Un Bastón Batak

10.09.2015 19:01

Es la principal herramienta de los hechiceros Batak. Con él convoca la lluvia, el bienestar y la protección de su comunidad, aleja a los enemigos, es la panacea para casi todo. Lo llaman tunggal panaluan o tunggal malek o malehat. El bastón mágico del sacerdote.

Los Batak habían sido un pueblo guerrero y nómada, probablemente procedentes de Taiwan y Filipinas, que se asentaron en el lago Toba y en las regiones circundantes en el norte de Sumatra. Eran cazadores de cabezas y habían practicado el canibalismo hasta que a principios del siglo XIX fueron cristianizados por misioneros holandeses y alemanes. Son particulares sus viviendas de madera en forma de embarcación invertida soportadas sobre pilones. En cada casa habitaban varias familias compartiendo un corredor y un salón común. El frontal, un amplio saliente que se proyecta al vacío está decorado con motivos florales y geométricos, dibujos místicos y criaturas míticas de colores vivos, usualmente blanco, rojo y negro, coronado a menudo por la efigie de un búfalo, a veces incluso por la verdadera cornamenta del animal.

Los poblados Batak disponían de sus propios consejos de ancianos y de jefes responsables de supervisar las ceremonias y administrar justicia, como en el caso del poblado de Ambarita, en la isla de Samosir junto al lago Toba. En otros tiempos, se sentaban en Huta Siallagan, un patio de la aldea donde aun hay un grupo de sillas de piedra. Ante una mesa deliberaban. Poco más allá, sobre una losa ceremonial se ejecutaban los sacrificios humanos.

La existencia de los Batak ya estaba documentada desde el siglo XIII. Durante la dinastía Song, un inspector de aduanas de Quanzhou, Zhao Rugua, escribió sobre el 1225 dos volúmenes llamados Zhufan Zhi, Descripción de los Pueblos Bárbaros, en el que se refiere a una dependencia del Reino de Srivijaya llamada Ba-ta. En 1292 Marco Polo refiere un encuentro con los comedores de hombres Battas en la costa este de Sumatra. Otro veneciano, concretamente de Chioggia, Niccolò de Conti, pasó la mayor parte del año 1421 en Sumatra publicando posteriormente como un capitulo en la obra De Varietate Fortunae de Poggio Bracciolini sus Viajes de Nicolò Conte a Oriente en la Primera Parte del Siglo Quince, donde habla de unos caníbales llamados Batech que viven continuamente en lucha con sus vecinos. Sir Stamford Raffles estudiaría sus ritos y costumbres en 1820 constatando su consumo de carne humana.

A pesar de la adopción del cristianismo conservaron creencias animistas, los espíritus de los ancestros, lugares, piedras y árboles sagrados. El tondi, la esencia vital equiparable al alma, se transmite entre organismos, transmigra. Los datu son los hechiceros que poseen los conocimientos de lo oculto, de la brujería y la adivinación. Una herramienta para manejar esos conocimientos es el tunggal panaluan, un bastón mágico de más de metro y medio que intermedia entre el chaman y lo desconocido, la antena que capta los hechizos y el instrumento que participa en las curaciones. Para las adivinaciones se enterraba un huevo bajo tierra y el chaman, durante su éxtasis, clavaba el bastón repetidamente en el suelo. Se consideraba un buen presagio si atinaba a golpearlo.

El tunggal panaluan, el bastón, debe ser elaborado por el propio datu. Requiere tiempo y un proceso simbólico que involucra sacrificios ya que antes de utilizar uno nuevo debe dotársele de vida. Esto se hace poniéndole una masa especial que llaman pupuk elaborada con algunos restos de animales. Antiguamente de las victimas de los sacrificios humanos. El sacerdote le aplica el pupuk, danza a su alrededor y le habla como si se tratara de una persona o una criatura viviente. Los poderes mágicos también se añaden al bastón mediante las figuras esculpidas en él.

La parte superior suele representar un jinete con su montura. Su cabeza, y la del bastón, están coronadas por un ramillete de plumas de ave y crin de caballo, sujetas por una cinta tejida que también envuelve el pupuk. Bajo la primera figura se suceden otras cada vez menores en tamaño, más personajes y serpientes entrelazadas, lagartos y otros animales, generalmente reptiles, ligados a la cosmogonía batak.

No faltan mitos relacionados con el tunggal panaluan. Uno de ellos relaciona el origen del bastón con las legendarias montañas Pusuk Buhit, donde habitaba un hombre llamado Hatibulan. Su esposa parió gemelos, un niño y una niña, un mal augurio en época de sequía, así que le sugirieron que no crecieran juntos, que enviara al niño, Si Aji Donda Hatahutan, al oeste y a la niña, Si Boru Tapi na Uasan hacia oriente, pero el padre ignoró la advertencia. Los niños ya habían crecido y un día Si Boru encontró en el bosque un gran árbol espinoso llamado hau tada tada que, sin embargo, tenía unos frutos apetecibles. Encaramada se comió uno de ellos. Poco después el árbol la tragó dejando solo a la vista su cabeza. Siguió su hermano, quien en su busca acabó también engullido. Luego hau tada tada tragaría también al perro y a un mago que llegó en auxilio de la familia, a una serpiente y así hasta siete seres. Por consejo de otro mago el padre de los mellizos cortó el árbol y con su madera talló las efigies de los desaparecidos sucesivamente a lo largo de una vara.  Los siete hablaron a través de la boca del mago culpando sucesivamente de su fortuna al escultor, al cuchillo y al herrero que había forjado el cuchillo, hasta que fueron culpados ellos mismos por haber comido la fruta del árbol hau tada tada. Los espíritus de los siete retornaron al bastón que a partir de entonces sirvió para convocar o ahuyentar la lluvia, aconsejar a los sabios y acompañar en la guerra, la enfermedad y la muerte.

© J.L.Nicolas

 

Ver más fotos