De Ragusa a Dubrovnik

04.05.2018 13:03

Non bene pro toto libertas venditur auro, la libertad no se vende ni por todo el oro del mundo. La República de Ragusa, cuando fue ciudad estado en la costa dálmata, tuvo que aprender a nadar y guardar la ropa entre las turbulentas aguas que separaban a venecianos de turcos para mantenerse a flote y fiel a su lema.

Hoy conocida por su nombre eslavo, Dubrovnik nació de dos ciudades separadas por un canal. El asentamiento original se estableció en una isla que recibió el nombre de Laus, roca en griego, que acabaría derivando en Ragusa. Al otro lado del canal, en la colina unida a la costa y poblada por encinas, dubrava, se creó Dubrovnik. Al cegarse la vía de agua, ambos núcleos quedaron unidos. Desde su fundación Ragusa estuvo vinculada al Imperio Romano de Oriente, a Constantinopla, hasta el saqueo de esta en 1204 durante la Cuarta Cruzada, cuando fue incorporada a la República de Venecia y de la que tomó como ejemplo sus instituciones, creando el Consilium Maiorum, es decir, el Senado, así como la ceremonia que anualmente enlazaba Venecia con el Adriático en el matrimonio con el Mar. En el caso de Ragusa, cada 3 de febrero, durante la celebración de San Blas, los almirantes de la flota desplegaban la enseña del patrón de la ciudad pronunciando una alabanza a la que la plebe respondía: ¡Larga vida a San Blas en tierra y en el mar!  Que San Blas, el obispo armenio que vivió en el siglo IV, es el patrón de la ciudad se evidencia por el número de tallas suyas que hay repartidas por doquier, sobre las puertas que atraviesan las murallas, sobre estas mismas en el puerto y por supuesto sobre su iglesia.

En 1358 Ragusa rompió los lazos con la Serenísima, pasando a ser una ciudad independiente aunque tributaria del reino húngaro. Entre los siglos XV al XIX gozó de una notable prosperidad, amplió su territorio sobre las islas de Mljet y Lastovo y sobre la península de Peljesac; llegó a disponer de una flota propia de doscientos bajeles y unas hábiles dotes para la diplomacia que facilitaron su supervivencia entre las potencias mediterráneas. Tuvo abiertos ochenta consulados y, años más tarde, fue uno de los primeros estados europeos en reconocer la independencia de los Estados Unidos de América. También sobrevivió al terrible terremoto de 1667 que devastó la ciudad y acabó con casi la mitad de sus habitantes. Sin embargo la Libertas no se perdería sino hasta la llegada de las tropas napoleónicas que se adueñaron de toda Dalmacia.

Hoy Stradun, sobre el canal que se cegó, es la principal vía del casco antiguo y escaparate de la ciudad. Une las dos puertas extremas, la de Ploce y la de Pile y a lo largo de su recorrido están los edificios públicos más relevantes de la vieja Ragusa. En la plaza Luza se concentran el palacio del Rector, el palacio Sponza y Crkva Sv Vlaha, la iglesia de San Blas. El primero fue residencia del gobernador de la República, el cual era nombrado mensualmente para despejar dudas sobre su apego por el erario público. En ese periodo no le estaba permitido salir del palacio salvo alguna notoria excepción. En la construcción original participó el arquitecto napolitano Onofrio della Cava quien también desarrollaría el sistema de abastecimiento de agua a la ciudad. El palacio posee un extraordinario pórtico con columnas. En los capiteles hay tallas de Pietro di Martino, un retrato de Escolapio y el juicio de Salomón. En la actualidad el palacio acoge la sección histórica del Museo de Dubrovnik. Muy cerca, el Palacio Sponza, una mansión gótica y renacentista del siglo XVI, fue en su momento aduana, tesorería del estado, casa de la moneda, banco y armería. Construido por el maestro local Paskoje Milicevic tiene un bello pórtico que da a la plaza. Hoy alberga el archivo de la ciudad en el que hay una gran colección de manuscritos milenarios. El palacio fue uno de los pocos edificios públicos que soportaron el terremoto de 1667. Enfrente está la iglesia de San Blas, dedicada al patrón de la ciudad. Fue reconstruida en 1715 ya que resultó afectada por el terremoto y destruida por un incendio en 1706. Y, en medio de la plaza se alza la columna de Roldán, o de Orlando, el héroe medieval de Roncesvalles, aquí, obra de Bonino de Milán. La longitud del antebrazo derecho de la figura se usaba como unidad de medida, era un brazo ragusino, equivalente a 51,2 cm. En el asta que se yergue sobre la columna ondeaba la bandera blanca con la imagen de San Blas, enseña de la República de Ragusa. La catedral queda cerca, un poco más allá de la iglesia, reconstruida tras el terremoto conserva las reliquias del santo, la cabeza y un brazo. Al lado, un campanario que llega a los 37 metros sobre la calle muestra un reloj  que indica, además, las fases de la luna. Arriba dos figuras de bronce que verdecen hacen sonar periódicamente la campana.

Siguiendo hacia el sur están las escaleras barrocas que recuerdan aquellas de la Piazza de Spagna en Roma, aunque de menores dimensiones, llevan a la explanada donde está la iglesia de San Ignacio y al barrio que junto a las murallas de mar forma un pequeño laberinto de escalinatas y pasadizos bajo pórticos. En ocasiones, cuando llueve con ganas, los escalones parecen una sucesión de auténticas cataratas. En este extremo de la ciudad, casi en la entrada de la puerta de Ploce, los dominicos levantaron su monasterio que acumuló una gran biblioteca y una gran colección de lienzos.

De nuevo en Stradun, en esta ocasión en el extremo opuesto, se encuentra el convento franciscano cuya fachada lateral sigue la calle donde hay el portal gótico de la Pietà, con las figuras de San Jerónimo, San Juan Bautista y, sobre ellos, el Creador, una gran talla hecha en 1498 por los hermanos Peter y Leonard Petrovic. En el interior del monasterio hay la que se dice que es una de las farmacias más antiguas de Europa, data del año 1317 y una biblioteca con manuscritos antiguos e incunables. El monasterio tiene dos claustros, el que está abierto al público es románico tardío con algunos curiosos capiteles sobre sus columnas. Junto al monasterio se halla la pequeña iglesia votiva de San Salvador, del año 1520.

En la plaza que se abre frente a San Salvador está la Gran Fuente de Onofrio, construida por el mencionado arquitecto napolitano en 1438. Dubrovnik optó, como siglos antes habían hecho los romanos, por disponer de agua fresca en lugar de depender de la acumulación de agua de lluvia. Se construyó un acueducto que suministraba a la ciudad desde el manantial de Sumet, a una docena de quilómetros. De la fuente cubierta el agua brollaba a través de sus dieciséis caños y estuvo extraordinariamente ornada hasta el día del terremoto, de esa decoración no quedan más que los mascarones que rodean cada caño. El suministro llegado por el acueducto tenía otras derivaciones, una que se dirigía hacia el puerto, otra a la judería, y, dos más, al atrio del Palacio del Rector y al claustro de los franciscanos. En Luza está la Pequeña Fuente de Onofrio, una derivación más cuya ornamentación fue esculpida por Pietro de Milán.

Stradun, además de ser el eje de la ciudad, es la zona más llana de esta. La vía paralela, Prijeko ulica acapara los restaurantes elegantes con sus mesas dispuestas a lo largo de la calle. Desde esta, todas las calles que se dirigen hacia el norte no son más que una sucesión de escalinatas. Lo mismo sucede hacia la parte meridional, las calles paralelas remedan un poco el carácter de Stradun, quizá incluso con más tiendas. Aquí los restaurantes sirven pizzas y comida italiana y pronto llegan las escaleras que llevan al extremo de la ciudad, allí donde la limitan las murallas y el mar.

Éstas, más que defender a la ciudad, desaconsejaron atacarla, modificadas y ampliadas con el paso del tiempo cubren un perímetro de casi dos quilómetros, con dieciséis torres y que, en algunos puntos, alcanzan un grosor de seis metros. Cinco fortalezas completan la protección otorgada por San Blas. Dos de ellas, Revelin y San Juan, cerraban el puerto, allí donde se fabricaban las galeras y llegaban las mercancías de poniente y levante y que hoy se disputan las terrazas de los restaurantes. San Juan es hoy Museo Marítimo y acuario. Por la parte de tierra la Torre Minceta disuadía de cualquier intento de aproximación hacia la muralla con fines hostiles. Su nombre deriva de la familia que tuvo la propiedad de esos terrenos, la familia Mencetic. La hecatombe que supuso para Occidente la caída de Constantinopla en 1435 aconsejó reforzarla, más aun cuando los turcos ocuparon Bosnia. El fuerte Bokar y la fortaleza de Lovrijenac se ocupaban de la parte de poniente y del mar, la última separada de la ciudad y completamente autónoma sobre un acantilado de 37 metros.

La única vez que se puso a prueba la resistencia de las defensas fue durante la desintegración de Yugoslavia. Dubrovnik sufrió un duro asedio que se prolongó durante nueve meses. En octubre de 1991 el ejército federal inició la ofensiva y el sitio. A pesar de las protestas de la comunidad internacional los ataques no obviaron el casco antiguo, patrimonio de la humanidad desde 1979. Belgrado había justificado los ataques en Croacia en la defensa de la población de origen serbio. En Dubrovnik los residentes serbios se comprometieron en la defensa de su propia ciudad ante una agresión injustificada.

A principios de septiembre de 1992 arrancó en La Haya la conferencia internacional sobre el conflicto yugoslavo. Serbia creyó que era el momento más adecuado para presionar.

Como si se tratara de una despedida el último fue el peor bombardeo. Faltaban doce minutos para las seis de la mañana del día de San Nicolás, 6 de diciembre, de 1992, cuando cayó el primer obús. Hasta las once y media de la mañana, cuando se detuvo la letal lluvia, había impactado en la ciudad vieja la diabólica cifra de 666 proyectiles. El bombardeo golpeó particularmente Stradun y causó diecinueve víctimas. Entre ellas el fotógrafo Pavo Urban. Este se interesó por la fotografía a través del teatro. Cuando arrancó el asedio regresó desde Zagreb y empezó a captar el sitio de la ciudad desde dentro publicando sus instantáneas en los rotativos Slobodna Dalmacija, Dubrovački Vjesnik y también para el recién creado Ministerio de  Información.

Esa mañana Pavo tomó sus dos cámaras, una cargada con diapositiva y la otra con blanco y negro y entró al casco antiguo por la puerta de Ploce. Se parapetó bajo el pórtico del Palacio Sponza, en la plaza Luza y frente a la iglesia de San Blas. Allí arranca Stradun y las primeras instantáneas en color captan la calle completamente vacía y la llamarada causada por el impacto de un proyectil, tiembla la calle y le hace mover la cámara, la gira y sucesivas tomas verticales recogen la columna de humo que se alza. De nuevo en posición horizontal reaparece el campanario de la iglesia franciscana al desvanecerse el humo. En primer término, a la izquierda de la imagen se aprecia el panel en el que se publicaban los nombres de las víctimas causadas por los ataques de la artillería serbia. Urban cambió de aparato, el cargado con película monocroma para tomar las que serían sus últimas fotografías, la secuencia de cinco, disparadas en un breve intervalo, muestran una nueva explosión junto a la iglesia de San Blas. El humo y el polvo lanzado hacen ondear la bandera izada sobre el monolito de la estatua de Roldán, protegido con un parapeto de listones de madera. No hay más. Urban fue alcanzado en el estómago por una esquirla de metralla. Quedó tendido boca arriba inánime. Tenía 23 años.

Al día siguiente Miodrag Jokic, vicealmirante del ejército federal, y diversos representantes croatas acordaron un alto el fuego y el cese del bloqueo durante las conversaciones mantenidas en Srebreno, al sur de Dubrovnik. Para el mes de mayo el aislamiento se había desvanecido por completo. Pavo no pudo retratarlo.

© J.L.Nicolas

 

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