Las Ermitas Urbanas de Sagunto

04.04.2026 19:28

Sagunto cuenta con varias ermitas de fachadas barrocas que, curiosamente, en su mayoría, están situadas en el centro histórico de la ciudad. Desde el año 2012 han recuperado la policromía de unas llamativas fachadas enmarcadas en pleno casco urbano.

La más conocida y la de mayores dimensiones es la Ermita de la Sangre, situada en un recodo de la calle de la Sang Nova, data de principios del siglo XVII, cuando en el año 1607 se instaló en ella la Cofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, la Cofradía de la Sang, resumiendo. Es el templo barroco más antiguo de la comarca del Camp de Morvedre ya que esta se fundó en el espacio que había ocupado antiguamente la sinagoga de la judería, hasta que fue trasladada a su ubicación actual. Una escalinata semicircular de siete peldaños lleva hasta la entrada, cerrada por una doble puerta decorada con paneles dorados. Sobre ella, en una hornacina, hay una imagen de medio cuerpo de Cristo, cubierto con una capa y con las manos recogidas, asidas. La cornisa de la fachada tiene curvaturas en direcciones opuestas, acabadas en los extremos por agujas de piedra y rematada por un pequeño campanario de espadaña coronado con una cruz metálica. El interior de la ermita es de planta de cruz latina, de nave única cubierta por una bóveda de cañón y una cúpula sobre el crucero. En el interior hay frescos con escenas de la Pasión que cubren el interior de la cúpula.   

En la misma manzana, pero en los bloques opuestos, en el número 22 de la calle Dolors, está la sencilla Ermita de los Dolores, junto a dos casas blancas que parecen continuar la superficie de la portada. La puerta de arco de medio punto está sobre dos escalones que ocupan la exigua anchura de acera, prácticamente inexistente. A cada lado de la puerta sendos azulejos remiten al nombre del oratorio, una tercera cerámica advierte del número en la calle, y sobre estas hay un retablo, también de cerámica, de la Dolorosa, con Cristo ya fallecido en sus brazos. Un friso separa la espadaña rematada por una veleta. En la puerta, una mirilla ovalada deja entrever el retablo del altar con una imagen de la Dolorosa.

En la plaza que forman la separación de las calles Castell y Antigones, la Ermita de la Magdalena, apenas destaca en una esquina, junto al arco que señala una de las viejas entradas de la judería. Su fachada encalada y la puerta rectangular no llamarían la atención sino fuera por la breve espadaña semicircular coronada por una cruz de hierro forjado, que sostiene una pequeña campana. Varios azulejos señalan el nombre, el número y una imagen de la Magdalena. El interior es muy pequeño, unos tres metros de fondo por un par de ancho, donde, junto al altar, hay una figura de San Blas en una oscura hornacina, cerca de otra de la Magdalena.

De camino hacia el castillo y al final del Vía Crucis que asciende hacia la colina, se levanta la colorista Ermita de la Soledad en el Calvario. El camino del Calvario fue trazado en el siglo XIX y sube siete tramos en zigzag, desde donde hay un buen panorama de la ciudad. Las tres últimas estaciones están reflejadas en la fachada, a ambos lados y sobre la puerta, a la que conducen cuatro amplios peldaños. La fachada está pintada en un vivo color ocre, entre amarillo y anaranjado, simulando la forma de bloques de piedra. Concluye en una cornisa barroca y una pequeña espadaña, que parece encogida. Dos capillas, una a cada lado de la nave, ensanchan su estructura de planta cuadrada. Unas pequeñas ventanas rectangulares tratan de iluminar el interior. La ermita aparece en algunas telas del pintor Santiago Rusiñol.

En el barrio de Santa Anna, y en el cruce de las calles de Bon Succés y de Santa Anna, la Ermita del Buen Suceso cierra una esquina que se va estrechando, donde hay un minúsculo templete, de principios del siglo XIX, cubierto por una cúpula de tejas sobre el techo de dos aguas. La fachada estaba dividida en dos secciones, la inferior apenas contenía la puerta, rectangular y sin ninguna concesión a ornamentación alguna, simplemente el número 10 y los azulejos con el nombre. Sobre el dintel el resto de la fachada alicatada rodeaba la espadaña, hasta que fue pintada de color ocre con perfiles granates homogeneizando el conjunto. Bajo el hueco que aloja la campana hay una cerámica de 1951 con la imagen de la Virgen, Nuestra Señora del Buen Suceso. Cuentan que la imagen que se guarda sobre el altar llegó a Sagunto por mar, en un bulto misterioso que, flotando, no permitía que se le acercara ninguna embarcación para recogerlo, hasta que un sacerdote consiguió rescatarlo de las aguas. Una vez a bordo se constató que se trataba de una imagen de la Virgen tallada en mármol.

La Ermita de San Miguel, del siglo XVIII, se encuentra en el cruce de la calle homónima con la calle Mayor. Una cúpula de tejas cubre el oratorio que parece casi semicircular a causa del ábside tan cercano a la portada, de hecho es de planta oval a la que se añadieron dos sacristías en el siglo XVIII. Con escasas concesiones ornamentales tiene un dintel de piedra con una inscripción tallada en la que se lee: “Desta puerta los umbrales no puede pasar Luzbel porque dentro está Miguel.1746”. Junto al dintel hay dos farolas y por encima una cerámica en una hornacina circular en la que se representa al arcángel sobre el diablo, al lado dos azulejos recuerdan el nombre de la ermita y el 250 aniversario de su construcción. Como las otras está rematada por una espadaña por encima del alero. En la fachada oriental, destaca el reloj de Sol, con la inscripción: “Lo hizo un deuto Ano 1794 hoelcurios qe lo míxe una cosa sele encarga q no oblie mis hierros y dysimulemistallas”.

En la calle Mayor, casi tocando a la calle de En Font, la Ermita de San Roque   o de los Desamparados hace esquina en un leve ensanchamiento de la calle, poco antes de llegar a la plaza Mayor. Fue levantada en 1647 por los vecinos en agradecimiento por el fin de la peste. La fachada encalada es sobria, apenas una ventana no muy amplia sobre la puerta y una espadaña, la mayor de todas, de tres ojos en dos pisos, está situada en el centro del tejado. La ermita estaba dedicada a San Roque hasta el año 1797, cuando se incorporó, además, el culto a la Virgen de los Desamparados. 

Fuera del casco urbano, en las afueras de la ciudad, Sagunto dispone de dos ermitas más, la de San Cristóbal y la de la Virgen de la Medalla Milagrosa. La primera se encuentra sobre la colina homónima, a 81 metros sobre el nivel del mar data de finales del siglo XIII y fue reconstruida en los años 60. La segunda está por encima, a 385 metros, sobre el Monte Picayo, tiene una curiosa fachada pintada de blanco y perfilada con un profundo azul oscuro, con dos capillas semicirculares que sobresalen hacia el exterior, en medio, el hueco de la espadaña no alberga una campana, como sería de esperar, sino una imagen de la Virgen.

© J.L.Nicolas

 

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