Cruces, Cruceiros y Calvarios

27.11.2012 17:25

Entre la niebla se atisban, a modo de aquella famosa coreografía de Michael Jackson plagada de zombies, losas y lápidas que salpican por doquier la superficie del camposanto. Aun graznan los cuervos sobre una de las verjas que delimitan el espacio mientras las últimas luces del día permiten entrever una gran cruz que emerge y se destaca entre otras. No es una cruz común. Más bien es descomunal por su volumen. En la incipiente penumbra se aprecian sus relieves sobre la superficie labrada, en el anverso y en los laterales. En las islas británicas las llaman simplemente cruces altas, High Crosses.

La propagación del cristianismo en las costas occidentales de Europa, el Atlántico de raíces celtas, propició, en el marco de la divulgación del discurso religioso y de su expansión territorial, la construcción de multitud de edificaciones religiosas: iglesias, abadías...y también de elementos simples como sencillas cruces, la expresión icónica más escueta de las creencias cristianas. Estas se emplearon para delimitar parroquias o señalar caminos. Junto a monasterios o catedrales, señalaban, a veces ostentosamente, la importancia de los mismos.

Desde las rías gallegas a los fiordos escandinavos, pasando por ambas Bretañas, las costas de Armórica y Normandía, Alba e Hibernia, se multiplicaron en número. La morfología que adoptaron las cruces  en Irlanda, con un aro sobrepuesto a la intersección, se cree que fue introducida por San Patricio durante los tiempos de la evangelización, incorporando el signo cristiano a un círculo solar pagano. Aunque, teniendo en cuenta una consideración más prosaica, también es posible que el uso del aro fuera un simple recurso para asegurar la estabilidad de la piedra. Se piensa, así lo atestiguaba San Adomnán, abad de Iona, en el siglo VIII, que anteriormente estas cruces monumentales se habían erigido en madera. Con el paso del tiempo la sencillez en el diseño se complicó con motivos geométricos entrelazados, evolucionando a elaboradas y ricas ornamentaciones con representaciones figurativas inspiradas en episodios de las escrituras. De este modo se dirigían con fines didácticos y de proselitismo a un público fundamentalmente iletrado.

Las Scriptures Crosses, son auténticos sermones tallados en piedra, donde se suceden escenas de la vida de Cristo y pasajes de los Testamentos. La obra maestra del género se halla en Monasterboice, en el condado irlandés de Louth, al norte de Dublín. Junto a las ruinas del monasterio fundado por San Bhuithe en el siglo VI se encuentran dos de las cruces más espectaculares. La Tall Cross o West Cross, de principios del siglo X, con sus casi siete metros es la más alta de Irlanda. Sin embargo la máxima expresión está en su vecina meridional, la South Cross, la más profusamente decorada que se ha conservado hasta hoy y que contiene el más amplio corpus de esculturas bíblicas de toda Europa. Es la cruz de Muiredach, conocida así por la inscripción que hay en su base donde se puede leer ÓR DO MUIREDACH LAS NDERNAD IN CHROS, solicitando una oración para el artífice. Se cree que Muiredach podría haber sido el obispo Muiredach Mac Domhnall, muerto en Monasterboice en 923, o un rey fallecido unas décadas antes, de nombre  Muiredach Mac Cathail. La gran cruz casi alcanza los seis metros de altura y está completamente tallada en sus cuatro caras subdivididas en paneles en los que participan ciento veinticuatro personajes. Curiosamente solo cuatro de ellos son barbudos: Adán, Caín, Moisés y Saúl. Y solamente uno tiene la cabeza cubierta: Goliat. La parte superior tiene un doble tejadillo inclinado sobre lo que parece una pequeña casa. Posiblemente simboliza un relicario. El panel medio de la cara oriental representa, mediante la participación de cuarenta y cinco figuras, el Juicio Final, con Jesucristo en el centro asiendo con su mano derecha un cetro y con la izquierda la cruz de la  resurrección. Sobre su cabeza un ave fénix. Debajo, una inusual escena muestra a San Miguel pesando un alma en una balanza mientras el diablo intenta inclinarla a su favor. Casi en la base, Eva ofrece la manzana a Adán mientras a su lado Caín asesina a Abel.

Otros de los ejemplos más refinados se conservan en el antiguo monasterio de Clonmacnoise, en Offaly. La Cross of the Scriptures, o King Flann’s Cross,  tallada de un solo bloque de piedra arenisca en torno al siglo X, alcanza poco más de cuatro metros de altura. Las inscripciones, OR DO COLMAN DORRO...CROSSA AR RIG FL.AND, solicitan una plegaria para Flann Sinna, un antiguo rey irlandés y para Colman, quien encargó la cruz. Cerca de esta se encuentran la South Cross en la que Cristo está flanqueado por Longinus, el lancero, y por Stephaton, el portador de la esponja. De la septentrional North Cross, solo queda el fuste. Las cruces auténticas se conservan actualmente protegidas en el museo que se ha habilitado en el centro de visitantes. En el exterior se han instalado unas réplicas perfectas en los emplazamientos originales.

En Glendalough, la que se conoce como Cruz de San Kevin data de los siglos VI o VII. La leyenda dice que quien pueda abrazarla verá cumplidos sus deseos. Kells, ciudad famosa por su evangelio ilustrado, que se exhibe en el Trinity College de Dublín, alberga cinco grandes crucifijos. En las inmediaciones del monasterio la Cruz del Sur muestra en su base la inscripción PATRICII ET COLUMBE CR(UX), Cruz de San Patricio y de San Columba. Muestra un tema recurrente en las cruces medievales irlandesas: Adán y Eva en el paraíso terrenal y a Caín ultimando a su hermano Abel. La Market Cross, probablemente la más famosa de Kells, fue reubicada recientemente bajo una cubierta en una dependencia municipal. Anteriormente estaba en un cruce en el centro de la población y había protagonizado, involuntariamente, algún incidente de tráfico. Próxima a la ciudad de Sligo, y cercana a la tumba del poeta William Butler Yeats se alza la cruz de Drumcliffe, del siglo IX. Allí figura Daniel con los leones y Cristo en la gloria. Más al sur, en el condado de Clare, la población de Kilfenora había poseído hasta siete cruces ornamentales. Completas quedan tres, cubiertas por una estructura en el interior de los restos de la nave del monasterio. La mayor de ellas, la Doorty Cross, representa a un obispo, probablemente el fundador del monasterio.

En Gran Bretaña aun quedan muestras destacables, a pesar de que la mayor parte de los crucifijos fueran destruidos por iconoclastas en tiempos de la Reforma. Restan la cruz de San Piran en Perranporth, Cornwall, o la de Lindisfarne en Northumbria, y en Escocia las de Saint Martin en la abadía de la isla de Iona y la de Kildalton, en Islay. Esta última es la que se ha conservado en mejores condiciones, quizás por su proximidad a tres de las mejores destilerías escocesas. Kildalton proviene del gaélico Cill Daltain, en referencia a San Juan Evangelista. Fue labrada en un monolito en la segunda mitad del siglo VIII. Aun en Escocia han llegado hasta nuestros días las de Kilbride, Saint Terran’s, Eileach an Naoimh, Bainahard y Clanamacrie, algunas exhibidas en el Museo Nacional de Escocia en Edimburgo. En Gales, la cruz de Carew, en las cercanías del castillo del mismo nombre muestra una inscripción que revela su origen: MARGIT EUT. RE X.ETG (UIN).FILIUS. Rey Margitent y su hijo Etguin. Ambos, Maredudd y Edwin, gobernaron el antiguo reino galés de Deheubarth a principios del siglo XI. Unos quilómetros al norte, ya en la comarca de Pembrokeshire, en el exterior de la iglesia de Saint Brynach, se eleva la cruz de Nevern, a menudo descrita como una de las más perfectas en su estilo, comparable tan solo a la mencionada de Carew y a la de Maen Achwynfan. En cada uno de sus cuatro costados posee labrados un sinfín de líneas entrelazadas simbolizando la eternidad. En el interior de la iglesia de Penmon, en Anglesey, para preservarlas de la intemperie, se guardan dos ejemplares más de cruces celticas. Una de ellas construida en tres bloques muestra en su diseño influencias nórdicas.

La tradición de erigir crucifijos en piedra llegó a Escandinavia a través de las incursiones normandas a las islas británicas. Se sabe de la existencia de unos sesenta en Noruega, e incluso hay uno en Hiiumaa, Estonia, pero solo cuatro se pueden fechar con precisión gracias a que había runas vikingas grabadas en ellos. También fueron normandos quienes tallaron, en la Alta Edad Media, las piedras con runas en la Isla de Man. Hibridaron los estilos con los de las cruces celtas durante los tiempos del Señorío de las Islas, que abarcaba las Shetland, Orcadas, y Hébridas hasta Man. En el Museo de la capital de esta última, Douglas, se exhibe el ejemplar más refinado, a pesar de que solo queda un fragmento. En la crucifixión de Calf of Man, del siglo VIII, se aprecia un Cristo aun vivo, con los ojos abiertos y vestido. A su derecha, el lancero, en un estilo similar al de las ilustraciones monásticas irlandesas. Otras parroquias de la Isla de Man acogen notables ejemplos de cruces celtas, aquí, a diferencia de Irlanda, no se emplearon como elementos ornamentales, pedagógicos o de prestigio, sino funerarios. En las afueras de la capital, como un enclave de un pasado lejano que emerge entre el tráfico rodado, está la antigua iglesia de San Brandán, Old Kirk Braddan. Al abrigo de la humedad que hace crecer el musgo sobre las piedras del vecino cementerio se reúnen en el interior las piezas más valiosas. La que simplemente está calificada por una nota al pie como celtic wheel headed cross slab, tiene en su panel superior una representación de dos bestias mostrando las fauces a una cara humana. Se trata de un tema de origen pagano que se relaciona con las bocas del infierno. Otras interpretaciones ven a Daniel en la guarida de los leones. A la izquierda la Thorleif Hnakki’s Cross difiere del resto por su factura ligeramente piramidal. Esta es una cruz normanda de los siglos X u XI con dragones escandinavos entrelazados en su fuste. La inscripción funeraria reza: “Thornleif Hnakki hizo levantar esta cruz en memoria de Fiac, su hijo y sobrino de Hafr”. Los nombres de una generación, Thorleif y Hafr son vikingos, el gentilicio del hijo, Fiac, es celta, prueba de una rápida asimilación. Al norte de la Isla de Man, en Maughold, la Crux Guriat se identifica con un rey irlandés, el hijo del cual, Myrfyn Frych, estableció una dinastía en Gales. Junto a esta, en una lápida con una cruz esculpida figuran los santos coptos Pablo y Antonio en el desierto egipcio. En el interior de la Kirk Michael hay varios ejemplares más junto a algunos fragmentos, entre ellos, algunos de trazas escandinavas en los que se emplean dragones entrelazados como motivos destacados.

Del mismo modo que las cruces de las islas, en Galicia se extendió el uso de erigir cruceiros. Según un inventario de la Universidad de La Coruña hay por lo menos unos doce mil. De construcción tardía respecto a las cruces celtas, su apogeo se centra entre los siglos XIV y XVII Su función es la misma, sacralizando lugares sospechosos de haber albergado cultos paganos. La existencia de las rutas jacobeas, además de sembrarlos en las encrucijadas dudosas, los habría vinculado a los calvarios bretones. El cruceiro más antiguo que se conserva es el de Melide, del siglo XIV. El paso del tiempo les añade un carácter dramático que tiende a un marcado barroquismo en la imaginería con el aumento del número de personajes. En ocasiones son costeados por quien precisa ganar indulgencias para sí o para terceros. Obviamente la figura más característica es la de Jesucristo en la cruz, aunque en ocasiones figura geminado con la Virgen en el reverso, como es el caso del que se halla junto al Convento del Carmen, en Padrón.  Una variante son los Petos de Ánimas, pequeñas capillas que, aisladas o acompañando algunos cruceiros, originalmente estaban ideadas para recoger donativos y limosnas destinados a aliviar a las almas del purgatorio. Actualmente aun se mantienen velas o cirios en algunas de ellas. Un doble ejemplo se encuentra en el concello de Montederramo, en la provincia de Orense. Junto a la capilla de San Antón el soberbio cruceiro de Marrubio está flanqueado por un par de estos elementos, todo el conjunto data de 1778.

En la Normandía francesa y en Bretaña también hay algunas cruces célticas, la de  Veules-les-Roses, la de Saint Kadoù o la de Chambon-sur-Lac en Auvernia. Sin embargo las piezas más notables que se han desarrollado en la Bretaña francesa son los Calvarios, complejos crucifijos monumentales encajados en capillas abiertas. Según escribía Paul Gruyer a principios del siglo pasado en “Les Calvaires Bretons”: sur les pierres levées les plus vénérés s'érigea la Croix, afin que la même vénération confondit le nouveau symbole et l'antique croyance () a la simple Croix, et afin de rendre plus sensible à la foule la religion nouvelle qu’on lui préche, s’ajoutent bientôt, par les soins des premiers apôtres bretons, (sobre las piedras más veneradas se erigió la cruz para que la propia veneración confundiera el nuevo símbolo con la antigua creencia () a la simple Cruz, y para hacer más sensible a la multitud la nueva religión que predicaban, se añadieron bien pronto a los primeros apóstoles bretones). 

Solamente en el departamento de Finistére hay censados más de tres mil cien elementos patrimoniales. Los complejos calvarios que se empezaron a erigir a partir de mediados del siglo XV y gozaron de su apogeo entre los siglos XVI i XVII, se construían sobre una base de obra generalmente rectangular donde se ubicaba la capilla. La mayoría de autores permanecieron anónimos salvo algunas excepciones. Bastien y Henry Prigent, Roland Doré o Julien Ozanne son los nombres de algunos de los escultores que son conocidos, gracias a que dejaron su firma o la de su taller. Los temas de las escenas son recurrentes en todos ellos. Desde la Anunciación al Juicio Final pasando por la Crucifixión y la Resurrección. Los personajes también: Herodes, ambos ladrones, Dimas y Gestas flanqueados respectivamente por un ángel y un demonio, Longinus y Stephaton, el lancero y el portador de la esponja, la Verónica con la sábana santa. También se representan personajes locales. Los santos bretones Yves, Pol Aurelien, Edern o Armel. Katel Golet, una figura femenina torturada por los demonios en las puertas del infierno a causa de haber sido seducida por el diablo, simbolizando el castigo a la lujuria. Para permanecer soltera, Katel prometió casarse solamente con quien estuviera dispuesto a bailar con ella durante doce horas seguidas.

En San-Jean-Trolimnon la Capilla de Tronoën es una de las más espectaculares y el calvario uno de los más antiguos. Construido sobre una base de granito de Scaër y de Kersanton, de casi veinte metros cuadrados posee dos frisos y tres crucifixiones. En los frisos se desarrollan diecinueve escenas de la vida de Cristo, desde la Anunciación hasta la Pasión y la muerte. Data de mediados del siglo XV. Al margen de algunas de ellas desplazadas a causa de restauraciones posteriores, las escenas se suceden linealmente, la historia sagrada se relata como en un comic. Debe leerse en el sentido inverso al de las agujas del reloj siguiendo una espiral ascendente que conduce hasta la Piedad y, finalmente, al crucifijo. El discurso tiene un doble valor pedagógico y simbólico.

En las cercanías de Brest se halla el de mayor tamaño de toda Bretaña: el de Plougastel-Daoulas, extraordinario calvario de base octogonal flanqueado de arcadas. Ciento ochenta figuras se distribuyen en veintiocho escenas. Se construyó en 1604, en agradecimiento al fin de la peste que asoló el país en 1598. Hay escenas curiosas. La ya citada de Katel Golet. O la de la entrada de Jesús en Jerusalén donde está precedido de personajes vestidos al modo de los campesinos bretones. A los pies de Cristo en la crucifixión dos Ángeles recogen su sangre en un cáliz, aludiendo a la leyenda del Santo Grial.

En el valle de Elorn, en la región de Léon, está el calvario de Thégonnec, donde el santo homónimo está representado junto al lobo que domesticó. También está Poncio Pilatos lavándose las manos. Y una Verónica con la sábana santa entre la decena de escenas montadas sobre el único friso.

La iconografía de origen celta experimentó un notable auge a fines del siglo XIX coincidiendo con la muestra de antiguas cruces en la exposición Dublin Industrial Exhibition de 1853. Cuatro años más tarde Henry O’Neil publicaba Illustrations of the Most Interesting of the Sculptured Crosses of Ancient Ireland, un opúsculo que compendiaba grabados del antiguo patrimonio irlandés. Nuevas cruces fueron levantadas, pero en esa ocasión solo en los cementerios.

© J.L.Nicolas

 

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