Bali, Donde los Dioses Observan

26.08.2014 18:40

Liah reúne con habilidad unos granos de arroz. Les añade unos pequeños pedazos de fruta y unos pétalos blancos de frangipan con un matiz de amarillo en el centro, una pizca de sal y de chili. Con la certeza que proporciona la costumbre deposita el amasijo sobre un pequeño altar domestico, frente a una imagen de la diosa Sri Dewi mientras el humo de unas barras de incienso envuelven con su fragancia la ofrenda cotidiana. Tras inclinar brevemente la cabeza salta hacia atrás con la agilidad que le concede su incipiente juventud y desaparece por la puerta que da a los arrozales.

Es una escena que se repite cotidianamente. Cada domicilio posee un pequeño oratorio particular dedicado a los dioses familiares. El panteísmo hinduista, en Bali, tomó un carácter de una cierta intimidad litúrgica, luego desmentida en los grandes festivales que llenan los antiguos santuarios que salpican toda la extensión de la isla. No en vano la llaman la isla de los mil templos, aunque en realidad, sobrepase ampliamente los diez mil.

Y los hay de distintos tipos con diversas finalidades. Los más comunes son los mencionados que pueden ser ínfimos altares en la entrada de la vivienda. Los hay gremiales dedicados a los que ejercen una profesión determinada, sean pescadores o agricultores o comerciantes. El arroz, el cultivo más extendido es el que ocupa en más ocasiones a estos. El mayor de ellos es Pura Ulun Danu Bratan, sobre las mismas orillas del lago Bratan. Se dedicó a la diosa de los lagos y de los ríos Dewi Batari Ulun Danu. Parte del templo, dos torres en forma de pagoda con múltiples techos, están ubicadas sobre una pequeña isla junto a la orilla. Dan la sensación de flotar ingrávidamente en el lago.  

Leer más en edición impresa

Leer más en e-Book

© J.L.Nicolas

 

Ver más fotos