Málaga

15.04.2014 10:28

Para Rafa y Paco

Málaga es dulce como sus vinos, sabrosa como su pescadito frito, que dicen se prepara con un rebozado distinto al del resto de Andalucía, más fino, como las exquisitas coquinas que se comen crudas. Málaga es esencia de antiguas culturas en el Mediterráneo de andaluz.

Esencias que en su casco antiguo, entre las alturas de Gibralfaro y la corriente del Guadalmedina recorre su arteria principal, la calle del Marqués de Larios, que se ha convertido en un agradable paseo en el corazón de la ciudad. Aquí se advierte una arquitectura que mezcla elementos modernistas y Art Déco, con fachadas de esquinas redondas que evitan las esquinas. Quizás sea un modo de impedir que se esconda el diablo. Larios se transforma al llegar a la plaza de la Constitución, a partir de allí se convierte en la calle Granada, la antigua calle Real llamada así porque por ella entraron los Reyes Católicos cuando tomaron la ciudad en 1487. La plaza de la Constitución había acogido las dependencias del ayuntamiento hasta el año1869, aunque finalmente en 1911 se instalara en el edificio neobarroco de la Casona del Parque. También se llamó plaza de las Cuatro Calles hasta que tras la promulgación de la Constitución de las Cortes de Cádiz en 1812 se le adjudicó el nombre actual por primera vez. Antes de volver a esta denominación se llamó sucesivamente Libertad, República Federal, 14 de Abril y José Antonio Primo de Rivera.

Desde la última remodelación de 2003 toda la zona quedó libre de tráfico rodado. Se volvió a instalar la fuente de los genoveses en el extremo opuesto a la estrecha entrada del Pasaje de Chinitas, que ocupa el espacio donde estuvo el convento de las Agustinas Descalzas, y un teatrillo que cerró en 1937, el Café de Chinitas. Junto a la plaza aún están la Casa del Consulado y el Antiguo Colegio de los Jesuitas. Al final de la calle Granada se abre la plaza de la Merced con un obelisco en su centro y la Casa Natal de Picasso reconvertida en fundación.

La cercana plaza del Obispo la comparten el Palacio Episcopal y una de las fachadas de la renacentista Catedral de la Encarnación, la Manquita, sobrenombre que debe a que el campanario del sur quedó inconcluso. Después se acabó considerando que precisamente ese hecho le confería una personalidad y una seña de identidad especial.

Muy cercana a la catedral está la iglesia de San Agustín y el Museo Picasso y, trás estos, la antigua judería entre las calles de San Agustín y Alcazabilla. Esta última también se cerró al tráfico tras la abertura del túnel de la Alcazaba en 1999. En ella se puede admirar el teatro romano que no fue descubierto hasta 1951. Tras él se cierran las murallas de la fortaleza musulmana de la Alcazaba y en el otro extremo las sillas y mesas de las terrazas de las cafeterías, entre ellas las de la vieja taberna El Pimpi que ocupa el espacio de las antiguas caballerizas del Palacio de Buenavista y que ha sido espacio de flamenco y de tertulias como las que protagonizaba la escritora Gloria Fuertes en los años setenta. 

A lo largo del frente marítimo se extiende el Paseo del Parque que se fue construyendo a lo largo de los años en un espacio ganado al mar donde asoman los edificios del Palacio de la Aduana, el antiguo neomudejar de Correos que hoy alberga al Rectorado, el neoclásico del Banco de España y el Ayuntamiento. En sus jardines crece vegetación mediterránea y subtropical y entre ellas las estatuas de ilustres personajes malagueños. Antes de llegar a la Plaza de Toros de la Malagueta está el barrio homónimo con sus playas y el paseo de la Farola que cierra el puerto.

Desde los muros de la fortaleza de Gibralfaro se tiene una idea aproximada de todo ello y de los nuevos barrios que han crecido alrededor del viejo núcleo en el que antes prosperaron fenicios, romanos, bizantinos y musulmanes.

© J.L.Nicolas

 

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