Piedras de Menorca

02.12.2016 10:39

La prehistoria menorquina se escribió con piedras, bloques de mediano tamaño que se alinearon formando construcciones funerarias en forma de nave invertida y piedras ciclópeas que sostienen a otras en unos singulares conjuntos megalíticos únicos en el mundo. Todas ellas conforman la que se ha llamado cultura talayótica de las Baleares.

El nombre viene de talaiot, atalaya, por las construcciones en forma de torre de observación generalmente cónicas que existen por toda la isla y da nombre al periodo que abarca la edad del bronce y del hierro, particularmente rico arquitectónicamente en estructuras funerarias o de culto y defensivas. Hay unos mil quinientos yacimientos en los que se han censado doscientos sesenta talayots, veinticinco taules, sesenta y cuatro navetas y seiscientos noventa y un hallazgos diversos. La mayoría de ellos se sitúa en la zona meridional de la isla y la razón se debe probablemente a la proximidad de las canteras de piedra calcárea.

Los talayots más antiguos se datan sobre el 2000 AC, se construían con piedras colocadas en seco, sin argamasa que las uniera y la función debía ser generalmente de vigilancia y defensa de las comunidades que habitaban el entorno. La mayoría eran macizos aunque se han descubierto pequeños espacios interiores en algunos de ellos. Las taules son estructuras en forma de herradura en el centro de las cuales se combinan dos grandes bloques de piedra, una gran columna que sostiene un capitel de proporciones casi similares, confiriéndole el aspecto de una gran letra T. Seguramente tenían alguna desconocida función religiosa y posiblemente soportaran una estructura más ligera de madera o tela. Las navetas deben su nombre a la forma de la construcción que recuerda la de una nave invertida, en ellas se han hallado restos de múltiples inhumaciones. Talayots i taules no eran estructuras aisladas sino que estaban integradas en poblados habitados y generalmente rodeados por una muralla.

Saliendo de Mahón y tomando el camino viejo en dirección a Sant Lluís, fundado durante la ocupación francesa, se llega al cabo de un par de quilómetros al poblado talayótico de Trepucó. Ocupa un área considerable, cinco mil metros cuadrados. De sus defensas queda algún fragmento de muralla y un par de torres. De los tres talayots que existieron se conservan dos, en el centro se alza el mayor, de 26 metros de diámetro, el menor posee un pasadizo interior que lleva hasta el terrado. Junto al primero se alza una impresionante taula que supera los cuatro metros de altura y casi llega a los tres de ancho. El recinto forma un ábside semicircular que fue excavado en los años treinta por la arqueóloga inglesa Margaret Alice Murray y reconstruido a principios de los setenta. El poblado fue empleado en 1781 como cuartel general de las tropas franco españolas dirigidas por Louis Berton de Balbe de Quiers, Duque de Crillon, para asediar el castillo de San Felipe, bastión de las tropas inglesas durante la ocupación británica.

También cerca de Mahón pero a cuatro quilómetros en dirección a Alaior se encuentra Talatí de Dalt, un poblado donde probablemente no habitaron más de un centenar de personas. Como en otros asentamientos además de situar los talayots en las proximidades de la muralla existe uno central sobre el punto más elevado.

Entre Alaior y la costa meridional de la isla hay otros poblados prehistóricos notables. Torre d’en Galmés es el más extenso en toda Menorca, ocupa algo más de seis hectáreas. Sus tres talayots, como es habitual, están situados en la zona más alta del recinto amurallado. Junto al mayor está el santuario de la taula, cerrada en un perímetro cuadrangular donde se descubrió una estatuilla de Imhotep, el arquitecto egipcio que fue deificado como dios de la medicina y que se expone en el Museo de Menorca, en Mahón. A finales del siglo XIX el arqueólogo francés Émile Cartailhac visitó los monumentos prehistóricos de la isla, acabaría publicando en 1892 Monuments primitifs des îles Baléares y aquí se interesó particularmente por un área de viviendas que hoy lleva su nombre, el Círculo Cartailhac. Este tenía un acceso porticado, un espacio de cocina habilitado para la elaboración de ahumados y un granero en una sala hipóstila. Otras viviendas circulares aprovechan el desnivel del terreno para distribuir en forma de radio sus diversos habitáculos. Una de ellas alcanza catorce metros de diámetro alrededor de un patio central. El poblado disponía de un sistema de recogida de aguas pluviales que se almacenaba en cisternas abiertas en el subsuelo. No  muy lejos está el núcleo de Torralba d’en Salort, del que destaca su taula de veinticinco toneladas, cerca de donde se encontró la figurita de bronce que representa un toro y otras dos de terracota de origen púnico que corresponden a la diosa Tanit.

En el otro extremo de la isla y ya cerca de Ciudadela hay dos poblados destacables: Torre Trencada y Torre Llafuda. La primera tiene algunas sepulturas en una cueva artificial, una sala hipóstila y un aljibe. La taula es particular por la columna adicional que ayuda a soportar la losa del ciclópeo capitel, rematada por una piedra que hace de cuña. Torre Llafuda está rodeada de encinas y su muralla tenía varias puertas de acceso en forma de corredor cubierto. En uno de los hipogeos se hallaron balas de hondero. Estos fueron combatientes apreciados en el ejército romano por la pericia que demostraron en el uso de sus armas y que dificultó el desembarco de los ejércitos republicanos en las islas.

La Naveta des Tudons es el mejor ejemplo en la isla de este género de enterramientos colectivos. Las dataciones lo sitúan en torno al primer milenio antes de nuestra era cuando debió de ser empleado como mausoleo. Las excavaciones realizadas en 1959 descubrieron los restos de un centenar de personas además de ajuar funerario y objetos ornamentales de bronce en su interior, que una vez atravesado un corredor está dividido en dos plantas. Una construcción de estas características no ha quedado al margen de la imaginería popular que le ha atribuido un origen legendario. En este caso cuentan que dos jóvenes gigantes prendados por una doncella se disputaron sus atenciones mediante un singular concurso: uno de ellos debía de levantar una construcción en forma de barco, el otro perforar un pozo en aquella zona rocosa. Tras días de trabajo llegó el momento en que el último anunció que había encontrado agua, en el preciso momento que el otro acarreaba la piedra que completaba su obra. Cegado lanzó el bloque al fondo del pozo acabando con su competidor pero siendo de este modo incapaz de completar la naveta. Dicen que el bloque que falta en una esquina está aún en el fondo del cercano Pozo de Sa Barrina.

Cerca de Mahón también merecen una visita el poblado talayótico de Cornia Nou, el monumental Talayot de Torelló, los hipogeos de Binici Nou y, hacia Alaior, el Santuario de So na Caçana y las espectaculares navetas funerarias de Rafel Rubí y las de Biniac l’Argentina. Buena parte de los objetos descubiertos en todos ellos se exhiben en el Museo de Menorca, en Mahón, y en el Museu Municipal Bastió de sa Font, en Ciudadela.

El tiempo de los poblados talayóticos no finalizó repentinamente tras la conquista de Roma y el proceso de aculturación. En algunos casos se produjo un progresivo abandono mientras que en otros la ocupación se prolongó hasta la Edad Media, durante el dominio de Al Ándalus.

© J.L.Nicolas

 

Ver más fotografías