Viva la Pepa

05.12.2012 17:11

Fernando VII, por la Gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía española, Rey de las Españas, y en su ausencia y cautividad la Regencia del Reyno nombrada por las Cortes generales y extraordinarias, á todos los que las presentes vieren y entendieren, sabed: Que las mismas Cortes han decretado y sancionado la siguiente Constitución política de la Monarquía Española.

Así rezaba el encabezado de una de las primeras páginas de la Carta Magna  promulgada en 1812. Esta página y todas las siguientes el monarca las emplearía como papel higiénico tras la restauración al concluir la guerra de la Independencia. Aun así inspiró la mayor parte de las constituciones iberoamericanas tras sus respectivas emancipaciones de la metrópoli y también, en España, se aplicaría durante el trienio liberal de 1820 a 1823, así como durante el breve periodo durante el que el se preparó la Constitución de 1837.

La redacción de la primera Carta Magna española se realizó durante la ocupación de la península por las tropas napoleónicas, en plena guerra con el francés. Pero la ocupación no era plena, algunas ciudades resistían los sitios de las tropas galas. El gobierno español adoptó como sede la Real Villa de la Isla de León, hoy San Fernando, junto a la ciudad de Cádiz. Aun a pesar del bloqueo a que estaba sometida por sesenta mil soldados al mando del mariscal Claude Víctor, un 24 de septiembre de 1810 juraron los diputados llegados a la isla.

El 28 de noviembre se notifica a las Cortes el envío de tres congresistas a Cádiz para que encuentren una ubicación adecuada para la celebración de las sesiones plenarias. El 3 de diciembre los diputados Morales, Cea y Aguirre informan que el local idóneo es el oratorio de San Felipe Neri, en la calle de San José, esquina con Santa Inés. Se reformó la decoración interior del templo, se modificó la entrada por el altar mayor y en la cabecera se colgó un retrato del monarca. En el interior formando un semicírculo de bancos y sillas se dejaba un espacio central para el presidente y el secretario.

Después de mil cuatrocientas sesiones de debates el texto tomó forma. En sus 384 artículos se estableció por primera vez el concepto de soberanía nacional y la división de poderes, se reconocía la ciudadanía de españoles peninsulares, americanos y filipinos en igualdad de condiciones, la libertad de expresión, de prensa y de imprenta, el derecho a la libertad personal, la inviolabilidad del domicilio y otorgaba garantías procesales y penales. Finalmente se hizo pública de modo solemne el 19 de marzo de 1812, día de San José. De ahí su apodo: Pepa.

San José amaneció tapado en Cádiz. Los nubarrones sobre la desembocadura del Guadalquivir junto a las nubes que cubrían el castillo de San Sebastián no pronosticaban una jornada soleada. La comitiva que partió de la Aduana para dirigirse al Oratorio estaba predestinada a mojarse de un modo u otro. Recorrieron la calle de Santa Inés hasta alcanzar la plaza de San Antonio. En la Alameda el fuerte viento impedía oír incluso los cañonazos franceses. En la iglesia del Carmen se oficiaba un Te Deum. Según Pérez Galdós “hasta los mendigos, mancos, cojos y lisiados abandonaron sus puestos corriendo hacia la Cortadura, con la intención de recoger abundantes limosnas. No pedían en nombre de Dios y la caridad, sino en nombre de aquella otra deidad nueva, diciendo:-¡Por las Cortes, por las Cortes!”.

Al día siguiente, por un real, el diario “El Conciso” recogía la noticia de los lugares donde se había hecho público el flamante texto constitucional: la plazuela de San Felipe, la ya nombrada plaza de San Antonio, la plaza de la Cruz de la Verdad y en frente de la Aduana “a cuyo efecto en estos sitios se ha dispuesto un tablado y un dosel con el retrato del rey Fernando VII”.

El “Diario Mercantil de Cádiz” del jueves 19 de marzo de 1812 iniciaba sus páginas haciéndose eco de que el sol saldría a las 6 horas y un minuto para ponerse a las 5 y 58, con la primera marea baja a las 12 y 13 minutos, para continuar anunciando la publicación de la Constitución Española, “á despecho de los franceses y de los serviles”.

 Doscientos años más tarde, al margen de las celebraciones oficiales, también se ha remozado el Museo de la Constitución, ahora Museo Iconográfico e Histórico de las Cortes y Sitio de Cádiz, en la misma calle de Santa Inés, junto al Oratorio. El Museo se inauguró por primera vez en 1912, en el primer centenario de la Carta Magna. En la entrada se conserva la lápida de mármol colocada en 1837 sobre la portada del Oratorio. En su magnifico y luminoso interior destaca la sala en la que se halla la colosal maqueta de la ciudad a escala 1:250, elaborada con maderas nobles, caoba, ébano, cedro y con algunos detalles, como el de la fachada de la Catedral Nueva tallados en marfil. La maqueta se montó entre 1777 y 1779. Y sobre ella el enorme lienzo de Salvador Viniegra “Promulgación de la Constitución de 1812”.

El consistorio de la ciudad sugiere al visitante un itinerario a pie por lo que fueron los escenarios de aquel Cádiz constituyente del día de la proclamación. Cómo se hizo en 1812, se parte del Palacio de la Aduana, hoy de la Diputación. Este fue elegido como sede de la Regencia durante el sitio napoleónico y de aquí partió la comitiva que proclamaría la Constitución enfrente mismo del palacio, a pocos metros de la plaza de España, donde se levanta el monumento, proyectado por Modesto López Otero, en homenaje a aquellas Cortes, iniciado el año del centenario y acabado en 1929.

El recorrido pasa junto a las casas de cuatro y cinco torres para adentrarse en el barrio de San Carlos, siguiendo por sus murallas hasta la Alameda Apodaca. Continúa hasta la Iglesia del Carmen, aquella del Te Deum, frente al baluarte de la Candelaria para llegar a la antigua plaza de la Cruz de la Verdad. Allí donde se formaban corrillos que intercambiaban las habladurías del momento interpretándolas asaz libremente. Así se convirtió la Cruz de la Verdad en la  Cruz de las Mentiras y de ahí al actual Mentidero.

A tres travesías está la amplia plaza que una vez fue el Campo de la Jara, por la fuente del mismo nombre que abastecía de agua a la barriada. Luego tomaría el nombre de San Antonio, a causa de la ermita que veneraba al santo y que devendría Iglesia. Aquí se promulgó la Pepa por tercera vez en aquella inolvidable jornada. En esta misma plaza se pueden admirar las fachadas barrocas de la Banca Aramburu, antigua sede de la institución financiera del mismo nombre, y también del Casino Gaditano, edificio que una vez perteneció a la familia Istúriz y que en 1857 fue reformada para acoger al casino de la ciudad.

El itinerario lleva ahora hasta el remozado Oratorio de San Felipe Neri, sede de las sesiones parlamentarias de las Cortes, y, junto a este, al Museo de la Constitución ya citado, ambos restaurados con motivo del segundo centenario.

Llegando a la calle Ancha, andadura obligada en  el centro de la ciudad, se gira a mano izquierda para acabar encontrando la plaza de San Francisco, donde una placa recuerda al diputado doceañista ecuatoriano José Mejía de Lequérica.

Es fácil cerrar el circuito en el vecino Hotel de las Cortes, donde las habitaciones en lugar de tener número se identifican con los nombres de ilustres diputados de la época. Por lo menos se intenta.

© J.L.Nicolas

 

Ver más fotos