El País de la Larga Nube Blanca

21.12.2012 14:29

Es Ao Tea Roa, o Nueva Zelanda. A vista de pájaro, o de satélite, y si está despejado, se distingue perfectamente el porqué de la toponomástica maorí de las islas. La Isla Sur es Te Waka o Aoraki, la canoa de Aoraki, que persigue a la Isla Norte, Te Ika un Maui, el gran pez de Maui. Al sur, la que hoy se llama Stewart Island es Te Punga o Te Waka Maui, es decir, el ancla de la canoa de Maui, el héroe mitológico.

Antes de que se extinguiera el gran pájaro Moa, llegaron los primeros colonizadores a las costas orientales de Ao Tea Roa en varias migraciones entre los siglos IX y XIV, provenientes, probablemente, del este de Polinesia, o quizás de las Islas Cook, o, según la mitología maorí, de la legendaria Hawaiki. Según esa misma tradición llegaron en siete grandes canoas que fundaron las siete tribus primigenias.

Hasta la llegada del inevitable hombre blanco. Del que el personaje de Jack London en los Relatos de los Mares del Sur, Charley Roberts, decía: Suéltale que hay diamantes en las ardientes murallas del infierno, y el Sr. Hombre Blanco asaltará las murallas hasta poner a trabajar al mismísimo Satán a pico y pala. Eso es lo que tiene de estúpido e inevitable.

El primer hombre blanco que vislumbró, tras un largo viaje, las costas de Nueva Zelanda fue el holandés Abel Janszoon Tasman al mando de los navíos Heemskerck y Zeehaen, el 13 de diciembre de 1642: Hacia el mediodía vimos una tierra grande, alta, a nuestro sureste, a unas quince millas de distancia, cambiamos el rumbo dirigiéndonos directamente a esa tierra, por la tarde disparamos un cañonazo e izamos bandera blanca. Llamó a esa tierra Staten Island, y a una bahía en la que murieron cuatro de sus marineros en una escaramuza con los maoríes, Bahía de los Asesinos, hoy Golden Bay. Ningún otro occidental pisaría Nueva Zelanda hasta el 6 de octubre de 1769, cuando el vigía Nicholas Young, desde el mástil del HMB Endeavour capitaneado por el célebre explorador británico James Cook, oteó la costa en Tuuranga-nui, hoy Poverty Bay, cerca de Gisborne. Cook, en ese primer viaje, trazó el mapa de la práctica totalidad de la costa neozelandesa. Dos días más tarde escribió en su diario: La costa es elevada, con acantilados abruptos, y hacia el interior de las tierras se ven montañas muy altas. La superficie del país está sembrada de colinas y parece verdeante y cubierta de bosques. Viento entre estenoreste y norte.

Entre finales del siglo XVIII y a lo largo del XIX se desarrolló la colonización británica de las islas. Los conflictos con la población autóctona desembocaron en varias guerras. A veces el inevitable hombre blanco se mezcló asombrosamente con los maoríes. Fue el caso de convictos huidos, o simplemente comerciantes que se acabaron asentando entre la población local, apreciados como intermediarios e intérpretes. Fueron llamados Paheka, y, en algunos casos, como el de John Rutherford o Burnet Burns fueron tatuados en la cara. El tatuaje facial, Te Moko, denotaba el reconocimiento al estatus social alcanzado en la tribu.

El 6 de febrero de 1840 se firmó en Waitangi, al norte de la actual Auckland, un tratado entre colonos ingleses y maoríes. En este se reconocía la igualdad de derechos entre ambos. También se reconoce como un documento fundacional del Estado, a pesar de las discrepancias, que aun perduran, sobre la interpretación de algunos de sus artículos.  Actualmente, en Waitangi, se puede visitar la Casa del Tratado, donde se firmó este y que fue construida para el primer Residente Británico, James Busby. A pocos metros está la casa donde se reunieron los jefes maoríes, Te Whare Runanga, y una de las mayores canoas ceremoniales de guerra, tan larga como su nombre, Ngatokimatawhaorua.  Un poco más al sur, en dirección a Paihia y atravesado el puente sobre Te Ti Bay hay otra embarcación, esta vez se trata de un pequeño clipper varado a propósito desde hace años sobre la arena de la ribera y que no tiene más ceremonia que la de tomar un aperitivo o una cerveza en cubierta. Es un bar. Original, eso sí.

En 1865 se trasladó la capital del territorio de Auckland a Wellington en búsqueda de una centralidad equilibrada entre las dos islas principales. Aquí se instaló el parlamento, la corte suprema y la sede del gobierno, conocida como la Colmena por la apariencia del edificio. Desde 1998 Wellington también es la sede de Te Papa Tongarewa, el moderno gran Museo de Nueva Zelanda.

Con el nuevo milenio Nueva Zelanda se convirtió en escenario del rodaje de la trilogía de Tolkien El Señor de los Anillos. Mordor, Emyn Muil y el Monte Doom  transformaron la región de Taupo y el monte Tongariro. Una finca privada, Alexander Farm, cerca de Matamata se convirtió en un Hobbiton de peaje, la aldea de Frodo y Bilbo.

© J.L.Nicolas

 

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