…y algunas licencias toponímicas.

31.12.2012 19:09

En sueños, a veces, recreo detalladamente mi propio barrio, las calles se transforman y cambian de nombre y de apariencia, las plazoletas se reorganizan en el nuevo entramado urbano e incluso los bares se transforman en su interior y renuevan sus parroquianos. Curiosamente, de un sueño a otro, aunque las circunstancias y la historia se modifiquen, permanece inalterable la topografía onírica como si tuviera una continuidad temporal y poseyera una geografía estable, absolutamente inamovible.

Estoy convencido de que la toponomástica prattiana de Venecia no proviene de sus propios sueños, por lo menos del tiempo en que se sueña dormido. Más bien procede de sus recuerdos y de los nombres que hubiera creído más adecuados a cada caso y a cada historia, o de los que él utilizaba para sí.

Tanto en la primera viñeta de Corto Maltés en Siberia, Corte Sconta detta Arcana en su titulo original en italiano, cómo en la última de la Fábula de Venecia se repite el mismo texto:

Hay en Venecia tres lugares mágicos y escondidos: uno en la calle dell’Amor degli Amici; otro en las proximidades del puente de le Maraveglie, y el otro en la calle dei Marrani, cerca de San Geremia, en el viejo Ghetto. Cuando los venecianos se cansan de la autoridad establecida acuden a estos tres lugares secretos y, abriendo las puertas que se encuentran al fondo de los patios, se van para siempre a países maravillosos y a otras historias.

Pero el escenario no corresponde al mismo patio, a la misma corte. En el primer caso se supone que pertenece a la fachada de la casa del Melquisedech, en el Ghetto Vechio. En la “Fábula” estamos en otra corte, la corte Sconta detta Arcana (el patio escondido llamado arcano), de la infancia del autor. Pero tampoco se corresponde a ninguna de aquellas plazuelas unidas por el callejón de la Nostalgia, sino a la corte Botera de Castello. Esta se halla cerca de San Zanipolo y se accede a través de una puerta privada. También privado pero más accesible es el patio del restaurante Corte Sconta, en la calle del Pestrin, próximo a San Martino, asimismo en Castello, donde, además de comer estupendamente, se puede fotografiar el nizioletti con el topónimo prattiano.

En el texto de esa misma viñeta, Pratt hace referencia a tres lugares mágicos para los venecianos. La calle Amor dei Amici existe realmente. Se trata de un callejón estrecho que se extiende en forma de L entre los campos de San Polo y San Tomà. En la esquina hay un taller de máscaras que, por la noche, tiñe las paredes próximas con el tono verduzco proveniente de sus neones. El callejón acaba abruptamente en los tres escalones que dan al rio del Frari. No sé si se trata de alguna especie de parábola relativa al nombre. Siempre he confiado en lo contrario.

El ponte delle Maraveglie es el segundo de los lugares indicados. Está junto al Liceo Marco Polo y une las fondamentas Bollani y Priuli. He andado por sus alrededores y aparte de la propia historia de la familia que dio nombre al puente y de la taberna que se halla una vez cruzado este no he encontrado nada de especial, aunque ya sea suficiente.

Sobre la calle dei Marrani hay más que contar. Por Marrani se conocía a los judíos que se habían convertido al cristianismo por conveniencia u obligación durante las persecuciones españolas de los siglos XIV y XV. Tras la expulsión de España de 1492 algunos de estos judíos sefardíes se establecieron en el ghetto veneciano. Pratt sitúa esta calle en las proximidades de San Geremia, en el Ghetto Vechio. Sin embargo, San Geremia está fuera del ámbito del Ghetto, y en sus alrededores no existe, por lo menos en la actualidad, ninguna calle con ese nombre. La fotografía que ilustra el prólogo de la Fábula corresponde a la salizada de Santa Giustina, en el sestiere de Castello.

 

 

 

 

 

 

En las cercanías hay verdaderamente espacios recónditos donde perderse, cómo el ramo Gradenigo, la calle dei Bombardieri o la corte Capeliera cerca de la calle Zorzi. Precisamente cerca de esta última está la calle Zorzi va in Corte Nova, y, en sus proximidades, la corte Buello o corte Nova, que Pratt denominó del Maltés o de Boca Dorada. Esta también es privada y se sitúa al fondo de un callejón convenientemente cerrado por una reja. Sí que es cierto que existió un patio llamado del Maltés, pero su nombre se debió a la  existencia de una pensión homónima en la que hoy se llama corte Contarini del Bovolo junto al palacio del mismo nombre.

El último patio, mencionado en el prólogo de la Fábula es el dell’Arabo d’Oro, según la toponomástica prattiana. Este corresponde a la corte Rota, una vez más en el sestiere de Castello, entre los campos de le Gorne y de Do Pozzi, cerca del Arsenal. Ignoro si anteriormente existía alguna imagen representando un sarraceno áureo. En la actualidad, colgada de un muro, en una pequeña capilla el relieve dorado de una Madonna con el Niño está guardada bajo llave flanqueada por rosas frescas.

 

 

 

 

 

 

 

Sin salir del barrio se halla el sotoportego dei Cattivi Pensieri, el pasaje de los malos pensamientos. Un ángel, de ahí su nombre real, sotoportego dell’Anzolo, bendice con la mano derecha los peatones que transitan bajo sus alas. Con la otra mano parece levantarse el faldón. Junto a él le acompañan dos escudos pertenecientes a la familia Erizzo, que proporcionó a la Serenísima República algún almirante y algún Dux.

 

 

 

 

 

 

Por último el puente de la Nostalgia, tal cómo se ve en la foto del prólogo, corresponde al puente Widmann, que atraviesa el rio de Ca’Widmann, junto al palacio construido por Baldassare Longhena en el siglo XVII para la familia homónima de origen austriaco. Este se halla ya en el sestiere de Cannaregio, pero aun en las estribaciones del de Castello. La nona de Pratt lo llevaba a visitar el gueto, pero su familia vivía cerca del campo Bragora, en Castello. No sé si será cierto o no, pero no es difícil imaginar a un jovencísimo Hugo bautizando sus rincones preferidos en sus correrías de chiquillo, o no tan chiquillo.

© J.L.Nicolas