Baux de Provenza

21.03.2018 10:00

Les Plus beaux villages de France es una asociación de 157 municipios que reúne y promociona las localidades más bonitas de Francia. Les Baux de Provence, colgada sobre un gran promontorio rocoso en la Sierra de les Alpilles,  es una de ellas.

Y realmente lo merece. La meseta pétrea se eleva vertiginosamente doscientos metros sobre la campiña circundante, desde ella se dominan los llanos del sur hacia Arlés y las cercanas marismas de la Camarga. El precio a pagar por esa elevada posición es el castigo del mistral. En invierno y durante la primavera bate violentamente la población. Eso significa la mitad del año. Los habitantes distinguen dos tipos del mismo viento, a uno le llaman el mistral blanco y confiere al lugar una luminosidad particular. El llamado mistral negro, que sopla más raramente, suele llegar acompañado de lluvias.

El topónimo Baux deriva de la palabra occitana bauç. Significa acantilado o escarpado rocoso y acabó dando nombre al tipo de roca rico en aluminio que abunda en la región, la bauxita, catalogada en 1821 por el geólogo Pierre Berthier.

Una posición ventajosa, como la que conceden las alturas, ya fue aprovechada por los celtas galos, dos siglos antes de nuestra era, para construir un asentamiento de fácil defensa, un oppidum que Roma aprovecharía para reforzar la posición con un castrum que en la edad media, a partir del siglo X, se transformaría en un castillo que dominó pueblos y aldeas de la región. El linaje de los primeros señores de Baux, los Pons, originarios de Arlés, no hizo del castillo su residencia, solo excepcionalmente, como en el caso de Barral de Baux en el siglo XIII. Los señores de Baux controlaron durante siglos esta zona de la Provenza pretendiéndose descendientes del rey mago Baltasar, disputando sus derechos con los condes de Barcelona entre 1145 y 1162. A la muerte de la princesa Alix, en 1426, el señorío de Baux fue incorporado a Provenza.

Actualmente, una vez se ha conseguido dejar el vehículo en alguno de los múltiples aparcamientos de pago, carretera incluida, se accede por la entrada que está junto a la Maison du Roy, la oficina de turismo. Todo está orientado a los visitantes en Baux, comercios que venden todo tipo de jabones de lavanda provenzal, la absenta que pretendidamente bebía hasta saciarse Van Gogh, los típicos santones de Provenza, hechos de arcilla, la inefable parafernalia de reminiscencias medievales, desde figuritas de caballeros templarios de plástico coloreado hasta supuestas espadas de Toledo. El resto son restaurantes que ya tienen sus mesas listas para el almuerzo puntualmente antes de las once de la mañana.

No hay muchas calles en Baux, así que no hay más remedio que continuar por la rue de la Porte Mage y, aquí sí, escoger entre la Grand Rue o hacia la derecha por la place Louis Jou hacia la Porte d’Eyguières y la rue de la Calade. Si esta es la opción pronto se encuentra el Musée des Santons, los muñecos mencionados y más adelante, al llegar a la pequeña plaza de Saint Vincent está la iglesia homónima, en parte excavada en la roca y la Chapelle des Penitents Blancs. La primera, del siglo XII, está dedicada a San Vicente de Huesca. Una escalinata lleva hasta el portal románico.

Si se escogió la primera opción, la Grand Rue lleva hasta el ayuntamiento en el Hôtel de Mainville y a la casa que perteneció a Brisson Peyre y que conserva la divisa calvinista  de 1571 Post Tenebras Lux, tras las tinieblas la luz. A partir de aquí tanto la rue de l’Orme, la rue Neuve o la del Château llevan ineludiblemente a la entrada del castillo.

El primer recinto fortificado engloba a toda la población sobre la mole rocosa, su principal entrada fue hasta 1866 la Porte d’Eyguières, cercana a la plaza donde está la iglesia de San Vicente. Un segundo nivel comprendía todo el castillo y la explanada de Costapera, por el norte se accedía entre las torres Paravelle y la Sentinelle de Coye. Hacia el sur se entra  hoy a través de la rue du Trencat, una vez en el recinto aparece a la izquierda la Capilla de San Blas, un pequeño y sencillo oratorio del siglo XII hoy convertido en un anexo del museo del castillo y que antes estuvo vinculado al gremio de los cardadores de lana y al de los tejedores. En la explanada se exhiben reproducciones de armamento pesado medieval con los que se hacen demostraciones de tiro. Un paseo por la explanada lleva hasta el borde de los acantilados, desde los que se pueden ver las antiguas minas de bauxita, y al fondo la planicie de la Camarga. Bajo la mirada de la Tour Sarracine se llega al núcleo del castillo, alrededor de los patios se distribuían un horno de pan, las cisternas y los servicios que atendían a las zonas residenciales de la fortaleza. Estas se hallaban en la parte más alta, protegidas por un lado por el acantilado.

En 1631 los habitantes de Les Baux apoyaron la reforma protestante rebelándose contra el rey de Francia Louis XIII, la consecuencia fue un feroz asedio de veintisiete días, tras los cuales se rindió. Al año siguiente Richelieu ordenó la destrucción de la fortaleza.

© J.L.Nicolas

 

Ver más fotografías