El Dublín de Joyce

01.04.2022 09:46

Cada dieciséis de junio un grupo de tipos raros inicia un largo paseo por las calles de Dublín. Se supone que ya han desayunado. Se supone que riñón de cerdo frito en mantequilla con un pellizco de pimienta negra. El periplo empieza en un portal de Eccles Street, al norte del río Liffey. En la puerta del edificio georgiano una placa recuerda que fue domicilio de los Bloom, allí donde, en el capítulo final, se desarrolla el soliloquio de Molly Bloom. Otra placa indica que es una consulta médica. Aún una tercera placa reproduce el párrafo en el que se menciona el lugar: “At the housesteps of the 4th of the equidifferent uneven numbers, number 7 Eccles St., he inserted his hand mechanically into the back pocket of his trousers to obtain his latchkey”. ("En los escalones del cuarto de los números desiguales equidiferentes, número 7 Eccles St., insertó su mano mecánicamente en el bolsillo trasero de sus pantalones para obtener su llave"). Resumiendo: celebran el Bloomsday, el día en que, en 1904, sucede la acción en la novela Ulysses, de James Joyce.

Pueden proseguir por Dorset Street, cerca, en el 35 de North Great George’s Street está la sede del James Joyce Centre. A pesar de que el autor jamás habitó este edificio si lo hizo el profesor Denis Maginni, conocido personaje dublinés de la época, quien dirigía aquí una escuela de danza y que aparece en el capítulo de las Rocas Errantes: “silk hat, slate frockcoat with silk facings, white kerchief tie, tight lavender trousers, canary gloves and pointed patent boots”. (“Sombrero de copa, levita de color pizarra con adornos de seda, corbata blanca, pantalones ajustados de color lavanda, guantes de canario y botas de punta”). Más al oeste, en Parnell Square North está el Museo de los Escritores. Luego, para descender en dirección al centro lo más directo es tomar la amplia O’Connell Street. A lo largo de esta se erige toda una retahíla de estatuas de prohombres de la patria, empezando por Charles Stewart Parnell, fundador del Irish Parliamentary Party. En el cruce de Henry y Earl Street North se instaló en 2003 The Spire, una enorme y brillante aguja de 120 metros de altura que se clava en el cielo. En el mismo cruce, a pocos pasos, está la estatua de bronce que representa a Joyce. Luego sigue la estatua de Jim Larkin arengando a las masas, aunque actualmente las masas pasen bajo su sentido gesto sin levantar siquiera la mirada. El siguiente cruce se lo disputan Sir John Gray y William Smith O’Brien, quienes fueron miembros nacionalistas en el parlamento británico. Como Daniel O’Connell, quien da nombre a la calle, al puente y tiene su estatua en esa encrucijada. Una paloma suele habitar sobre su cabeza.

Hay tiempo para una pausa. Junto al conocido y céntrico puente Half a Penny, está el Bachelor Inn, no podía llamarse de otro modo un pub que hace esquina entre Bachelors Walk y Bachelors Way. Un bar literario donde es posible beber una pinta bajo una sentencia de Wilde, de Bernard Shaw, William Butler Yeats, Padraig Pearse o del propio Joyce: “A man’s errors are his portals of Discovery” (“Los errores de un hombre son sus portales de descubrimiento”). También se puede oír música o hacer apuestas hípicas. Casi enfrente extraños hipocampos verdes observan el rio desde Capel Street Bridge, mientras las casas junto a St. Paul Church se reflejan en su superficie transmitiendo sus fachadas ocres, azules y rojas sobre las aguas.

Al atardecer las sombras se prolongan exageradamente sobre la calzada en Grafton Street, como si quisieran hacer más corta la distancia entre el Trinity College y Saint Stephen’s Green. En un rincón de este hay un busto del escritor con la leyenda Crossing Stephens, that is, my green (Atravesando Stephen’s, es decir, mi césped). Quien tenga la disposición de desplazarse un poco más al sur, hasta la vecina Sandycove, puede visitar el Museo que se ha habilitado en su memoria en la Torre Martello junto al mar, frente a la bahía, ahora The Joyce Tower. En esta acaece el primer capítulo de Ulysses. El museo reproduce la estancia en la que Buck Mulligan, compañero de Stephen Daedalus, se está afeitando mientras esperan la aparición del tercero en andanza: Haines. Las exposiciones del museo incluyen objetos que una vez pertenecieron al escritor además de fotografías, cartas y raras ediciones de sus obras. 

Los dublineses tienen la peculiar inclinación de rebautizar sus estatuas con motes y rimas jocosas. La de la célebre Molly Mallone, la vendedora ambulante de mejillones y almejas, en las proximidades del Trinity se ha convertido en the tart with the cart, la pelandusca del carro. La de Anne Livia Plurabelle, uno de los principales personajes de Finnegans Wake, que una vez ocupó una parte de O’Conell Street, junto al río, era floozie in the jacuzzi o the whore in the sewer, la mujercita en el jacuzzi o la puta en la alcantarilla, Las dos abuelas que conversan sentadas sobre un banco en Liffey Street se han convertido en the hags with the bags, las brujas con sus bolsas. No se libra ni el propio Joyce, convertido en the prick with the stick, el capullo del bastón.

Pero mi paisaje favorito relacionado con la literatura de Joyce se halla en la cripta de la catedral anglicana de la Santísima Trinidad, más conocida como Christchurch. Allí se preservan y exhiben los cuerpos momificados de un gato y una rata. Se supone que el felino inició la persecución en algún lugar no determinado de la iglesia para concluirla eternamente, ante la falta de oxígeno, en el interior de uno de los tubos del órgano de viento. Se calcula que pasaron unos ciento cincuenta años cuando fueron encontrados, en tal postura que sugiere que la persecución no cesó ni con la asfixia de perseguidor y perseguido.

El escritor dublinés captó la escena de la cripta en su última obra Finnegans Wake para usarla como comparación: “as stuck as that cat to this mouse in that tube of that christchurch organ”. (“Tan pegado como ese gato a esa rata en ese tubo de ese órgano de esa iglesia de Chistchurch”).

Curiosamente el apego literario de Joyce por su ciudad natal fluyó paralelo al rechazo vital que experimentó por esta. Joyce abandonó Dublín por Roma, Trieste, París y Zúrich, sucesivamente. Mientras la trama de sus textos se ubicaba inequívocamente en la ciudad del Liffey. Exiliados, Dublineses, el Retrato del Artista Adolescente, Ulysses e incluso el Finnegans, están absolutamente vinculados a Dublín y empapados de las aguas de su río.

Obviamente, la ciudad también reconoce al resto de grandes escritores de la isla. Una de las esquinas de Merrion Square acoge una extraña estatua coloreada de Oscar Wilde, quien entre 1855 y 1878 vivió, cruzada la calle, en el edificio de la esquina. También en Merrion Square sigue de pie Georges Bernard Shaw. Patrick Kavanagh está sentado frente a las aguas del Grand Canal. Y Jonathan Swift yace bajo una losa policroma en el interior de la Catedral de San Patricio.

© J.L.Nicolas

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