Tarifa, en el Año del Desembarco

11.08.2016 18:07

Al-Walid ibn Abd al-Malik, sexto califa omeya, jugaba con su hijo en la amplia estancia, junto a una pila de abluciones en su palacio de Damasco cuando dos mensajeros le trajeron simultáneamente noticias desde los extremos de su reino. El primero anunciaba la conquista de la Transoxiana, en Asia Central, el segundo el éxito en el paso del estrecho, en Occidente. El Califato Omeya acababa de poner un pie en el país de los Vándalos, Al Ándalus.

A la muerte de su rey, Witiza, asumió el poder Luderic despreciando los derechos de sucesión de sus tres hijos. Además Luderic, Don Rodrigo, tenía un contencioso pendiente con uno de sus subordinados, un personaje oscuro en la historia que podría haber sido un exarca bizantino. Alguien a quien los bereberes de Ifriquiya, la nueva provincia del Califato de Damasco, llamaban Yulyan, Señor de Septa, Ceuta. Este, deseoso de vengar una afrenta personal acudió al gobernador de Ifriquiya. Fue a reunirse con Musa bin Nusayr en la ciudad de Qairuán. Musa escribió a su vez al Califa de Damasco para exponerle la situación y tantear los posibles beneficios que se pudieran obtener. Al Walid le respondió: Manda a ese país algunos destacamentos que lo exploren y tomen informes exactos y no expongas a los musulmanes a los azares de un mar de revueltas olas.

En el 710, Yulyan desembarcó con unos pocos hombres en la que llamarían Isla Verde, Al Yazirat Al Jadra, futura Algeciras, en busca de un encuentro que le sirviera de excusa para solicitar ayuda externa. Ese mismo año un lugarteniente del gobernador Musa fue enviado a tantear el terreno. Era Abu Za’rah Tarif ibn Malik al Mu’afari, quien con un grupo no determinado de hombres, algunas fuentes señalan que fueron cuatrocientos, otras llegan a los tres mil, desembarcó en una pequeña isla unida por una estrecha franja de terreno en el punto más meridional de la península ibérica. Era la isla que hoy se conoce como Isla de las Palomas. En su honor denominarían al lugar Al Yazirat Tarif, Tarifa.

Al año siguiente, el 92 de la hégira y entre abril y mayo del 711 de nuestra era, Musa decidió enviar una fuerza superior. Puso al mando al gobernador de Tánger Táriq ibn Ziyad. Doce mil hombres, bereberes y árabes partieron de Tánger, Alcazarquivir y Ceuta para fondear junto a la que se llamaría Montaña de Tariq, Jabal Tariq, hoy Gibraltar. El 19 de julio tuvo lugar el enfrentamiento con las tropas de Luderic en un lugar cercano a Barbate, la Laguna de la Janda, en la que sería conocida como batalla de Guadalete y en la que desaparecería el regente visigodo. La descomposición del reino favorecería el avance de las tropas musulmanas. Ya en noviembre del mismo año habían conquistado Toledo, la capital y en cinco años habían alcanzado prácticamente toda la península y ocupado más allá de los Pirineos la Septimania hasta Tolosa y Narbona. Tan solo el franco Carlos Martel los detendría en Poitiers.    

Tarifa conserva el Castillo de los Guzmanes, obra del primer califa omeya de Al Ándalus en el punto donde anteriormente estuvieron las fortalezas fenicia y romana. Abderramán III desconfió de sus vecinos fatimíes de Ifriquiya ordenando la fortificación de la plaza que concluyó en el mes del Safar del año 349 de la Hégira, 960 en la era cristiana, como reza una lápida sobre la puerta del alcázar en la que se recuerda que En nombre de Dios misericordioso y clemente...ordenó el siervo de Dios Abderramán Emir Almuminin, cuya vida Dios guarde, construir esta fortaleza. En 1273, Abu Abdallah Mohammed, segundo rey nazarí entregó Tarifa y Algeciras a los benimerines quienes defendieron desde allí el Reino de Granada. El monarca castellano Sancho IV tomó Tarifa el 21 de septiembre de 1292 cediendo su defensa a Alonso Pérez de Guzmán quien protagonizaría el célebre episodio en el que negó la entrega de la ciudad aun a cambio de la vida de su hijo, Pedro Alfonso, lanzando su propia daga a los sitiadores para que acabaran con su vida. La que protagonizó este hecho es la torre octogonal albarrana, la Torre de Guzmán el Bueno, esta está unida al resto de la fortaleza mediante una coracha de cuarenta metros.

La ciudad también conserva parte de sus antiguas murallas y la que fue la Puerta de Jerez. De las otras dos, la Puerta del Retiro y la del Mar o Almedina apenas queda el recuerdo del lugar donde se abrieron, la primera junto a la Calzadilla Téllez, donde se pierde la muralla y le dedicaron una estatua al general Francisco Copons y Navía, defensor de Tarifa durante la Guerra de la Independencia. Donde estuvo la de la Almedina hay una fuente y unas escaleras que descienden hacia la calle del Mar o de Guzmán el Bueno, la que lleva hacia el castillo. En las escaleras, sobre la reja de una ventana, dos emblanqueados rostros de yeso y cal observan impasiblemente a los transeúntes.

Intramuros se mantiene el trazado medieval de sus calles de casas encaladas entre las que figuran nombres como Esperanza y Paz. Las mezquitas estuvieron donde hoy se alzan las iglesias de San Mateo y de Santa María.

Los lugares del desembarco del 711 han cambiado notablemente. Al-Walid ibn Abd al-Malik se sorprendería ante unos súbditos que hablaran inglés allí donde Jabal al Tariq se ha convertido en the Rock. La Isla Verde, Al Yazirat al Jadra o Algeciras, en uno de los principales puertos del Mediterráneo y base de los transbordadores que enlazan la península con Marruecos. Tarifa es el paraíso del viento donde durante todo el año acuden aficionados del surf a vela o en cometa.

© J.L.Nicolas

 

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