Serendipity

25.02.2013 18:26
f. Serendip, un antiguo nombre de Sri Lanka +-dad. Un término acuñado por Horace Walpole, quien dice (Carta  a Mann, 28 de enero 1754), que lo había formado sobre el título del cuento de hadas 'Los tres príncipes de Serendip ", los héroes de que` siempre estaban haciendo descubrimientos , por accidentes y sagacidad, de cosas que no estaban  buscando'.

La facultad de hacer descubrimientos felices e inesperados por accidente. Además, el hecho o una instancia de un descubrimiento. Anteriormente rara, esta palabra y sus derivados han tenido amplia aceptación en el siglo 20 (del Diccionario de Inglés de Oxford)

Serendipity puede ser traducido como un accidente agradable, o una placentera sorpresa. Es un término robado del árabe sarandib que a su vez proviene del sanscrito suvarnadweepa, que significa isla dorada. Sarandib es como conocían los musulmanes la antigua Ceilán y así consta en la fábula de hadas persa Hasht Bihist, Ocho Paraísos, escrita por Amir Kushrau en 1302 y que sería traducida al italiano por Christoforo Armeno y publicado en Venecia por Michele Tramezzino en 1557 con el título Peregrinaggio di tre giovani figliuoli del re di Serendippo. En ella se relata como un rey oriental se esfuerza en dar una buena educación a sus tres hijos, para ello les manda partir de viaje, en el que diversas aventuras en las que encadenaran sus dotes de observación más algunas coincidencias afortunadas facilitaran un desenlace airoso.

Weligama se asoma sin curiosidad alguna a su propia arenosa bahía, entre Matara, más importante quizás por ser capital de distrito y, al norte, las suaves playas de Unawatuna. Poblado arenoso, eso significa su nombre, más o menos. En los foráneos despierta la curiosidad la técnica de pesca de sus habitantes, suspendidos literalmente sobre largos bastones varados en el fondo de la rada. La carretera que lleva hacia Colombo bordea lacónicamente el perfil de la costa.

La agradable sorpresa la causó una tormenta tropical que alivió el sofoco del verano cingalés. Refrescaba y humedecía el aire a consciencia, casi voluntariamente, como si las gotas fueran construidas una a una. Los cocoteros se mecían al ritmo del viento que transportaba caprichosamente las gotas de lluvia en direcciones distintas. Ahora hacía el interior, ahora hacía la playa. A veces simultáneamente en sentidos opuestos. Se diría que la gente era casi indiferente al aguacero. Alguno desplegaba un paraguas, otros recorrían el paseo en bicicleta, otros resguardados en el interior de un rickshaw. Contrastes sobre un fondo plano desdibujado por la densidad de la tormenta. Deposité cuidadosamente la cámara sobre una mesa a resguardo del agua, fije la exposición, el enfoque y encuadré. Dejé que los accidentes agradables se fijaran en la película sucediéndose uno tras otro. Una mañana de serendipity. Chiripa en castellano.

© J.L.Nicolas