio de residencia de los emires, primero de los representantes del Califato y posteriormente de las Taifas durante los días de al Ándalus, acabó llamándose Castillo de los Guzmanes tras la conquista.  El cuarto conde de Niebla, don Enrique de Guzmán derribó en 1402 la parte más antigua dejando las dependencias de construcción andalusí y reconstruyendo la torre del Homenaje que aun debería sufrir los efectos del terremoto que en 1755 azotaría el sur de la península desde Lisboa hasta la costa andaluza y los destrozos ocasionados por el ejército francés durante la Guerra de la Independencia en 1812.

En Labla al Hamra oficiaron al menos dos mezquitas. La mezquita mayor o aljama que tuvo entre cinco y seis corredores y que tras la conquista fue transformada en la iglesia de Santa María de la Granada. Se derribó la arquería modificándola por tres naves mudéjares. Aun conserva algunos muros, parte del mihrab y el minarete convertido en campanario. Algunas de las columnas recuerdan que inicialmente fue un templo romano e iglesia bizantina. Sin embargo la parte más remarcable es el pequeño patio de naranjos, que fue el de las abluciones, anexo al templo al cual se comunica a trabes de una preciosa puerta de arco lobulado.

La mezquita menor fue durante una época sinagoga antes de convertirse en la iglesia de San Martín que en 1921 fue partida en dos para abrir una calle al tráfico. A un lado quedó la fachada y al otro el ábside y una capilla. Ha quedado un destacable arco de herradura enmarcado en un alfiz, ahora da la sensación de ser una puerta que no lleva a ningún lugar.

En la plaza de la Feria, en su soleado centro, una alba estatua representa al último emir de la Taifa de Niebla y del Algarve entre los años 631 y 670 de la Hégira. Mira hacia el río, a la puerta del Embarcadero que ya no existe.

© J.L.Nicolas

 

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