Un Santo Expeditivo

27.11.2012 18:40

Hay quien cree que realmente existió, que existen pruebas. Hay quien cree que es falso, que no existió y que es simplemente un mito, una especie de leyenda urbana. Hay quién cree que posiblemente existió aunque puede que haya  errores en la transcripción de las hagiografías. Hay quien no cree absolutamente nada. Lo que hay de cierto es que el culto a Saint Expédit es uno de los más extendidos en el departamento francés de La Reunión, en el Océano Índico.       

Extendido y expeditivo, valga la redundancia. Saint Expédit tiene fama de ser efectivo y responder prestamente a plegarias y solicitudes elevadas ante sus altares. Resolutivo para comerciantes, marineros y particularmente para estudiantes en vísperas de sus exámenes, de tal manera que hay plegarias particularmente dedicadas a tal efecto:

O Saint Expédit, toi qui es le patron des écoliers,
plein de confiance en ta fidèle intercession,
je viens te demander de m’obtenir la grâce
de réussir dans l’examen que je redoute.

(Oh Saint Expédit, tú que eres el patrón de los alumnos,/ con plena confianza en tu fiel intercesión, /vengo a pedirte el favor / de aprobar el examen que me atemoriza.)

Pero ¿realmente existió el P’tit Bon Dieu? Según el Martyrologium Hieronymianum, compendio hagiográfico del siglo VI, Saint Expédit fue un comandante romano convertido al cristianismo en la Armenia del siglo IV, y por esa razón, en el año 303, el emperador romano Gaius Aurelius Valerius Diocletianus, durante la Gran Persecución de los cristianos, ordenó “expeditivamente” que se separara la cabeza de su cuerpo, junto a sus compañeros Caius, Aristónico, Rufus y Galatas, en la localidad de Melitene, actualmente Eskimalatya, en la Anatolia Oriental, donde tenia su campamento la XII Legión Romana, llamada “La Fulminante”. El mismo compendio, sin embargo, repite su nombre para los días 18 y 19 de abril.

Quién cuestiona las fuentes de dicha hagiografía aporta que se trató de un error de transcripción. El santo no se llamaría Expédit, se trataría sin embargo de San Helpidius o Elpidius, quien según se menciona en el Codex Justinianeus, fue prefecto bajo las ordenes de Constantino el Grande, fundador de Constantinopla, hecho que alargaría la vida del Santo unos años, mas teniendo en cuenta que Constantino fue el primer emperador cristiano del Imperio Romano de Oriente y que tras el Edicto de Milán del año 313 se detuvieron las persecuciones.

En los Annales Ecclesiastici del cardenal e historiador italiano del siglo XVI Caesar Baronius se identifica al prefecto con un mártir, sin embargo esta asociación fue discutida un siglo más tarde por Louis-Sébastien de Tillemont, también historiador eclesiástico, en su obra Histoire des empereurs et autres princes qui ont régné pendant les six premiers siècles de l'Église. Según este es posible que Helpidius fuera castigado bajo el mandato de Flavius Claudius Iulianus, Julián el Apóstata, y que de este hecho se derivara un supuesto martirio.

El hecho de que no existieran reliquias del Santo también ha alimentado las leyendas y suscitado las sospechas. Se cuenta que a mediados del siglo XIX unas hermanas parisinas recibieron en su convento una caja proveniente de Roma conteniendo algunos restos. En el remite del embalaje simplemente venía la inscripción en italiano “Spedito”. Ignorando su significado, simplemente “expedido”, las monjas asumieron que el contenido correspondería a las reliquias de San Expédit.

La duda sobre la existencia real del Santo llegó al extremo de que el Papa Pío XI, borró, en 1905, su nombre de los martirologios, pidió su retirada de los altares y prohibió, sin éxito, su culto.

Una primera estatua fue instalada en una iglesia con un nombre de ciertas reminiscencias postales: Notre Dame de la Déliverance, en Saint Denis, capital de la isla. En 1938 se elevaron en La Reunión las dos primeras capillas en honor del Santo, en las poblaciones de Saint Philippe y Saint Benoît. Desde entonces han proliferado los altares en la isla hasta sobrepasar los tres centenares. El estado de su buena conservación denota que son visitados con asiduidad.

Saint Expédit viste de romano, sujeta una hoja de palma en su mano derecha, símbolo del martirio cristiano. Con un pie aplasta un cuervo, representación del diablo que con la leyenda “cras”, mañana en latín, le pide que espere a convertirse. Junto a la hoja de palma sostiene una cruz en la que se puede leer “hodie”, hoy. Resumiendo viene a decir: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Y eso es lo que se espera de él.

De esta guisa San Expédit reposa en la multitud de pequeños altares de carretera repartidos por toda la geografía de la isla. Y no tan pequeños, el que se halla en La Plaine des Cafres, casi en el centro de La Reunion, es de talla natural, y por si fuera poco, más de dos docenas de peldaños le separan del suelo. A los altares se les reconoce de lejos por su color rojo, símbolo de sangre, de vida y de muerte. Su culto sobrepasa al cristianismo y se ha convertido en una devoción sincrética con ciertas connotaciones hinduistas y también paganas. Acompañan a la estatuilla del Santo, exvotos, flores, cirios, monedas, pedazos de pañuelo de color rojo, pequeñas notas, en muchos casos de cerámica, de agradecimiento por los deseos solicitados y los favores concedidos: “Merci à Saint Expédit”...

En alguna ocasión se puede ver alguna representación del Santo decapitado, y probablemente no se trate de un referencia al modo en que traspasó, sino a algún devoto no suficientemente satisfecho por su intercesión.

Otro culto particular de la isla mascareña, no menos curioso, es la devoción por la Virgen del Parasol. A principios del siglo pasado un agricultor de Bois Blanc, en el sureste, a medio camino entre Saint Philippe y Sainte Rose, para proteger sus cosechas plantó entre ellas una efigie de la Virgen María. Más que por las plagas sus cosechas estaban amenazadas por la proximidad del volcán Piton de la Fournaise. Para proteger a la Virgen, mas bien de la intemperie que de la lava, le puso un parasol de hierro. Un día una colada de lava que descendía del volcán quemó sus cosechas pero respetó la imagen de la Virgen. Una nueva erupción, en 1961, fue menos piadosa. La Virgen fue reemplazada de todos modos.

© J.L.Nicolas

 

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