La Isla del Tesoro

23.11.2012 11:18

Olivier Levasseur, más conocido en su época cómo La Buse, todavía debe estar riendo en su tumba. ¿En su tumba?. No porqué no está enterrado en ella. Por una simple razón: el Cementerio Marino de Saint Paul, al noroeste de la isla de la Reunión, anteriormente conocida cómo Ille Bourbon, no existía cuando Levasseur fue colgado alto y corto.

Pero sirvámonos una copa de ron, un Vieux Charrette o un Riviere du Mat de la Reunión, y empecemos por el principio. El principio está, o estuvo, en la ciudad de Calais, en el punto más estrecho que separa Francia de Inglaterra en el Canal de la Mancha, aproximadamente en el año 1680, cuando una parturienta muere al dar a luz a su bebé. Así, el pequeño Olivier, que no conoció a su madre, quedó al cuidado de una aya hasta que su padre, filibustero de profesión, se hizo cargo de él enseñándole a navegar a bordo del Reine des Indes hasta que Louis XIV, el Rey Sol, finalizadas las guerras europeas, decretó el fin del corso. Muerto su padre Levasseur heredó el bajel y puso proa, en julio de 1718, hacia el Golfo de Guinea, aunque según el Capitán Charles Johnson, posible seudónimo de Daniel Defoe, en su The General History of the Robberies and Murders of the Most Notorious Pirates de 1724, indica que previamente habría asistido a la reunión de piratas de Providence, en las Bahamas, cita en la que estos decidieron abandonar sus actividades en el Caribe.

Levasseur, en ruta hacia el Mar Rojo, naufraga en Mayotte, en el archipiélago de Comores. Asociado al capitán John Taylor inicia una campaña de pillaje en el Océano Indico, ruta obligada de las distintas compañías de las Indias de las potencias europeas.

Provenientes de Ille de France, Isla Mauricio, el 26 de abril de 1720, Taylor y La Buse llegan a Saint Denis, isla de La Reunión, con sus barcos Victorieux y Cassandra. Anclado, desde hace seis días para ser reparado, se halla en la rada el navío portugués Nossa Senhora do Cabo, uno de los buques insignia de la flota lusa, con sus ochocientas  toneladas y setenta y dos cañones, proveniente de la India y en ruta hacia Lisboa. En tierra, invitados por el gobernador de la isla, Desforges-Boucher, están algunos de sus ilustres pasajeros: el Virrey de Goa, Conde de Ericeira y Marqués de Louriçal Don Luis Carlos Inácio Xavier de Meneses junto al arzobispo Don Sebastião de Andrade Pessanha.

Tras arriar los pabellones ingleses enarbolan en los mástiles el pabellón negro con la calavera y las tibias. Los cuatrocientos ochenta hombres de Taylor y de La Buse asaltan el navió portugués, en mala situación para maniobrar. Una vez sometido el Nossa Senhora do Cabo los piratas se dan cuenta del enorme botín que acaban de obtener: diamantes, perlas, cofres de piedras preciosas, cálices, monedas de oro y de plata... Más el propio navío, al que Lavasseur volverá a bautizar con el mismo nombre que el anterior: Victorieux.

De camino a Madagascar asaltan el Villa de Ostende y el Duchesse de Noailles. Una vez repartido el botín John Taylor zarpará con el Cassandra con proa hacia Panamá. Olivier Lavasseur y cuarenta de sus hombres se retiraran en la bahía de Antongil, cerca de Nosy Bohara, la isla Sainte Marie, en Madagascar.

Ocho años más tarde, La Buse, que ya se creía olvidado, es capturado y trasladado a Saint Denis, y de allí a Saint Paul por orden del nuevo gobernador Pierre Benoît Dumas, él mismo un antiguo pirata. En el camino pronuncia su célebre frase. “Con lo que he escondido aquí podría comprar la isla entera”.

El siete de julio de 1730 le es comunicada la sentencia:“Visto por el Consejo el proceso criminal extraordinario...contra Olivier Levasseur apodado La Buse, acusado del crimen de piratería...es condenado a pagar por sus actos honorablemente frente a la puerta principal de esta Iglesia de esta parroquia, en camisa, con la cuerda al cuello...y a declarar en voz alta e inteligible que durante años ha ejercido deshonesta y temerariamente el empleo de pirata, del que se arrepiente y pide perdón a Dios, al Rey...Ejecutado a las cinco horas de la tarde del siete de julio de mil setecientos treinta.”

Se cuenta que, antes de ser ahorcado, La Buse lanzó a la plebe un papiro, proclamando: “Mis tesoros a quien sepa comprender”.

El papiro tenia inscrito un indescifrable criptograma en el que utilizó el alfabeto templario junto a otras claves ocultas. El documento existe ciertamente, está conservado en los Archivos Maritimos de Brest, en Francia y se verificó su autenticidad. Fue recuperado en Mahé, Seychelles, en 1923, y enviado a los Archivos Nacionales de La Reunión. En 1934 se publicó el estudio de Charles de la Roncière en Le Flibustier mystérieux, histoire d’un tresor caché. La transcripción que se hizo proporcionó las siguiente especie de receta de cocina redactada en un antiguo creole:

“APRE J MEZ UNE PAIRE DE PIJON TIRESKET

2 DOEURS QE SE A JTETE CHERAL F UNE KORT

FILT TINS HIEN TECU PRENEZ UNE CULLIERE

DE MIELLE ET OVTRE FOUS EN FAITES UNE ONGAT

METTEZ SUR KE PATAI DE LA PERTOT OITOUSN

VPULEZ OLVS PRENEZ 2 LET CASSE SUR LE CHE

MIN IL FAUT QCEUT TOIT A NOI TIE COUVE

POUR EN PECGER UNE FEMME DH RENGT VOUS NAVE

QUA VOUS SERER LA DOBAUC GEA ET POUR VENGRAAI

ET POR EPINGLE OUEI UILE TURLORE

IL NOUR LAIRE PITER UN CHIEN TURQ UN

LENEN DE LA MER DE BIEN TECTE ET SUR

N VOVLEN QUIL NISE IUD FKU UNE FEMMR

QI VEUT SE FAIRE DUN HMET SE DETE DRE

DANS DU UI O OU QN DORMIR UN HOMMRE

SSCFVMM PL FAUT N RENDRE UDLQ

UUN DIFFUR QE CIEE FUR TETLESL”

 

Mediante puntos inconexos presentes en el texto se ha creido encontrar una relación con la constelación de la Cruz del Sur, una representación de la costa occidental de La Reunión y también el propio nombre del pirata.

Lo cierto es que todavía no se ha comprendido su verdadero significado ni se ha encontrado el botín. Cazadores de tesoros lo han intentado en La Reunión, Sainte Marie, Mauricio, Mayotte, isla Rodrigues y en las antiguas Sete Irmanas, hoy Seychelles.

Del mismo modo se ignora donde reposan realmente los restos de Levasseur. Junto al muro que da a mar, en un extremo del Cementerio Marino de Saint Paul, y una vez pasados los panteones de Leconte de Lisle y de las víctimas del naufragio del Keranna, se encuentra toda la parafernalia que rodea la supuesta tumba de La Buse. Una cruz de piedra con el símbolo de la calavera pirata está rodeada por una pequeña bombarda y una placa metálica con la inscripción: “Olivier Levasseur dit La Buse, pirate, ecumeur des mers du sud, executé a St Paul en 1730”. No faltan los ramos de flores.

En los cálidos y húmedos atardeceres de las playas de la Ille Sainte Marie, siempre en relación directa con un buen ron añejo, es posible confundir entre el rumor monótono del oleaje del Índico y los graznidos de las gaviotas un leve rumor que recuerda, más que unas risas, una sardónica carcajada. A veces parece provenir del este, de las costas de La Reunión, otras de la propia Sainte Marie, la Ille des Forbans....

© J.L.Nicolas

 

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