Un Nombre Interminable

10.08.2018 10:17

Cruzado el puente de Britannia, uno de los dos que cruzan la estrecha franja de mar que separa a la isla de Anglesey, o Ynnis Môn, del resto de Gales, se llega a una población conocida no por sus monumentos, básicamente carece de ellos, ni por su iglesia de Saint Mary ni por ninguna atracción turística imaginable, como la columna del Marqués de Anglesey, magnifico otero de veintisiete metros de altura erigido en memoria del valor del primer marqués, Henry Paget, en la batalla de Waterloo, sino por la longitud de su nombre impronunciable: Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch.

Significa: “Iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco, cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tysilio, cerca de la cueva roja”. Ni más ni menos. Tres mil habitantes están ahí censados sin querer imaginar su propio  gentilicio. Aunque usan abreviaciones: Llanfair PG o Llanfairpwll, más asequibles tanto al oído humano como a la casilla correspondiente de cualquier formulario o documento en el que tengan que declarar el domicilio.

Pero no siempre fue así. Llanfair Pwllgwyngyll, como originalmente se llamaba, fue un pequeño asentamiento rural donde, en 1563, habitaban ochenta almas en dieciséis moradas. En 1801 ya eran 385 las personas que ocupaban 83 casas. La construcción de la carretera y del puente Britannia, a principios de la década de los cincuenta del siglo XIX, alimentó el crecimiento de la población. Con la llegada del ferrocarril, que desde Chester atravesaba Anglesey para concluir la línea en Holyhead, la ciudad se expandió alrededor de la nueva estación, que atrajo en sus alrededores a comerciantes y artesanos. La modernidad trajo también la oficina de Correos, un par de escuelas, un hotel, una fábrica de cerveza y una docena de pubs

Con el desarrollo de la villa también llegaron ideas, y un comité local propuso que para atraer la curiosidad del pasaje que circulaba por el tren y animarlo a parar en la población se modificara el topónimo. No se conoce a ciencia cierta a quien se le ocurrió prolongarlo hasta este extremo, pero funcionó. Y continúa funcionando porque los visitantes se acercan principalmente a la estación ferroviaria para fotografiarse ante el cartel del interminable nombre. En uno de los carteles, junto a la valla blanca, bajo el nombre de la población está escrita una pronunciación aproximada en inglés. En otro está rotulada la traducción de su significado del gaélico al inglés. Junto a la estación un gran supermercado ostenta asimismo el nombre y obviamente vende todo tipo de recuerdos relacionados con el interminable gentilicio: imanes, postales, encendedores y bolígrafos, toallas… La gente viene y va, mientras, enfrente alguien apura una pinta en la terraza del Penrhos Arms, la patrulla de policía pasa frente al colmado y Tlysau’r Briddas oferta sus trajes de novia.

Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch ostenta, como es de merecer, el topónimo más largo de Europa y uno de los más largos del mundo. Pero tiene una severa competencia. En 2004, otra población galesa pretendió cambiar su nombre para protestar contra el plan de construcción de una estación eólica en sus proximidades: Llanfynydd quiso transformarse en Gorsafawddacha'idraigodanheddogleddollônpenrhynareurdraethceredigion, “La estación de Mawddach y su diente de dragón al norte de la carretera de Penrhyn en la playa dorada de la bahía de Cardigan”, Gracias a Dios no se hizo oficial. El servicio de Correos aún lo agradece.

Pero Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch no es el topónimo más exagerado que exista en el mundo. Hay aberraciones fonéticas interminables como el nombre completo de la capital tailandesa Bangkok: Krungthepmahanakonbowornratanakosinmahintarayudyayamahadiloponoparatanarajthaniburiromudomrajniwesmahasatarnamornpimarnavatarsatitsakattiyavisanukamphrasit,  o “La Gran Ciudad de Ángeles, de Joya Eterna, Impenetrable del Dios Indra, la Magnífica Capital del Mundo dotada con Nueve Gemas Preciosas, la Ciudad Feliz, que abunda en un colosal Palacio Real que se asemeja al Domicilio Divino donde reinan los Dioses Reencarnados, brindada por Indra y construida por Vishnukam”, o el nombre de una colina en la Bahía de Hawke, en Nueva Zelanda, que figura en el libro Guinness como el topónimo más largo del orbe conocido: Taumatawhakatangihangakoauauo-tamateaturipukakapikimaungahoronukupokaiwhenuakitanatahu, que en maorí significa “La cumbre de la colina donde Tamatea, el hombre con las rodillas grandes, el escalador de las montañas, el devorador de la tierra, que vagó por los alrededores, tocó la flauta para su amada”. Romántico sin duda alguna.

El nombre de la villa galesa, que no volveré a escribir, también hizo figurar a un crucigrama en el libro Guinness de los récords. La definición propuesta era  un acrónimo en su original inglés: Giggling troll follows Clancy, Larry, Billy and Peggy who howl, wrongly disturbing a place in Wales, “un duende sonriente persiguiendo a Clancy, Larry y a Peggy aullando, molestando erróneamente un lugar de Gales”. Ignoro si tenía premio, pero seguro que lo merecía. 

© J.L.Nicolas

 

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