Un 6 de junio, a las siete de la mañana

05.06.2014 16:53

En la pantalla, el soldado Braeburn, mareado, vomita sobre el suelo mojado de la barcaza. McCloskey se burla mientras el Sargento Randall los pone en situación. Yo, el soldado Bill Taylor, los observo indiferente: faltan treinta segundos para que se abra el portalón frontal de la lancha y pongamos los pies en tierra firme. Tendremos que correr para alcanzar indemnes los acantilados de Pointe du Hoc, remontarlos, si es que hemos llegado con vida y neutralizar seis baterías de 155mm en poder de los alemanes. Estamos en Omaha Beach en un mal día.

El videojuego Call of Duty reproduce a la perfección la situación con la que se enfrentó la compañía D del 2º Batallón de Rangers del ejército norteamericano para tomar y consolidar las posiciones que ocupaban las tropas alemanas que defendían el Muro Atlántico. La situación y diseño de las fortificaciones es prácticamente exacta. Pointe du Hoc, en el mundo real, tiene hoy casi el mismo aspecto que el día del desembarco. Aun existen los enormes socavones que provocaron los bombardeos de la aviación aliada en vísperas del ataque y los búnquers, destruidos, siguen ahí. En Grandcamp-Maisy un museo recuerda la gesta de los Rangers.

Museos y memoriales especializados en aspectos concretos del desembarco de Normandía han proliferado en los últimos tiempos a lo largo de la costa que fue escenario de la mayor operación anfibia de toda la historia. Se han creado museos generalistas como los de Caen, Bayeux o Cherburgo en los que se describen globalmente los movimientos tácticos que se desarrollaron en el transcurso de la Operaciones Overlord y Neptuno. Pequeños museos temáticos exhiben piezas y fotos de aspectos concretos que sucedieron en cada localidad: el Mémorial Pegasus, el Centre Historique des Parachutistes du Jour J, el Musée Radar de Douvres, el Mémorial de la Liberté Retrouvée...

Además cada año, en junio, antiguos combatientes, familiares o simplemente curiosos y turistas, como en un ritual, se acercan a visitar los lugares relacionados con el desembarco y a conmemorar la efeméride. No faltan quienes gustan de hacer rodar antiguos jeeps Willys en perfecto estado. Afortunadamente los blindados Sherman o Churchill y las piezas de artillería están sólidamente fijados en sus soportes.  

  

Aun es sobrecogedor contemplar, bajo el cielo cubierto de oscuras nubes que amenazan tormenta, las amplias playas de arena que recibieron los nombres en clave de Utah, Omaha, Juno, Gold y Sword. Entre Vileville y Coleville-sur-Mer. Omaha, fue donde las divisiones de  infantería norteamericanas tuvieron mayores problemas, la potencia de fuego alemana, menos mermada por los bombardeos que en el resto de playas, causó un gran número de bajas y un considerable caos en las operaciones de desembarco. Recientemente se ha instalado un moderno monumento de acero dedicado al coraje de los hombres que desembarcaron aquí. Lo han llamado Les Braves.

También se han conservado complejos de galerías fortificadas en Azeville, Mont Canisy, el Site Hillman o baterías en Masy o en Longues-sur-Mer. Esta última compuesta por un puesto de mando y observación y cuatro casamatas aun con las piezas de artillería inutilizadas en su interior. Estos cañones de 152mm tenían un alcance de veinte quilómetros, es decir podían atinar sin problemas a cualquier objetivo en las playas de Omaha y Gold. La noche del 5 al 6 de junio cayeron sobre la batería un millar de toneladas de bombas lanzadas por la aviación. Los búnquers resistieron y sus armas no serían acalladas hasta la tarde del mismo día 6 por la artillería de los cruceros Arkansas, Georges-Leygues y Montcalm.

Arromanches-les-Bains, que jamás había gozado de un puerto marítimo, los pescadores arrastraban las barcas varándolas sobre la arena, acogió repentinamente a uno de los dos puertos artificiales llamados Mulberries, sus elementos fueron trasladados por mar desde Inglaterra y ensamblados en el lugar. Se llegaron a descargar hasta seis mil toneladas diarias de material diverso. Aun sobresalen los grandes bloques de hormigón llamados cajones Phoenix que compusieron los muelles, también quedan restos de los pontones Whale que facilitaban el transporte desde la zonas de descarga hasta la costa. Al acabar la guerra casi dos centenares de estos pontones fueron reutilizados como puentes.

Por último queda la visita a los protagonistas, a aquellos que no regresaron con los suyos. Probablemente el más impresionante por sus dimensiones sea el Cementerio Americano de Coleville-sur-Mer, junto a la misma playa de Omaha, en él hay 9.387 tumbas señaladas con sus correspondientes cruces de mármol. Forman interminables hileras blancas en las que a veces se intercalan las notas de color de unas flores. Cada cruz indica el nombre, rango, la edad y la procedencia del difunto. En algunos casos la inscripción reza: Here rests in honored glory a Comrade in arms known but to God (Aquí yace en honorable gloria un Camarada de armas solo por Dios conocido.) Hay otro cementerio estadounidense en Montjoie-Saint-Martin, el de Saint James, entre Avranches y Fouguéres. Camposantos británicos y de la Commonwealth existen en mayor número pero en dimensiones más reducidas, el de Bayeux, junto al Museo Memorial de la Batalla de Normandía, alberga 4.648 tumbas. A los desconocidos les corresponde la inscripción: A Soldier of the Second World War known unto God. (Un Soldado de la Segunda Guerra Mundial conocido por Dios)  Aun más numeroso es el de los vencidos, situado en La Cambe, donde en siete hectáreas están inhumados los cuerpos de 21.222 combatientes alemanes, muchos de ellos apenas eran mayores de edad.

© J.L.Nicolas

 

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