En la Punta Corta, Sète

15.06.2018 13:35

La Pointe Courte es un pequeño barrio de pescadores que está casi aislado tras la estación ferroviaria y el enlace de la autovía. Encarado al gran estanque salado de Thau parece un mundo aparte en la ciudad de Paul Valéry y de Georges Brassens.

Para llegar a él, andando desde el centro de la ciudad, hay que superar un par de puentes. El primero es un puente levadizo con estructura de hierro colado por donde circula el tráfico rodado que se dirige, en dirección al norte, hacia la estación y hacia Frontignan o, en dirección al sur, hacia el brazo de tierra donde están las playas de Sète. El puente fue construido por los Etablissements Dayde en 1949 en Paris, tal como se lee en una placa atornillada y fijada por el óxido en uno de los brazos. Tras este hay que cruzar por debajo el ultimo vado del Canal Royal, el puente del ferrocarril. A partir de allí se aprecia en profundidad el extremo de la principal vía de agua de la ciudad y el Quai de Mistral en toda su longitud y, al fondo, las dos balizas que señalan la entrada al canal. Junto a la de la izquierda está el edificio de finales del XIX de la estación de biología marina.

Ya en la Pointe Courte lo primero que se encuentra es la pizarra del único café restaurante del barrio que ofrece ostras de Bouzigues, anchoas, caracoles, mejillones, sepia y otras delicadezas extraídas del mar.  

El barrio tiene una forma triangular que recuerda la proa de una nave adentrándose en las cerradas aguas de Thau. Originariamente se formó de la conglomeración de barracas de los pescadores que aprovecharon el espacio de tierra que dejó la construcción de la línea ferroviaria entre Burdeos y Tarascón, hasta que progresivamente fueron sustituidas por pequeñas viviendas unifamiliares que se fueron alineando en las pocas calles que conforman la vecindad. Una vecindad que se ha forjado un carácter particular, alguien escribió que si Sète ya es singular en sí misma la Punta aún lo es más, incluso se tiene la sensación de estar alejado de la ciudad, de estar en un enclave aislado en el que barcas, aparejos y redes se apilan anárquicamente entorno al espacio semicerrado del dique que protege al pequeño puerto, un dique que alguien ha bautizado con el nombre del célebre cantautor de Sète George Brassens. También dicen que Pointe Courte huele a pescado, debe ser el olor que atrae a gatos y gaviotas, ambos omnipresentes en un ambiente que Jacky Villacèque, periodista de Midi Libre ha descrito: “on ne traverse pas ces qualques arpents comme on remonte une rue de banlieu. Il y a ici quelque chose de plus épais dans l'atmosphère, quelque chose qui retient la marche, qui interdit la grande enjambée…Atmosphère, atmosphère. (“No se cruzan estos cuatro pasos como se cruza por una calle del extrarradio. Aquí hay algo más espeso en la atmósfera, algo que ralentiza la marcha, que prohíbe la larga zancada... Atmósfera, atmósfera”). Y también es manifiesto un particular sentido del humor que se exhibe en algunos carteles que rezan junto a la puerta de algunas viviendas: interdit aux chiants, autenthique pointu o quizás el mejor: En cas d’absence je ne suis pas là, si vous n’êts pas là non plus il n’y a personne! (Prohibido el paso a los pesados, auténtico vecino. En caso de ausencia, no estoy, si tú tampoco estás, ¡no hay nadie!)

La Pointe Courte está encarada por la Pointe Longue, que parece un reflejo, aunque menos compacto, separado por el Canal Royale, el canal principal de Sète que une el Etang de Thau con las aguas del Mediterráneo, allí donde entre finales de junio y principios de septiembre, particularmente por las fiestas de Saint Louis, se celebran las tradicionales justas entre embarcaciones. En septiembre llega la temporada de pesca de la dorada, centenares de pescadores de caña mayormente venidos de fuera, se alinean a ambos lados de la entrada del canal a la espera del paso de los peces que abandonan las aguas del Étang de Thau para dirigirse a mar abierto. De hecho, por esa razón, el muelle que recorre el canal a lo largo de la Pointe Longue se llama Quai de la Dorade.

El triángulo de la Pointe Courte es recorrido longitudinalmente por cinco calles, que en sus extremos son: el muelle de Mistral, a poniente, y el paseo de Louis Valle dit le Mouton, donde el rompeolas. Entre ambas vías discurren la rue du Président Carnot, dedicada a Marie François Sadi Carnot, un ingeniero de puentes y caminos nacido en Limoges en 1837 quien fue ministro de obras públicas, de finanzas e incluso alcanzó la presidencia de la Tercera República entre 1887 y 1894. Murió asesinado en Lyon por Sante Caserio, un anarquista italiano. La siguiente y central es la rue de Louis Roustan, a la que sigue la rue de la Petanque que se complementa con el Allée du Jeu de Boules. Las travesías están dedicadas a las profesiones: Barreurs, Rameurs, Pecheurs – timoneles, remeros, pescadores - y a los Jouteurs que participan en las justas. Una de las travesías lleva el nombre de la directora de cine Agnès Varda. La cineasta francesa, precursora de la Nouvelle Vague, rodó aquí en 1954 el largometraje que tituló con el nombre del barrio, La Pointe Courte, en el que analizaba el retorno de un hombre y el reencuentro con su esposa, protagonizados por Philippe Noiret y Sylvia Monfort. En una entrevista al diario Liberation Varda expuso que le fascinó la lumière écrasante de ce quartier insolite”, la luz abrumadora de este barrio insólito.

© J.L.Nicolas

 

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