Los Viejos Cafés de Braga

06.04.2018 08:54

En el casco antiguo de la ciudad portuguesa, vecina de Oporto, se conservan tres cafés de los que se suele llamar, con no oculta satisfacción, de aquellos de toda la vida. En este caso, toda la vida empezó en la segunda mitad del siglo XIX.

Son los Cafés A Brasileira, Vianna y Astória, tres clásicos que han mantenido, con alguna que otra remodelación, el aspecto de sus primeros días, antes de la proclamación de la República. Los tres están situados muy próximos uno del otro, todos vecinos, precisamente, a la plaza de la República y dos de ellos, el Vianna y el Astória comparten el mismo edificio conocido como la Arcada de Lapa, que hacía referencia al arco que existió allí desde el siglo XVI y que sería sustituido en 1715 por iniciativa de Rodrigo de Moula Teles, arzobispo de la ciudad y rector de la Universidad de Coímbra. Este es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, con sus diecinueve arcadas, que se apoyó en las murallas medievales del antiguo castillo del que sobrevive una torre. En 1761 se abrió en el centro del edificio un templo dedicado a Nossa Senhora da Lapa.

El A Brasileira queda a un lado del edificio de la Arcada, en el Largo Barão de São Martinho, en un edificio de planta baja y cuatro pisos cubierto de azulejo azul. Curiosamente el segundo piso es el único que carece de balcones. Abajo, un cartel con un personaje sorbiendo una taza decora la esquina con la leyenda: A melhor café é o A Brasileira.

A Brasileira no es único. Adriano Soares Teles do Vale, un hombre de negocios nacido cerca de Oporto, en Casa do Cimo d’Aldeis, pasó una buena parte de su vida en Brasil haciendo fortuna con el comercio del café. Regresó a Portugal a causa de una enfermedad contraída por su esposa. Sus contactos y su experiencia en el sector le impulsaron a abrir una nueva empresa, un local donde vender al por menor y donde degustar el negro producto del cafetal. Estos establecimientos empezaron a ponerse de moda en Europa ya en el siglo XVIII, en Viena, en Venecia, donde el célebre Florian abrió sus puertas en la plaza de San Marcos en el año 1720, en Trieste, donde escriben su historia aquellas mesas que frecuentaron Joyce y Svevo, entre otros, en el San Marco o en el Tommaseo, aunque hoy esté más de moda el Caffè degli Specchi, en la Piazza Grande. Pero, volviendo a Portugal, Adriano Teles abrió su primer café con el nombre de A Brasileira en la rua Sá da Bandeira de Oporto el 4 de mayo de 1905. Tenía una magnifica fachada protegida por una gran marquesina de hierro forjado y vidrio antes de que se transformara en un gran hotel. En el mismo Oporto le surgió un competidor en el año 1921: el espectacular Café Majestic de la rua Santa Catarina.

Al de Oporto siguió, en 1905, el A Brasileira de Lisboa, sito en rua Garrett, en el barrio del Chiado, frecuentado en su tiempo por el escritor Fernando Pessoa ha acabado siendo considerado patrimonio arquitectónico. Fuera, en la terraza ocupa una mesa desde 1988 una estatua de bronce dedicada al poeta portugués.

A Brasileira fue abierto en Braga el 17 de marzo de 1907, ya ha cumplido su centenario. El local vendía café en grano a peso, ofertando la degustación de una taza con la compra de poco más de una libra. Para atraer más clientela también se ofrecían vinos de la Parceria Vinícola dos Lavradoures do Douro. En 1937, durante el régimen fascista del Estado Novo, fue adquirido por Joaquim Queirós quien mantuvo la propiedad durante las cuatro décadas siguientes. En esa época abrió enfrente el Nova Brasileira, tratando de hacer la competencia y donde se reunían los partidarios del régimen mientras en A Brasileira lo hacia la oposición. En 1997 volvió a cambiar la propiedad, en el año 2008 iniciaron una profunda restauración del local que duraría alrededor de un año preservando elementos antiguos de la decoración art deco y los rótulos con el nombre del local en el exterior en su tipografía original. Las iniciales decoran sillas y mesas y un largo banco de cuero recorre una de las paredes, bajo un gran espejo. Tras la caja están las muestras de café.

Los tres cafés extienden sus sillas y mesas a la calle, sobre la plaza de la república, tras la fuente donde la luz proyecta un arco iris en el aire y más allá de las grandes letras blancas que forman el nombre de la ciudad. Bajo los pórticos del edificio de la Arcada se encuentran, uno a cada extremo, el Café Vianna y el Astória. El primero, situado a la izquierda fue abierto en 1858 por Manoel José da Costa Vianna, de quien tomó el apellido y fue frecuentado por los escritores Eça de Queirós y Camilo Castelo Branco, conserva unas encantadoras mesas de mármol soportadas por unas patas de hierro forjado y un gran espejo que parece doblar el espacio del comedor. En una esquina, cerca del televisor, figura una fecha escrita en números romanos: 1858. El Café Astoria es el que parece más renovado, como si hubiera perdido parte de su antiguo encanto, pero al mirar hacia arriba se descubren en el techo las filigranas de yeso y las figuras de los querubines que dan fe de una existencia pasada. Además se come razonablemente bien.

© J.L.Nicolas

 

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