Tro Breizh

25.08.2013 11:00

Tro Breizh no significa otra cosa que: a través de Bretaña. En bretón por supuesto. En los tiempos en que arrancaron las peregrinaciones el recorrido entre las ciudades que acogen la historia de los Siete Santos Fundadores de Bretaña facilitó a los creyentes bretones sin medios para largos viajes el acceso a la oración ante una venerable, y más próxima, reliquia.

La Bretaña francesa ya había estado ocupada por tribus de origen celta en tiempos del dominio de Roma. Integrados en la cultura romana habían trocado su antigua lengua por el latín hasta que llegó la caída del Imperio. Las invasiones bárbaras, principalmente sajonas, llegadas a la Bretaña insular,  empujaron a un movimiento de emigrantes hacia el continente. La lengua celta retornó a la península bretona y hasta la actual Normandía.

Con los emigrantes cruzaron Mor Breizh, el Canal de la Mancha, los llamados Santos Fundadores, que se ha supuesto que fueran probablemente antiguos jefes tribales de la Dumnonia y el sudoeste inglés, debidamente transfigurados en el mito en su versión cristianizada. En algunos casos como el de Saint Pol de Léon, Paulus Aurelianus, formaban parte de la aristocracia britano-romana. Los otros seis santos fundadores fueron Saint Tugdual, Saint Brieuc, Saint Malo, Saint Samson de Dol, Saint Patern y Saint Corentin. A los siete les  correspondieron las primeras diócesis bretonas que conservarían poco más o menos el mismo territorio hasta la creación de los departamentos durante la revolución francesa.

En la Edad Media se inició la práctica de las peregrinaciones. La confrontación continuada con los distintos dominios musulmanes favoreció la exaltación fervorosa de los mitos fundacionales del cristianismo. A Jerusalén durante los largos años de la Cruzadas para orar sobre la tumba de Jesucristo. Tras el camino de las estrellas sobre la remozada tumba del apóstol en Santiago de Compostela. San Pedro en la nueva capital del cristianismo, Roma. Venecia tampoco renunciaría a albergar las reliquias de otro apóstol, San Marcos en este caso, como discurso que justificara la propia existencia de la República. En Bretaña la peregrinación debía recorrer las sedes de los Siete Santos Fundadores. Tro Breizh, fue relanzada en 1994, en parte como reclamo turístico, por la asociación Les Chemins de Tro Breizh, e, incluso se ha normalizado el recorrido limitándolo, si así se desea, a una sede, un santo, por año. Una peregrinación a plazos.

La primera parada está en Vannes, la Darioritum romana, en el departamento de Morbihan, donde se llamaba a Saint Patern, Patern l’Ancien, para distinguirlo del obispo Patern d’Avranches. De él se cuenta que habría fundado un monasterio en Gales, Llanbadarn Fawr, y que habría peregrinado a Jerusalén donde recibió la consagración episcopal. También que; Caradoc, o Cardok, uno de los caballeros de la mesa redonda de Arturo, fue quien acompañaría al santo hasta Vannes. Las reliquias se conservan en la iglesia que lleva su nombre en el barrio homónimo, destruida en el siglo X por los normandos, fue reconstruida posteriormente en el siglo XVIII por el arquitecto local Olivier Delourme. A Saint Patern se le representa a menudo llevando una iglesia en sus manos, por una parte en relación al hecho de que fundara varios monasterios y de que bautizara a multitud de nuevos creyentes, pero también esta vinculado a la historia en la que un príncipe le confió un tesoro en una caja parecida. Al cabo de un tiempo cuando le reclamó el cofre y el santo se lo devolvió no había más que arena y piedras. Patern adujo que el jamás había abierto la caja. Se le sometió a un juicio divino por el que debía sumergir su brazo en aceite hirviendo. Como sacó el brazo intacto, sin quemadura alguna se le consideró inocente.

El religioso Dom Plaine escribió en el siglo XIII la Vita de Saint Corentin, en la que recoge los milagros atribuidos al santo fundador, relata que fue eremita en Ménez-Hom, al pie de las Montañas Negras, en Finistère y allí se le atribuye el milagro del pez del que se alimentaba arrancándole un pedazo de carne. En lugar de morir, el pez se regeneraba a diario. Corentin habría dado de comer también de este modo al rey de Cornualles Gradlon el Grande, quien en agradecimiento le solicitó que se ocupara de la nueva diócesis de Quimper. El milagro del pez es probablemente una metáfora sobre la eucaristía y la simbología paleocristiana. Icthus, ΙΧΘΥΣ, pez en griego, es un acrónimo de Iesous Christos Theou Yios Sotèr, Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. El pez era el símbolo de reconocimiento entre los primeros cristianos. El santo sería  enterrado en la Catedral de Saint Corentin en Quimper, la más alta de toda Bretaña, edificada sobre un antiguo santuario romano.

La tercera etapa de Tro Breizh lleva hasta la población de Saint Pol de Léon, al norte de Finistére, donde un hueso del brazo, reliquia de Saint Pol Aurelien, aguarda al peregrino en la catedral que lleva su nombre. De Saint Pol se dice que, originario del País de Gales, habría predicado los evangelios en la corte del legendario rey Mark, en la Bretaña insular, y que en la Île de Batz, cerca de la Bretaña continental, habría matado un dragón. Loable y extendida afición del alto Medievo. Saint Pol sería obispo de Castel-Paol, actualmente Saint Pol de Léon. Tras las invasiones normandas sus restos fueron trasladados al monasterio de Saint Florent, en Fleury sur Loire, donde siglos más tarde, sobre 1570, serían destruidas por los hugonotes. A excepción del hueso del brazo.

Tudgual, Tudwal, Tuzval, Tudal, Tual, o incluso Tudy son algunas de las variantes de Saint Tugdual de Tréguier. Si es que todos fueron la misma persona. El ya citado Dom Plaine habla de las Trois Vies de Saint Tugdual, estudiadas con posterioridad por el historiador Bernard Tanguy en Hagionomastique et histoire, Pabu Tugdual alias Tudi et les origines du diocèse de Cornouaille, suscitando la controversia sobre la coincidencia, o no, de las hagiografías. En todo caso, se supone que el santo, nacido en Devon, fundó un primer monasterio en Ploumoguer antes de hacerse cargo del de Tréguier, fundado por su tío Saint Brieuc. Es en Tréguier donde la catedral, de factura gótica con elementos conservados del románico, lleva su nombre. Tiene un claustro precioso con cuarenta y ocho arcadas desde donde se aprecian las tres torres de la catedral.

Beatificado por haber domesticado unos lobos Saint Brieuc fue discípulo de Saint German d’Auxerre al que acompañará para predicar en las costas de Armórica. Tras el monasterio de Tréguier fundó otro en las proximidades de la desembocadura del río Gouët. Con el tiempo la zona se pobló, recibiendo en su toponimia el nombre del santo. Saint Brieuc se representa con tres  portamonedas y un lobo a sus pies. Los portamonedas representan su generosidad con los necesitados. La Catedral de Saint Ètienne, en la villa de Saint Brieuc, donde se conservan algunas reliquias, es la quinta etapa de Tro Breizh.

MacLou, MacLow, o Maclovius en su versión latina, nació en Glemorgan, al sur de Gales. Sería el primer obispo de Aleth, en la actual Saint Servan, hoy barrio de la ciudad de Saint Malo. Saint Malo, el santo, habría sido ahijado y discípulo del legendario Saint Brendan e incluso lo habría acompañado en sus viajes en búsqueda del paraíso terrestre. Por lo menos eso justificaría los siete años que tardó en atravesar el Canal de la Mancha. La difusión de su culto en la Edad Media responde a la dispersión de sus reliquias a causa de las invasiones normandas. No hay rastro de ellas en la catedral de Saint Vincent en la ciudad marina que lleva el nombre del santo, Saint-Malo; fueron trasladadas desde la isla hasta la iglesia de Saint-Malo, en Dinan, el 22 de abril de 1787.

La última etapa de este peregrinaje circular se sitúa en la apacible localidad de Dol de Bretagne, donde en su catedral reposan los restos de este séptimo santo fundador,  quien murió en la ciudad en 565. Su existencia real se certifica en las actas del Concilio de París de 560. Saint Samson provenía de Gales, del monasterio de Llantwit-Major. En la catedral hay un vitral que representa su viaje hasta Bretaña, y un sarcófago que un día ocupó él en persona.

© J.L.Nicolas

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